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¡Que se besen, que se besen!

lunes 02 de mayo de 2011, 21:45h
Lastima que no sea testigo del tiempo en que corremos, peligrosamente por cierto Don Benito Pérez Galdós para que completase sus “Episodios Nacionales”. Porque lo son, cada día con más intensidad, los hechos que no solo dan sombra al sol de la realidad, sino que nos asombran por poca capacidad de asombro que tengamos. Negra sombra que me asombra versos esos de un himno, más que canción, gallego.

Leo que cien millones de espectadores suman los que presencian los derbys, ceremonia de la ofuscación deportiva que se repite con cualquier motivo. Evidentemente no pueden asentarse en un estadio ni invadir ni una nación ni un continente. Menos mal que la televisión que a lo peor pronto marchará, contribuye a paralizar al personal y en feliz consecuencia hacer que los vehículos ahorren combustible, cosa muy recomendable, en tiempo de crisis y fórmula muy recomendable para que moros y cristianos no se inventen guerras sin otro objetivo que adueñarse de los pozos de petróleo.

Los árabes entendieron bien el quid de la cuestión invirtiendo petrodólares para adquirir diversos clubes europeos. Los chinos no pueden enviar fuerzas invasoras porque una buena parte de sus habitantes ya viven en Occidente. En vez de luchar por su economía los antiguos restaurantes y pequeñas tiendas de barato precio, han sido la manera de colonizar otros países. Según mis noticias pronto se construirán grandes almacenes, una forma de competir con los cortes ingleses.

En vez de los pronunciamientos, derrocamientos etc, en Oriente Medio los representantes de esas naciones siempre en pie de guerra podrán dirimir sus diferencias campos del honor useases estadios de futbol británicos, españoles, germanos que ellos están adquiriendo o patrocinando.

Les pido perdón y juro que no soy subversivo, si protesto por las campañas de pacificación que se hacen para ahormar al público que llena los estadios. Necesitamos muchos Mou y centenares de Peps para mantener el juego sagrado y lograr que no se hunda el chiringuito.

Nadie piense que pido la violencia, la presencia del agresivo gamberrismo ni las batallas campales pero estoy muy lejos de desear contiendas futbolísticas en las que se guarde más silencio que en un teatro o en una partida de ajedrez.

La barraca se desmoronaría si los “hinchas” se diesen la mano, dejasen de animar a sus equipos. En ese caso, mientras el futbol agoniza, en vez de gritos de entusiasmo, escucharíamos que todos los aficionados pedirían a los protagonistas, suplicantes o con el casi silencio de los corderos:

¡Que se besen, que se besen!.
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