Perú debe esperar
lunes 11 de abril de 2011, 10:37h
Finalmente, Perú tendrá que esperar a una segunda vuelta para ver quién se alza con la presidencia del país andino. Parte con bastante ventaja Ollanta Humala, el candidato antisistema y, por ende, protegido de Hugo Chávez. Pese a que el propio Humala ha puesto en práctica los últimos días una suerte de operación cosmética destinada a hacer ver que hay diferencias entre él y el caudillo bolivariano, lo cierto es que su sintonía es evidente; algo, por lo demás, sumamente preocupante para la ciudadanía peruana. Una ciudadanía que ha votado a Humala más por voto de castigo a la clase política tradicional que por convencimiento, habida cuenta del descrédito que se han ganado a pulso los partidos tradicionales.
Algo parecido sucedió en Venezuela. Conviene recordar que Chávez salió elegido por primera vez de manera democrática, ante el hartazgo que en los venezolanos había provocado la enorme corrupción generada por sus anteriores gobernantes. Hoy la situación allí es todavía peor: hay más pobreza, menos libertad y una descomposición del sistema democrático que cada día avanza un paso más hacia el abismo. Las ideas de Humala -nacionalizaciones masivas, dialéctica incendiaria antisistema- no son muy diferentes de las que Chávez ha puesto en práctica en Venezuela. Los peruanos sabrán si eso es lo que quieren para su país, aunque tampoco la candidatura de Keiko Fujimori ofrezca nada diferente. La expresión de Vargas Llosa, tildando la actual pugna presidencial como una batalla entre el sida y el cáncer terminal refleja bien a las claras la incertidumbre a la que se enfrentan los peruanos. Con todos los problemas que tienen los políticos tradicionales, sería, empero, muy de lamentar que en Perú se truncara la senda de fuerte crecimiento económico emprendida en los últimos años.