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El ataque de cuernos de Zapatero

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 13 de abril de 2011, 21:06h
Es más que probable que Felipe González haya acertado en su diagnóstico sobre el PSOE, al alertar de los peligros de abrir un proceso sucesorio prolongado y muy incierto. Un proceso aparentemente controlable desde la placidez de un despacho en La Moncloa, pero mucho más imprevisible a pie de tierra, que es donde se dirimirá.

A González no le salió bien su apuesta por Almunia, al que señaló como su sucesor en su momento, pero porque la candidatura se contaminó por el proceso de primarias que ganó Borrell, posteriormente dimitido por fuego amigo.

En aquel caso, a las dificultades de la sucesión de un líder poderoso se sumó la intervención de la militancia, lo que condujo a un fenomenal entuerto que derivó en la mayoría absoluta de Aznar en el año 2000.

Por esa razón, González cree más en la designación por los notables, en un proceso controlado, que en la incierta decisión abierta de las bases. Porque ésta, frente a la propaganda sobre su presunta democracia interna, está sometida a tales influencias internas y externas que puede producir un resultado desastroso para el partido.

En efecto, hablar del voto libre de los militantes suena bastante a broma. En el PSOE, estructurado en federaciones, el componente regional es esencial. Las primarias son un termómetro para conocer al nivel de poder de cada federación del partido, y quienes triunfen pueden condicionar de forma decisiva la política del candidato electo.

Así pasó exactamente con Zapatero, cuya política fue durante bastante tiempo subordinada a los intereses territoriales y personales de quienes le habían ayudado en su confrontación con Bono.

Además, el cuerpo electoral socialista, como todo club, está compuesto por los militantes con mayor nivel de compromiso ideológico, y no por los estrategas más prácticos. En una palabra, los militantes son los socialistas más radicales (de raíz, no de extremismo) y se identifican fundamentalmente con un perfil en el que puedan verse reflejados en su sensibilidad, incluso en su generación. Cabe ahí, por tanto, que la imagen mediática, la cartelería, la juventud, e incluso la tendencia al populismo primen.

Sin embargo, Zapatero ha optado por una retirada algo dramatizada en la que, en lugar de ordenar su sucesión, ha decidido abrir el melón sin saber cómo va a cerrarse. Digamos que parecía divertido con ese “después de mí, el diluvio”. Por eso no atendió a las presiones de quienes, a muy alto nivel, desde González a Méndez, desde Bono a Blanco, le pidieron un tránsito inmediato hacia Rubalcaba, y dejó a éste a los pies de los caballos de unas primarias que, diga él lo que quiera, le resultarán especialmente incómodas. Y más si le enfrentan a una candidata de otra generación, con incontable menor experiencia, con mucha menos inteligencia política, pero con una imagen muy vendible en el cartel electoral, especialmente si lo tienen que votar las bases y se la juegan en él algunas regiones socialistas contra otras.

Zapatero ascendió a Rubalcaba al máximo poder, pero enseguida ha jugado a quitarle el caramelo de la boca. Su actitud ha expresado que a más presión del entorno, más disgusto del líder. En roman paladino: un ataque de cuernos.

La borrachera de unas primarias suele terminar en resaca. La actual euforia socialista por la remontada no oculta la angustia interna. Porque si Zapatero ha dicho que España es un país de sorpresas, dentro del país y de las sorpresas también está el PSOE.

Ahora, Zapatero parece disfrutar con su papel de reina madre. Pero ha dejado a los suyos un buen embolado que puede terminar con víctimas políticas. Salvo que todo el discurso de democracia interna sea otra mentira, y haya un apaño para impedir la confrontación.

En todo caso, sobre las ambiciones sucesorias planean más depredadores de los conocidos, y el cardenal que entra al cónclave como Papa, léase Rubalcaba, cada día tiene más posibilidades de salir como cardenal gracias a ese político tan retorcido que todavía ocupa la dirección socialista.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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