Europa, encabronada
José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 29 de abril de 2011, 21:24h
El único disco que no parece estar rayado en Europa es el Zadok the Priest de Händell de la Champions League. Si el asunto no estuviera tan emputecido como está, en un párrafo trivial despacharía la columna con una frivolité, diciendo que es entendible que Europa esté como está, o sea, hecha una boñiga, teniendo como tiene de Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad a una señora que no tiene un pase ni con el capote de Belmonte, El Pasmo de Triana, ni tan siquiera con la última versión del photoshop, que hace milagros.
Nada que ver con la jequesa de Catar, que dicho sea al paso aunque no venga al caso, por muy glamurosa y maciza que esté la hermosísima señora, el de la Favorita no deja de ser el cuerpazo de marca, sazonado con pedruscos Cartier, de un régimen negro blanqueado por los petrodólares donde una hembra vale menos que un macho por razón del sexo.
Pero permítanme que recupere el hilo argumental para ir a lo que iba, que últimamente ando disperso y me suelo perder como Pulgarcito por el camino sinuoso de las oraciones subordinadas, queriendo sacar, como Lola Flores, todo lo que llevo dentro -¡ozú, cuánto arte y sin abuela!-, aunque a veces me doblegue el pesimismo pensando que he nacido en la época y en un país equivocado donde el fútbol, el bingo, el karaoke y los bodorrios son las cuatro aficiones preferidas del pueblo.
Veinticinco años después del petardazo radioactivo de Chernóbil, otros “liquidadores” con intenciones mucho más perversas que aquellos pobres suicidas a la fuerza obligados por el PCUS a cerrar por dentro la puerta de la central nuclear, se han propuesto ahora cargarse el tinglado europeísta, aprovechando los baches de fe en el proyecto, el barrullo interesado de los asaltantes de escaparates y de conciencias frágiles, y el desconcierto del respetable al que esta cosa de la UE se la refanfinfla.
Que Europa esté hecha una mierda, no justifica que cada vez sean más numerosos los ciudadanos de la Unión que, desengañados y asqueados de la canallesca de burócratas barrigones sanchopancescos y de la falsa retórica electoral de los Merkel, Sarkozy, Cameron y compañía, se hayan radicalizado hasta el extremo de votar a los partidos ultras, xenófobos o islamófobos en su mayoría, nacionalistas unicejos de izquierdas y de derechas, anti europeístas todos por chollo-convicción, pastoreados por caudillos, sinvergüenzas, tarados, o las tres cosas a la vez, nostálgicos del infame legado esvástico y mussoliniano de entreguerras.
Roger Griffin, que pasa por ser un lumbrera en el estudio del neofascismo, lo explica infinitamente mejor y de manera más ortodoxa que un servidor, aunque incluso él haya sido incapaz de completar el rompecabezas, teniendo que conformarse con ponerse estupendo a la hora de definir este reverdecer del radicalismo como un «tipo de ideología política cuyo núcleo mítico entre sus distintas permutaciones radica en que es una forma palingenética de ultranacionalismo populista» (The Nature of Fascism, Routledge, Nueva York, 1991).
Los hechos están demostrando por la vía del desengaño, que andan muchos ilusos sueltos, los mismos que creían que la marcha atrás era una hipótesis apocalíptica imposible por tanto como se había avanzado desde el Tratado de París del 51 hasta el de Maastricht del 92, pasando por los Tratados de Roma del 57, el Acta Única Europea del 86, y los corolarios de Ámsterdam y Niza, sin perjuicio de sobresaltos taquicárdicos como el “No” irlandés de 2008 al Tratado europeo de Lisboa. A ver si va a resultar ahora que, en una pirueta cangrejera de la Historia, es el chauvinismo aislacionista retrógrado el que va a sustituir al mito unificador transnacional europeo, y no al revés.
El caso es que en estas estamos, no sabiendo muy bien cuál es el eslabón que amenaza con hacer saltar el engranaje y la banca del gran casino belga, que está como para dar ejemplo: si la unión económica y monetaria, la desbarajustada unión política, o los supuestos imprevistos que carecen de receta milagrera en el Acuerdo de Schengen del 85, cuyo flanco más débil, el Frontex, están a punto de tumbar a cuatro brazos Berlusconi y Sarkozy, no porque tenga nombre de preservativo, sino porque a lo que se ve son partidarios de hacerlo a pelo, o sea, con la porra en la mano.
Desatendiendo a la dulce Carla, el emperador francés le está haciendo ojitos al electorado de Le Pen (el mismo que dijo que la ocupación alemana en la segunda guerra mundial «no fue particularmente inhumana»), por lo que tampoco es de extrañar que el magnate milanés se lo haya llevado al camastro sin muestra alguna de resistencia, después de comerle la oreja diciéndole que no está por la labor de seguir comiéndose a las decenas de miles de inmigrantes tunecinos que tienen hecha un barco negrero la isla siciliana de Lampedusa, paraíso turquesa de la bella Valeria Golino, la Gracia de Emanuele Crialese en Respiro, la novia de Tom Cruise en Rain Man. Villa Hardcore. Ruby Robacorazones, velina mía, mon amour.
Para mí que con toda su buena intención, los promotores del invento de la bandera azul con el redondel estrellado se obcecaron en predicar la matraca de la libre circulación de personas, capitales, bragas, sostenes y ligueros mágicos, y se olvidaron de anteponer como requisito primigenio indispensable la libre circulación de las ideas y el compromiso irrenunciable de la solidaridad.
A todo esto, nadie quiere pagar la factura de Grecia, Portugal e Irlanda, despilfarradores y manirrotos; nadie quiere tirar de la chequera para acudir al rescate de las economías en quiebra. Hasta en Alemania, los liberales del FDP, que gobiernan en coalición con la CDU, andan flirteando con la idea del euroescepticismo temerosos de un nuevo descalabro electoral.
Así que la Europa del facherío está que se sale de expectativas y la sarna se extiende como la epidemia de peste que diezmó Sevilla en el 49 del 1600: en Austria (FPÖ y BZÖ), Finlandia (los Verdaderos Finlandeses), la Dinamarca del Partido del Pueblo que tanto ruido hizo cuando la refriega de las dichosas viñetas de Mahoma, y la Holanda del ultra derechista Geert Wilders. Y todo ello sin olvidar a la Lega Nord italiana, Bulgaria, Lituania, Letonia, Eslovaquia, Eslovenia, Grecia, Bélgica y los Demócratas Suecos de Suecia.
Claro que si en la corrala ibérica somos incapaces de entendernos, siendo como somos cuatro gatos maulladores, ronroneantes y chapuceros, qué otra cosa cabía esperar de una Torre de Babel inmanejable donde cada cual es de su padre y de su madre, de sangre, trono y altar: iberos, celtas, germanos, vikingos, helénicos, latino-romanos, etruscos, eslavos, fenicios, árabes, judíos y gitanos; católicos, ortodoxos, protestantes, musulmanes y hasta seguidores del tarot de Rappel.
«El que no inventa no vive» (Ana María Matute). «El que no llora no mama» (euro-mamón, dixit). Euroescéptico yo? That will be your father!
Visto lo visto y aunque me cueste el descarte al Premio Salvador de Madariaga con el que cada año se distingue a colegas que destacan por su encomiable labor de divulgación de la construcción europea (…) ¡Españoles, si me queréis, irse!
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Periodista
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
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