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El fútbol es un juego y lo demás nacionalismo pueblerino

sábado 30 de abril de 2011, 09:52h
Partidos en los que se acumulan tantos sentimientos y emociones como los clásicos entre el Real Madrid y el Futbol Club Barcelona, hacen que a veces se desvirtúen las dimensiones e implicaciones de los mismos. Los medios de comunicación somos los primeros que debemos entonar nuestro particular mea culpa ya que muchas veces contribuimos a dar una importancia desmedida a lo que no dejan de ser simple deporte y juego, otorgándoles más espacios de los que se debería o utilizando adjetivos y epítetos desmesurados para describirlos. Así, nos encontramos con que eventos como el partido del pasado miércoles, del que no deberían sacarse más conclusiones que las meramente lúdicas o deportivas, acaban convirtiéndose en un capítulo más de la retrógrada guerra de nacionalismos que muchos se empeñan en mantener viva.

Las discusiones y polémicas que han seguido a la última victoria azulgrana en la semifinal de la Champions parecen completamente sacadas de quicio. No es nuestra intención entrar en discusiones estrictamente deportivas, sobre si la entrada de Pepe a Alves merecía la expulsión del jugador blanco o no. En todo caso, decisiones polémicas ocurren a cada paso sin que tenga sentido dramatizar errores humanos disculpables. Por eso, las declaraciones del entrenador merengue, José Mourinho, achacando la victoria del Barça a un complot internacional en contra de su equipo y a favor del contrario, parecen fuera de lugar, cuando no grotescas.. Como lo es el bochornoso espectáculo que protagonizaron los jugadores de ambos equipos enzarzándose en una pelea callejera en mitad del Bernabéu.

Tan ridículo y sacados de quicio son estos hechos, como quien quiere ver detrás estos encuentros motivaciones políticas que, como todo en este país, acaban en disquisiciones nacionalistas de vía estrecha. Los goles que el Barcelona pueda meter al Madrid no son victorias del nacionalismo
catalán contra el “Estado español”. Son simplemente goles que un equipo de fútbol -que tiene muchos seguidores que no comulgan con las ideas nacionalistas- mete a otro. La sana y legítima rivalidad deportiva no puede reducirse a un asfixiante y pueblerino discurso nacionalista que se
empeña en anteponer como realidades incompatibles a Madrid y Barcelona. Parafraseando el conocido dicho, pero en un sentido más bien opuesto a la intención con que fue acuñada la frase, Barcelona, como ciudad cosmopolita, es mucho más que un club. En la misma capital española- una ciudad internacional y dinámica de seis millones largos de habitantes- hay cientos de peñas, seguidores y aficionados del Barça, al igual que sucede lo contrario en la ciudad condal. Los vínculos entre ambas ciudades son mucho más fluidos y naturales de lo que muchos se empeñan en creer.

Eso sí, quienes quieren mezclar fútbol con política, exigiendo selecciones nacionales para Cataluña o Euskadi deberían plantearse, entonces, la contradicción que supone, jugar en la liga española o competir por la Copa del Rey. No busquemos los cinco pies al gato y disfrutemos del
mejor fútbol del mundo, que es lo que, por encima de todo, representan ambos equipos.
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