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reseña

Anna Caballé e Israel Rolón: Carmen Laforet. Una mujer en fuga

domingo 10 de abril de 2011, 15:38h
Anna Caballé e Israel Rolón: Carmen Laforet. Una mujer en fuga. RBA. Barcelona, 2010. 520 páginas. 32 €
Resaltar la trascendencia de Nada en la historia reciente de nuestra literatura supone, a día de hoy, un ejercicio innecesario. Ganadora en 1945 del primer premio Nadal –el más prestigioso, durante mucho tiempo, de la narrativa en España– destacaba de la misma el haber sido escrita por una mujer de veintitrés años que, con un estilo desnudo y sin tremendismo, presentaba a una muchacha como ella que había ido a estudiar a Barcelona, donde vive con unos familiares en un ambiente sórdido de mezquindad e ilusiones fracasadas, enloquecido por la guerra. Tan valiente resultaba entonces este planteamiento como significativo el hecho de incluir unos versos de Juan Ramón Jiménez, el gran poeta exiliado, al comienzo de una obra en la que, indudablemente, había mucho de vida juvenil y de autobiografía. Su éxito fulgurante despertó el interés lógico por su autora: ¿quién era aquella figura en ciernes llamada Carmen Laforet?

Había nacido en Barcelona (1921) pero vivió hasta los dieciocho años en Canarias. Durante toda su vida cargó con los efectos de una infancia marcada por un grave accidente doméstico y el pronto fallecimiento de su madre –indispuesta y deprimida–, sustituida por otra mujer que la hostigará desde un principio. No logrará finalizar sus estudios universitarios y, tras el súbito aldabonazo a su carrera literaria, mostraría una desconcertante y huidiza actitud pública que acrecentó el misterio en torno a ella. Nacen sus primeros hijos y sus obras posteriores, estimables, no consiguieron, sin embargo, aproximarse al logro de Nada, por lo que decide no volver a publicar sin estar convencida de su calidad, lo que no llega a producirse. Tras su separación matrimonial, se sumió en una vida nómada, en angustiosas horas de depresión en habitaciones de invitados, entre humo de cigarrillos. Ausente mentalmente, víctima de una dolencia neurovegetativa no precisada, morirá en una residencia madrileña en el invierno de 2004.

A esclarecer el relato de esta vida trágica, marcada por el anhelo de gloria y el miedo a no cubrir las expectativas, responde la ejemplar biografía de Anna Caballé e Israel Rolón, Carmen Laforet. Una mujer en fuga, tejida a partir de valiosas fuentes documentales y una copiosa correspondencia de más de seiscientas cartas que sus autores han estudiado durante una década. El trabajo de Caballé y Rolón describe aspectos histórico-literarios, como los entresijos de la concesión del Nadal, traza un certero retrato de las amistades de Laforet –Consuelo Burell, Elena Fortún, la tenista Lilí Álvarez que ejerció sobre ella una influencia religiosa o Ramón J. Sender– y, sobre todo, destaca por la audaz penetración psicológica en el “yo” de la novelista pero, a la vez, por su comedimiento a la hora de presentar enigmáticos pasajes vitales que dejan abiertos nuevos interrogantes: sus –reprimidas– inclinaciones lésbicas, su adicción a los fármacos, el diagnóstico de la enfermedad que la condujo a su fin...

Son muchas las zonas de penumbra en la trayectoria de Carmen Laforet, determinada por el temprano suceso que la convirtió en mito. “Si aquella noche –reflexionaba dentro de Nada su protagonista Andrea– se hubiera acabado el mundo (…) su historia hubiera quedado completamente cerrada y bella como un círculo. Así suele suceder en las novelas, en las películas; pero en la vida… Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace”. Así igualmente habría de sentir su autora.

Por José Miguel G. Soriano
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