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La hipocresía de la Liga Árabe

lunes 25 de abril de 2011, 08:03h
Bashar al Assad está masacrando a su pueblo con total impunidad. Cuenta, además, para ello, con la inestimable ayuda del régimen iraní, cuyos nexos con su aliado sirio son un hecho. Si Túnez y Egipto sirvieron para ilusionar a un mundo árabe deseoso de libertad y democracia, Libia, Siria y alguno más demuestran que no todos los totalitarismos son fáciles de erradicar. Mubarak y Ben Alí no emplearon las fuerzas armadas -al menos, no demasiado- contra su propia gente; de ahí el éxito de las revueltas en Egipto y Túnez. Pero tanto Gadafi como al Assad no vacilan a la hora de emplear todo su arsenal contra la población civil. Un delito de lesa humanidad en toda regla.

¿Quién debería tomar cartas en el asunto? El concepto “comunidad internacional” se antoja demasiado vago en ocasiones, como esta, en la que el protagonismo debería recaer sobre la Liga Arabe y, porqué no, en la Alianza de Civilizaciones, para ver si de una vez por todas sirve para algo. Sin embargo, quienes dominan la Liga Arabe son los primeros interesados en que el actual statu quo no varíe de manera significativa. Todos sus dirigentes llevan mucho tiempo acomodados bajo unos regímenes carentes de toda legitimidad y cuyo denominador común es la corrupción y el nepotismo. Por lo que respecta a la Alianza de Civilizaciones, ni está ni se la espera. Hora es, pues, de que el “aborrecido” Occidente deje de desfacer los entuertos provocados por un puñado de tiranos del tres al cuarto y tomen la iniciativa aquellos a quienes corresponde. Túnez y Egipto marcaron la pauta. Ahora les toca al resto. Empezando por la Liga Arabe y su imprescindible renovación de caras e ideas.
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