La ministra de Economía, Elena Salgado, ha ofrecido un nuevo “cuadro macroeconómico”, una expresión nada agradecida para referirse a las previsiones del Gobierno. No dicen nada agradable.
La ministra de Economía, Elena Salgado,
rebaja sus augurios de crecimiento: mantiene el 1,3 por ciento en 2011 pero recorta el de 2012 (del 2,5 al 2,3 por ciento) y 2013 (del 2,7 al 2,4). Por otro lado, eleva sus previsiones de paro, como no puede ser de otro modo: del 19,3 al 19,8 por ciento este año y del 17,5 al 18,5 en 2012. Es más, en 2014, si las previsiones del Gobierno no pecan de optimistas, el paro será aún del 16,0 por ciento. Teniendo en cuenta que la crisis comenzó en 2008, se puede hablar de una generación en el paro.
Este martes
habló MAFO y este miércoles lo ha hecho
el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, también en el Encuentro del Sector Financiero organizado por Deloitte y ABC. Apoya, como no puede ser de otro modo, la reforma financiera y la recapitalización de las entidades. Lo más interesante es lo que ha dicho sobre el mercado laboral. Es de los pocos que cree que la reforma del Gobierno está funcionando: “La reforma ha tenido efecto porque la contratación indefinida ha aumentado”. Este martes, no necesitamos irnos más lejos.
Iñigo Sagardoy, presidente de un despacho especializado en el mercado laboral, dijo que la llamada reforma laboral "dista mucho de ser profunda. Ha sido muy superficial, claramente insuficiente y es urgente que se acometa ya una reforma estructural del mercado de trabajo". Es más, España no puede pasarse “ni un mes más” sin hacer una verdadera reforma.
Campa reconoce que queda por “fomentar la empleabilidad de nuestra fuerza laboral”. Eso pasa por mejorar la formación de los trabajadores y ajustarla a las futuras demandas del mercado. Si saber cuáles son es complicado, en un momento de crisis de modelo aún más. Pero en este punto merece la pena recoger la iniciativa de la Comunidad de Madrid de crear un
“bachillerato de la excelencia”, que recogerá a los mejores estudiantes de esa comunidad para poner a su servicio los medios necesarios para que desarrollen al máximo sus capacidades. Es una iniciativa para una minoría, pero muestra un camino de búsqueda de la excelencia que vale como estímulo para el conjunto.
Pero sigamos con Campa, porque aún queda lo más significativo. Recordemos que Zapatero se trajo deberes del Consejo Europeo, entre los que está
ajustar los salarios a la productividad. Desde el punto de vista práctico, ello equivale a acabar con los convenios colectivos. Tiene el problema (problema político para el Gobierno) de que si se da ese paso, se acaba también con los sindicatos, pues su fuerza negociadora pierde mucho sin los convenios colectivos. Campa habla de “reforma” de la negociación colectiva, de modo que no da pistas de hasta dónde quiere acabar con los convenios. Pero ya ha adelantado cuál es el propósito del Gobierno. El
FMI lleva tiempo pidiendo a España que dé ese paso, que sería mucho más importante que reducir el coste del despido (que es, en realidad, un coste de la contratación en contra de lo que pueda pensarse). Lo que dice el FMI es que en las negociaciones colectivas predominan los intereses de las grandes empresas, que pueden hacer frente a condiciones mejores de los trabajadores, que resultan demasiado onerosas para las de menor tamaño. Se le cierra el paso a las pequeñas en la competición con unos menores costes y, de este modo, se limita su desarrollo. Y se limita, en consecuencia, la creación de empleo. El mismo análisis hizo este martes Sagardo, quien ha pedido que las pymes puedan descolgarse de los convenios. Hace la salvedad de las pymes precisamente por los motivos que lleva tiempo expresando el FMI.
Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, ha concedido una entrevista a varios periódicos, entre los que se encuentra el diario El País. En ésta
dice: “No creo que el Gobierno español necesite ningún tipo de ayuda financiera” y “creo que las políticas que ha puesto en marcha el Gobierno español, tanto en el aspecto fiscal como en el de reforma de pensiones, del mercado laboral o la bancaria, son las políticas correctas”.
La reforma laboral es muy importante, porque con un mercado más libre podríamos crear empleo sin necesidad de alcanzar unos altos niveles de crecimiento, que aún nos quedan muy lejos. En el mismo foro, José Manuel Campa ha reconocido que el crecimiento del 1,3 por ciento que prevé el Gobierno para este año. Tengamos en cuenta que es más del doble de la media de lo que prevén los analistas para este año,
recogido por The Economist: 0,6 por ciento. Y que la media de las previsiones para el año que viene es del 1,2 por ciento. Es decir, que partiendo del consenso de las previsiones sobre 2012 y del apunte de
José Manuel Campa podemos prever que no se creará empleo tampoco el año que viene. Así las cosas, no es de extrañar la encuesta del CIS, según la cual no llega al 19 por ciento de los españoles que creen que la situación económica mejorará al final de la etapa de Zapatero en el poder. Por cierto, que el 79,4 por ciento de los españoles, cuatro de cada cinco, está en contra de atrasar la edad de jubilación, una de esas reformas que alaba el FMI y que están convenciendo a los mercados.
Portugal, un día después de que
Moodys rebajase la calificación de la deuda, ha colocado con éxito nuevos títulos. Pero, eso sí, a un precio un 70 por ciento más caro. Mientras, según el
Financial Times Deutschland, Grecia, Portugal e Irlanda están abocados al rescate y reestructuración de su deuda. Si el martes adelantábamos que el Banco Comercial Portugués pedía una “ayuda inmediata”, ahora todos los medios destacan que la Asociación Portuguesa de Bancos se ha sumado a esa exigencia. Dicen que no pueden prestar más dinero al Estado: “La banca ha alcanzado un límite de préstamos que no puede superar porque sería perjudicial para la economía”. Bien, pues la cuestión parece clara. El gobierno luso no ha aguantado más. El ministro de Finanzas, Fernando Teixeira dos Santos, ha reconocido que “es necesario recurrir a los mecanismos de financiación disponibles en el cuadro europeo”. Es decir, que necesita el apoyo de la UE.
La reestructuración no de nuestra deuda soberana sino del sector financiero, continúa. Ya se conocía la intención de Santander de entrar en la puja por la CAM o sus restos. Ahora BBVA también ha mostrado interés. Por su parte,
Bankia ha adelantado que segregará su negocio, creando por un lado un “banco malo” y por otro todo lo mollar, que será lo que saque a Bolsa. El “banco malo” será un “holding” que llevará provisionalmente el nombre de SIP, Banco Financiero y de Ahorros. Rodrigo Rato, presidente de Bankia, ha rechazado el apelativo popular ya que “es un banco que da beneficios; por lo tanto ya no es un banco malo”.