Fernando Rueda es de los que cree que “el Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”. Con esta frase de Felipe González, Rueda, periodista de investigación, abre “Las alcantarillas del poder”, un libro en el que recoge las 100 operaciones que marcaron los 35 años de historia de los servicios secretos españoles. Tras 25 años rodeado de espías, Rueda sabe mucho más de lo que explica en este texto y asegura que algún día acabará contándolo. Por Miriam Carmona
- ¿Cómo ha cambiado el espionaje en España en estos 35 años de historia?El espionaje, según se demuestra en la lectura de las 100 operaciones que se recogen en el libro, podemos decir que ha evolucionado y cambiado mucho en cuanto a las técnicas, pero digamos que la esencia del espionaje sigue siendo la misma: el uso de cualquier arma o estrategia para encontrar información sobre lo que el Gobierno les pide.
- De las 100 operaciones que relata en el libro ¿cuál es la que más le ha impactado?La polémica suscitada por la investigación de la vida de la Princesa Letizia cuando aún no lo era, en busca de vulnerabilidades o problemas que en el futuro cuando fuera reina pudieran ser utilizados por servicios secretos enemigos, mafias o grupos de presión para chantajearla. No fue una investigación en su contra, sino para blanquear y que no pudieran atacarla.
- Internet en particular y las nuevas tecnologías en general, ¿qué tienen de bueno y de malo para el espionaje?Para los espías todo buenísimo. Ahora disponen de unos medios increíbles para controlar todo lo que ocurre en el mundo. Básicamente cuentan con dos medios, uno es el Echelon español, que está en un pueblo de Castilla-La Mancha. Se trata de satélites que están espiando continuamente todo lo que ocurre en España y que están interceptando conversaciones telefónicas entre otras cosas. Paralelamente se trabaja con SITEL, el sistema de interceptación de las comunicaciones. En el caso de la Policía y la Guardia Civil sólo pueden usar SITEL bajo mandato judicial, mientras que en el caso del CNI al tener sólo la obligación de informar al Gobierno y no tiene que contar como ha conseguido esa información, existe la sospecha de que a través de SITEL se acceda a todas las conversaciones telefónicas con cierta libertad. Podríamos pensar que cualquier sospechoso está bajo un control absoluto de los servicios secretos.
- ¿Qué tiene el CNI de lo que vemos en las películas sobre espionaje?Tiene chicas guapísimas, agentes realmente capaces de hacer cualquier cosa y unos medios tecnológicos magníficos. Hay gente que dice que tenemos un espionaje de “Mortadelo y Filemón” y yo creo que es totalmente falso. Tenemos un espionaje de muy buena calidad, hay en este momento 3.500 agentes trabajando para que en esas “alcantarillas” esté todo bajo control. El CNI tiene equipos de gente al modo de James Bond, desde carpinteros a cerrajeros a los que no se les resiste una cerradura. En este sentido, la realidad supera a la ficción.
- Hoy está de plena actualidad la revelación de las actas de Eta que ponen a Rubalcaba en una situación bastante incómoda, por no hablar del caso Faisán. ¿Es bueno que los ciudadanos sepamos cómo y en qué términos negoció un Gobierno con los terroristas?La labor de los periodistas yo creo que debe ser sacar a la luz todo aquello que pueda ser de interés para la opinión pública. El servicio secreto es verdad que muchas veces dispone de la información e intenta que no salga. Sin embargo, cuando los periodistas hemos contado algunos de los grandes secretos, creo que ha contribuido al saneamiento de la democracia. Por ejemplo, cuando en 1995 apareció que los servicios secretos tenían un sistema de escuchas con el que espiaban al Rey, a miembros del Gobierno, empresarios y a todo el mundo que tenía cierta influencia. Creo sin duda que es bueno que la opinión pública lo conozca.
- Los GAL es uno de los periodos más oscuros de la democracia. Usted revela en el libro que el CESID conocía de las acciones de los GAL antes de que tuvieran lugar. ¿Por qué no hicieron nada para impedirlas?Pienso que sabían que era una operación puesta en marcha por el Ministerio del Interior y decidieron no entrar a torpedear las acciones. No sólo los servicios secretos conocían las acciones de los GAL con antelación, sino que luego el propio Ministerio les pidió que elaboraran el tapón con el que pretendían reivindicar los atentados de los GAL. En definitiva, tuvieron cierta colaboración.
- En un periodo anterior, cuando echaba a andar nuestra democracia se vivió un golpe de Estado. ¿Llegaremos a conocer algún día todos los entresijos del 23-F? ¿Fraguó el CESID el golpe?Creo que hay muchas mentiras que la gente repite sistemáticamente sobre el 23-F. El CSID participó desde el principio en la vía del golpe de Estado encabezado por Alfonso Armada. Eso se sabe porque hubo un agente de la unidad operativa que llevó a los autobuses en los que viajaban Tejero y el resto de guardias civiles hasta el Congreso de los Diputados. Se quedó fuera y al escuchar los disparos pensó que había tenido lugar una sangría. Se puso tan de los nervios que comenzó a contar a compañeros que no sabían nada y que, además eran demócratas, lo que había hecho y que él había participado. Es una prueba irrefutable de que el CESID no es que colaborara sino que puso en marcha el 23-F.
- ¿Podemos decir que funciona el Estado de Derecho gracias a los servicios secretos?Yo creo que eso es así. Mucha gente dice que cuanto más democracia debería haber menos interferencias de los servicios de inteligencia y menos zonas oscuras. Yo, sin embargo, creo que a más democracia más se necesita de alguien que la proteja y esto pasa en todo el mundo. Ahora bien, lo que se traduce de estas 100 operaciones de las que yo hablo en el libro es que a veces los servicios secretos es verdad que protegen a las democracias y, hay otras ocasiones en las que se exceden en ese papel.
- Ya, Época, Tiempo o Interviú han sido algunas de las publicaciones donde ha ejercido periodismo de investigación. ¿Cuál es el estado de salud de la investigación en España?El periodismo de investigación en los años 80 surgió muy fuerte, tuvo su gloria en los 90 hasta la llegada del PP que disminuyó. En estos últimos años el periodismo de investigación está volviendo a recuperarse poco a poco, porque si no existe periodismo de investigación es una demostración de que al final los controles no funcionan.
- Imagino que usted sabe más de lo cuenta en el libro… ¿Lo contará algún día?(Ríe) Todo va saliendo al final poco a poco. Es decir que yo creo que las cosas al final se pueden contar y hay que decirlas. Hay gente que me pregunta que cómo me he atrevido a contar en el libro, la penetración clandestina que hizo el CSID en casa de Bárbara Rey. Porque creo que las cosas bien contadas y con pruebas es bueno para la democracia. Además, con el paso de los años a cada uno hay que dejarle en su sitio y si lo haces desde el periodismo de investigación, que es serio y que exige contrastar los datos, creo que todo funciona.