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Italianos sin futuro

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 10 de abril de 2011, 12:51h
En Italia, mala tempora currunt y, probablemente, entre la pésima herencia que la era berlusconiana dejará algún día, la más dolorosa será la condición de los jóvenes, sobre la cual se vislumbra un futuro negro. Los jóvenes viven con impotencia y apatía una situación que no cambia, atrapados en un atroz dilema: la precariedad de un trabajo temporal con contratos muy breves, o el éxodo fuera de Italia.

Sería absurdo y faccioso culpar exclusivamente al actual Gobierno de una situación que responsabiliza a la clase política entera, los medios de comunicación y la sociedad de las últimas décadas. Sin embargo, la actitud de Berlusconi resulta tanto irritante como inútil. El primer ministro se postula como un ejemplo a seguir, a pesar de su pasado oscuro, sus procesos judiciales (107 0 108, he perdido la cuenta), su falta de estilo y de escrúpulos. Frente a una tasa de desempleo muy elevada, a millones de jóvenes sin trabajo ni renta, el cavaliere les sugiere “casarse con un millonario”, seguir sus hormas para alcanzar su éxito, postulándose como modelo ético-económico. ¿De verdad su ejemplo es tan beneficioso? ¿No tiene ninguna receta económica seria y eficaz? En consideración de las políticas del Gobierno Berlusconi para los jóvenes, además que por el caso Ruby, quizá debería plantearse la posibilidad de juzgarle por haber robado el futuro (y la dignidad) de Italia. No, no estamos exagerando. Un ejemplo, esta misma semana, durante su lectio magistralis en la Universidad de la Sapienza de Roma, el mismo ha ironizado sobre el escándalo sexual con menores (“Sois tan listas que me dan ganas de invitaros al bunga bunga”), mostrando una vez más su desprecio real hacia la imagen de las mujeres. Luego, recordó la “importancia de no llevar la barba” sinónimo de izquierdismo, de hacerse un trasplante de pelo para aparentar menos años y, fundamental, siempre llevar consigo un pequeño regalo para la secretaria “para que cuando pida una reunión con su jefe, tenga un trato de favor”.

Quizá lo más bochornoso del penoso espectáculo de la Sapienza fue la Ministra Meloni, que con su sonrisa cómplice generaba vergüenza ajena. Su condición de joven, el cargo que ocupa, el sentido común le obligaban a reaccionar contra el “sistema Berlusconi”, el modelo cínico, desfachatado e impúdico que el dueño quiere proponer. Era lícito esperarse una asunción de responsabilidad y no una vergonzosa complicidad. Como decía el cómico Ettore Petrolini respecto a la mala educación de un espectador: “No tengo nada contra de usted, sino en contra de aquellos que están a su lado y no la tiran abajo”. Pero bueno, eso confirma que, en Italia, los ministros son unos cortesanos que defienden a su dueño, a su amo que controla la vida del país y de sus súbditos.
Italia detenta el triste récord europeo de “jóvenes al borde de la exclusión social”, una tasa de desempleo juvenil entorno al 30%. Se está creando una generación “Neet” (Not in education, employment or training), alejada del mercado laboral y obligada a recurrir a la ayuda familiar, al “arrangiarsi” (apañarse), a trabajar en el mercado negro o por un salario indecente, en condiciones de semi-esclavitud. Y, teniendo en cuenta la tasa de jóvenes del sur del país, los jóvenes se convierten en perfectos “blanco” para las organizaciones criminales, que recurren a su desesperación ofreciéndole hipócritamente un futuro mejor. La mitad de las mujeres italianas están en paro y ni siquiera buscan trabajo. Frente a esta situación, el sábado 9 de abril, en diferentes ciudades de Italia y de Europa, muchos italianos han decidido manifestarse, autodefiniéndose “juventud sin futuro, sin casa, sin curro, sin pensión pero sin miedo”.

Podría tratarse de un verdadero desastre generacional, de un panorama tan preocupante y desalentador que está obligando a muchos jóvenes italianos a abandonar su país por la falta de trabajo. Después de haber soñado con España e Irlanda como tierra de oportunidad, los italianos emigran a Londres, a Berlín, a Amsterdam. Los años de estudio, los sacrificios laborales y personales generan la esperanza de poder conseguir un buen trabajo, mientras la dura realidad se convierte en un drama. Cuando no existe la meritocracia sino un sistema clientelar y nepotista, cuando una recomendación o ayudita resulta más importante que la formación académica, es lógico tanto pesimismo y desanimo. Entre una precariedad crónica y una competencia agresiva, la situación no está para bromas. La precariedad laboral hace que los jóvenes italianos se enfrenten a un presente incierto y espinoso, mientras la gerontocracia al poder se desinteresa del futuro. Italia, un país para viejos.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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