Las dudas en Libia pueden salir muy caras
miércoles 06 de abril de 2011, 00:23h
Los bombardeos de la coalición internacional sobre ciudades como Misrata se sucedían ayer en Libia. La intermitencia de dichos bombardeos ha permitido que los fieles a Gadafi tomaran resuello en más de una ocasión, logrando así recuperar enclaves en poder de los rebeldes y afianzando las posiciones que ya dominan. Conviene recordar que son estos mismos fieles al régimen los que poseen la mayor parte del armamento pesado, así como el control sobre la aviación y la marina, y cuyo empelo indiscriminado contra la población civil motivó la resolución de Naciones Unidas al amparo de la cual se interviene en Libia.
Pero se interviene tarde y mal. Parte de la culpa radica en la falta de un liderazgo internacional sólido; Europa no está a la altura, y Estados Unidos tiene como atenuante -que no eximente- el hecho de estar participando ya de manera activa en Irak y Afganistán. A todo esto hay que añadir los reparos a la hora de contrariar a un país miembro de la OTAN como Turquía, auténtico valedor de Gadafi. Erdogan parece empeñado en echar por tierra el legado de Ataturk, flirteando cada vez menos solapadamente con unos postulados islámicos que en nada benefician los intereses globales turcos. Intereses que pasan por su acercamiento a Europa y sus deseos de integrarse en la Unión como miembro de pleno derecho. Quizá Ankara debería tener en cuenta que obstaculizar la intervención en Libia no es la mejor manera de proceder. Antes que musulmán, Gadafi es un tirano, y no se lucha contra un credo, sino contra una forma de opresión.