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La guerra justa de Bernard-Henry Levy

viernes 29 de abril de 2011, 16:32h
El resultado de las guerras no sólo depende de los que ostentan el poder y de los militares, sino a menudo también de personajes que sin tener poder político o militar deciden apoyar a un bando y utilizar su influencia para fortalecer su causa. Este es el caso de Bernard-Henri Levy, célebre intelectual francés que ha contribuido de forma muy notable a ayudar a los rebeldes en su lucha contra Gadafi en Libia.

Mientras los países occidentales deliberaban sobre qué hacer ante la crisis libia y si realmente debían hacer algo, y otros miembros de la comunidad internacional como China y Rusia miraban para otra parte, Bernard-Henri Levy decidió entrar en acción. Tras ver la penosa situación en la que se encontraba el bando rebelde en Bengazi decidió llevar a los miembros del Consejo Nacional de la Transición libia a París, y logró convencer a su adversario político el presidente Sarkozy, para que recibiera al líder rebelde Mahmoud Jibril y a otros representantes de los que luchan contra la dictadura libia. Jibril apoyado por Bernard-Henri Levy tuvo la ocasión de convencer al presidente para que le reconociera como líder de la Libia libre y se comprometiera a tomar medidas para proteger a la población que él representa y ayudarles a derrotar a Gadafi. Reconocer a un líder rebelde tiene muchos riesgos pero sin duda un argumento de peso para convencer al presidente de la República Francesa de que debía hacerlo fue hacerle pensar qué hubiera sido de la resistencia francesa si nadie hubiera reconocido a De Gaulle en 1940. Esta reunión cambió el destino del conflicto libio.

Tras reconocer al Consejo Nacional de la Transición como la Libia libre, Sarkozy se empleó a fondo para lograr que la ONU autorizara un mandato para decretar una zona de exclusión aérea. En pocos días Gadafi que se consideraba imbatible gracias a la tibieza de la comunidad internacional y a la popularidad del eslogan del no a la guerra en Occidente que tanto le beneficiaba, ha sido arrinconado; por otro lado, los rebeldes que parecían estar condenados a morir derrotados ahora confían en que con algo más de tiempo y ayuda, la victoria final puede ser suya. El 26 de marzo, Mahmoud Jibril escribió una carta a Levy agradeciendo a Francia, a su presidente y a sus aviadores su apoyo decisivo.

¿Cuál es su legitimidad para meter la nariz en los asuntos libios, quién le ha elegido a usted? Preguntaba un periodista a Levy en una entrevista reciente. “No tengo más legitimidad que la de mi propia conciencia” contestó el filósofo. Frente a los que creen contribuir al pacifismo y al progresismo manifestándose en contra de la guerra Levy argumenta que la mejor forma de promover la paz y al progreso es apoyando una guerra justa y legal contra un dictador como Gadafi que hace la guerra a su propio pueblo, y dar una oportunidad a los rebeldes a construir un país más libre.

No es la primera vez que Bernard-Henri Levy enarbola la causa de la intervención armada frente a conflictos en los que se ha dado una flagrante violación de derechos humanos. Lo hizo infructuosamente en Bosnia en 1992, en Georgia en 2008 y también en Darfur, y con Libia ha tenido más éxito.

El filósofo francés no se hace muchas ilusiones sobre las posibilidades de que surja una verdadera democracia en Libia, pero si ha considerado su deber contribuir a que los libios tengan la oportunidad de intentarlo. Si lo logran, deberán mucho a Bernard Henri-Levy y a otros que como él piensan que en Bengasi están en juego valores universales.
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