auge político
No a la inmigración, no a la Unión Europea, no al Islam
martes 19 de abril de 2011, 15:47h
El sorprendente protagonismo que cobró el pasado domingo el partido Verdaderos Finlandeses en las elecciones laponas, en las que logró auparse hasta el tercer puesto de los comicios con un 19,1 por ciento de los votos, ha vuelto a poner de manifiesto el auge de las formaciones de extrema derecha en la Unión Europea. Más de una docena de países de la eurozona, desde Italia hasta Suecia pasando por Francia, Dinamarca o Grecia, han visto cómo partidos ultraconservadores lograban colarse en los parlamentos nacionales e, incluso, en la Eurocámara.
Hace poco menos de un lustro, Verdaderos Finlandeses, la gran sorpresa de los comicios generales lapones del pasado domingo, no pasaba de ser una pequeña formación de ultraderecha con modestas aspiraciones y con escasa presencia en la vida política del país escandinavo. Pero, tras haberse situado como tercer partido por número de votos en Finlandia, la formación que encabeza Timo Soini ha vuelto a poner de manifiesto el relanzamiento de los partidos y coaliciones ultraconservadores en el Viejo Continente.
A la sombra de la construcción comunitaria, han crecido por toda la Unión Europea diversas formaciones, en un principio minoritarias, que han logrado sacarle partido al descontento social fruto de la crisis económica y a la fobia a todo lo que suene a inmigración. De este modo, los grupos de ultraderecha han ganado en protagonismo y más de una docena de países han visto cómo estas formaciones se hacían un hueco en la primera fila política. Holanda, Suiza, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Francia, Italia y, en menor medida, Rumanía, Grecia, Reino Unido, Eslovaquia, República Checa, Letonia y Alemania han sido testigos del crecimiento de estos partidos.
Puede que el ejemplo más reseñable de esta nueva oleada ultraderechista sea la que abanderan los Le Pen (padre e hija) a la cabeza del Frente Nacional (FN) francés. Tras dar la campanada en 2002, cuando lograron disputarle el Elíseo a Jacques Chirac en una apretada segunda vuelta, la dinastía Le Pen, que ahora comanda Jean-Marie, ya prepara su asalto a los comicios presidenciales del año que viene.
Aunque la heredera del FN ha suavizado mucho el discurso de su padre, la ambiciosa política francesa ve con optimismo el futuro de su partido al tiempo que sigue lanzando proclamas en contra de la Unión Europea, de la inmigración ilegal y de los crecientes índices de delincuencia en las principales ciudades galas.
Sin minaretes y los nuevos cabezas rapadas
Otra mujer que ha logrado colocar a su partido en la primera línea es la danesa Pia Kjaersgaard. El Partido del Pueblo Danés (DVP), que ella misma encabeza, logró un 13 por ciento de los votos en las elecciones generales de 2007 y puso contra las cuerdas a la coalición del hoy primer ministro Lars Lokke Rasmussen, que se vio obligado a pactar con la ultraderecha para mantener su mayoría parlamentaria.
Si bien la visión que se tiene de los países escandinavos es la de gente tranquila, tolerante y amistosa, lo cierto es que en estas frías latitudes europeas es donde las proclamas de la extrema derecha han calado más hondo. No obstante, junto a Verdaderos Finlandeses han crecido los Demócratas de Suecia comandados desde 2005 por Jimmie Akesson, que cuentan con veinte escaños en el parlamento nacional y que consideran que el Islam no es compatible con el estilo de vida sueco; y los noruegos del Fremskrittspartiet (Partido del Progreso), segunda fuerza electa del país con casi el 23 por ciento de los votos y que tiene como principal figura a Svi Jenssen.
Aunque la imagen de la nueva ultraderecha se ha alejado de manera progresiva de los estereotipos de los cabezas rapadas y la estética neonazi, aún se dan casos como el de Hungría, en el que ideología y violencia siguen yendo de la mano. Jobbik, la formación radical de la derecha magiar, cuenta con un brazo armado denominado Guardia Húngara acusado de varias muertes de gitanos romaníes, una comunidad marginada de medio millón de personas. Además de realizar periódicos desfiles paramilitares, entre sus propuestas más polémicas se encuentra la creación de campamentos para internar a "gitanos peligrosos".
Otros dos países propensos a ver cómo la ultraderecha gana posiciones en ellos son Bélgica y Holanda. En las elecciones del año pasado, el Vlaams Belang belga sufrió un fuerte varapalo al obtener “sólo” un 7,7 por ciento de los votos, en palabras de su propio presidente, Bruno Valkeniers. A pesar del revés electoral, la formación flamenca disfruta de un gran protagonismo en el atomizado parlamento nacional. Mientras, Países Bajos ha sido noticia en los últimos años por el auge de la formación que encabeza el declarado islamófobo Geert Wilders Partido para la Libertad (PVV).
Pero es en Italia y Suiza donde la extrema derecha ha cosechado más éxitos políticos. El gobierno de Silvio Berlusconi cuenta con cuatro ministros de la Liga Norte, la formación ultraconservadora liderada por Umberto Bossi. Entre sus numerosas declaraciones xenófobas destaca la que hace referencia a “bombardear a los inmigrantes que lleguen a Italia de forma ilegal”. Ocupan, entre otras, la cartera de Interior, en manos de Roberto Maroni, que en los últimos días ha copado titulares por la llegada masiva de indocumentados a las costas italianas provenientes del Magreb, y la de Reformas para el Federalismo, que posee el propio Bossi.
Por su parte, la Unión Democrática de Centro (SVP) helvética, en el poder desde 2007, cuando obtuvo el 30 por ciento de los votos, ha logrado prohibir la construcción de minaretes en el país centroeuropeo, mantiene una férrea política en contra de la inmigración ilegal y defiende la independencia de Suiza respecto al resto de Europa.
Otras formaciones de extrema derecha que han logrado crecer en los últimos años son el Ataka búlgaro, el Partido Nacional (NS) checo, el Samoobrona (Autodefensa) polaco, el Partido para la Libertad (FPÖ) austríaco, la formación lituana Orden y Legalidad, la Alerta Ortodoxa Popular (LAOS) y el Jrisi Avgi (Amanecer Dorado) de Grecia, el Partido Nacional Eslovaco (SNS) o la recientemente creada coalición NPD-DVU alemana.
Un ideario común
Cabe preguntarse cómo y por qué las formaciones de ultraderecha han recobrado protagonismo en Europa. A pesar de que los distintos grupos cuentan con una ideología común, la gran cantidad de matices nacionales les han impedido aglutinarse en torno a una gran coalición en la Eurocámara, donde la suma de sus escaños no supera el 10 por ciento del total, y su voz no suele trascender las fronteras de sus respectivos países.
En cambio, sí existen una serie de elementos comunes a este tipo de formaciones. La crisis económica que ha asolado el Viejo Continente ha sido el caldo de cultivo perfecto para la extrema derecha, que se ha aprovechado de la falta de respuesta de la izquierda socialista y del declive del comunismo para acoger a la clase trabajadora insatisfecha. El hartazgo generalizado con la clase política tradicional y la llegada masiva de inmigrantes (se estima que hay 50 millones de no europeos en la UE) también han contribuido a crear un sentimiento de agresión entre la población europea.
De este modo, desde los años 30, los partidos más conservadores o de ultraderecha no cosechaban tan buenos resultados en las urnas ni contaban con el protagonismo social y mediático como el que ostentan hoy en día. Además, el lavado de cara que se han impuesto, alejándose de los estereotipos nazis, y la retórica populista característica del movimiento han calado entre el electorado.
"Es algo anunciado desde hace veinte años", señala Esteban Ibarra, presidente de Movimiento contra la Intolerancia, en declaraciones a EL IMPARCIAL. "La nueva extrema derecha europea se articula, sobretodo, en torno a la xenofobia, pero también en tono a la homofobia, la islamofobia y el antisemitismo", denuncia Ibarra.
Muchos de estos partidos promulgan la limitación de la democracia representativa y la desaparición del principio de igualdad en detrimento de las comunidades extranjeras. En este sentido, Ibarra denuncia que "el ideario de la ultraderecha, aunque se haya disfrazado de democrático, choca de manera frontal con el espíritu europeo de respeto a la diversidad y con la Declaración Universal de Derechos Humanos".
La inseguridad, la falta de empleo, los recortes sociales, el racismo, los índices inflacionistas, la inmigración, los rescates financieros, el frontal rechazo al ingreso de Turquía en la UE o el renegar de la globalización y de las organizaciones transnacionales como la OTAN son sólo algunos de sus argumentos para intentar recabar el mayor número de adeptos posibles.