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A cuenta de la promoción de pisos de la Fundación Complutense en Somosaguas

Carta de Zamora Bonilla en respuesta a Romagosa

miércoles 27 de abril de 2011, 13:42h
Estimado señor presidente de EL IMPARCIAL:

Sugieres en tu “Al aire libre” de hoy que se investigue “a fondo, con nombres y apellidos, a quiénes se han beneficiado con ese dinero público gastado con tanta largueza” en la adjudicación de la promoción de pisos que la Fundación General de la Universidad Complutense está realizando en Somosaguas. Lo haces tras publicar una carta de “un lector sagaz, Santiago Romagosa”. No tengo fuentes suficientes para conocer de la sagacidad de este señor, pero sí puedo cuestionar las varias imprecisiones y falsedades que su carta contiene, porque soy uno de los adjudicatarios de una vivienda en Residencial Somosaguas. Ya hay un nombre y un apellido. Pongo a tu disposición, por si queréis investigar “a fondo”, toda la documentación que obra en mi poder y en la que fundamento las afirmaciones que siguen.

En primer lugar, hay que hacer constar que el proceso de adjudicación ha pasado por distintas fases y se inició hace más de una década; ha seguido parámetros objetivos y cualquier funcionario o personal contratado fijo (profesor o no) de la Complutense ha podido participar en el mismo. Mi caso concreto es un ejemplo. Cuando intenté participar en el 2001 no tuve derecho a ser elegido adjudicatario porque era becario postdoctoral, pero el año pasado, ya siendo profesor titular, y, por lo tanto, funcionario, me dieron la posibilidad de acceder a alguna de las 20 viviendas que habían quedado sin asignar. Entre la demora en el desarrollo de la promoción y la importante subida sobre el coste inicialmente previsto, algunos de los adjudicatarios se echaron para atrás y por eso quedaron viviendas libres.

Está previsto que las casas se entreguen en junio. El precio va de los casi 300.000 euros de los apartamentos de 2 dormitorios a los casi 400.000 de los pisos de 4 dormitorios. Verás que las cifras no cuadran del todo con lo que afirma el señor Romagosa. Si bien es cierto que estos precios están muy por debajo de los de la zona, hay que tener en cuenta que la construcción se ha hecho por el sistema de cooperativa, es decir, que no hay ningún beneficio para la promotora sino que el coste total es asumido por los adjudicatarios. Ni la Fundación General de la Universidad Complutense, como promotora, ni la Universidad perderán ni ganarán dinero. La Fundación ha actuado como promotora, pero no hay ningún dispendio de dinero público, pues como bien dice el punto 1.2.2 de mi contrato en la parte de “Estipulaciones. Primera. Objeto”: “Los adjudicatarios asumen el coste total de la promoción”. Además, estas casas no se pueden vender ni alquilar en 10 años, salvo lo previsto, para el primer caso, en los artículos 17 y 19 del Reglamento, y que en la práctica obligan a vender a precio de coste y dentro de la lista de la Complutense.

La Universidad es un colectivo plural, como han demostrado las últimas elecciones a rector, por lo que me parece profundamente injusta y alejada de la realidad la afirmación del señor Romagosa de que “está claro que el voto está cautivo y agradecido”. A mí, desde luego, no me ha cautivado nadie ni estoy especialmente agradecido a un rectorado que, siguiendo la política de recortes del Gobierno, aprobada en el Parlamento, nos ha rebajo el sueldo no “un pequeño porcentaje”, como afirma el señor Romagosa, sino sustancialmente. A pesar de que este señor opina que a los funcionarios nos afecta menos “la inflación, estanflación y otras circunstancias de mercado”, la verdad es que teniendo en cuenta la inflación nuestros sueldos se han reducido este año en torno al 10%, reducción que además se consolida para los próximos ejercicios. Pero, bueno, sobre la función pública podré escribir en mis habituales artículos de El Imparcial, pues mis opiniones distan algo de las expresadas por el señor Romagosa. A veces, cuando hablamos de los funcionarios, nos olvidamos de que tras esa figura están no sólo los administrativos, que merecen todo nuestro respeto, sino también los cirujanos que nos operan, los profesores que educan a nuestros hijos, los policías y guardias civiles que nos protegen, los militares que garantizan nuestra seguridad y un largo etcétera de colectivos, integrados por personas individuales, que hacen mucho más fáciles una enorme cantidad de cosas que afectan a nuestra vida diaria. Podemos discutir sobre si es conveniente más o menos Estado, pero mover a la opinión con frivolidades como las del señor Romagosa me parece peligroso.

No quisiera terminar sin hacer una mención a una frase de la susodicha carta. Dice el citado señor que “se nos ha ido de las manos nuestra democracia”. No sé bien a qué “manos” se refiere, pues parece añorar tiempos y sistemas en que unos cuantos tenían el poder en sus “manos”. La democracia, por definición, está siempre en manos del elemento soberano, que es el pueblo. ¡Cuidado con los salvapatrias! Tenemos una historia demasiado trágica y reciente como para andarnos dando pábulo a opiniones banales.
La liberalidad y rigor de esa cabecera periodística que representas, que nació con los nuevos aires de la revolución democrática de 1869, y a la que tanto aprecio tengo por su historia, estimo que aconsejan que se publique esta respuesta.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de la Universidad Complutense

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