La ejecución de Osama Ben Laden se produce en un momento histórico en el que la organización terrorista supranacional a la que dio vida, Al Qaeda, se encuentra prácticamente inerte. El surgimiento de nuevos movimientos armados en el mundo arabo-islámico, la influencia creciente de Irán y de las corrientes del chiismo radical en Oriente Medio, la renovación de la ideología salafista y el fracaso de Al Qaeda en todas las empresas de desestabilización acometidas en el espacio geopolítico musulmán, han hundido la organización liderada por Ben Laden y su lugarteniente e ideólogo Al Zawahiri. La muerte de Ben Laden es su final.
Al Qaeda perdió su influencia en el mundo árabe por su indiferencia e incapacidad para plantear una solución a la cuestión palestina. Desde hace seis décadas el conflicto en Palestina y la temática de Israel han centrado la política común en todo el mundo árabe. La totalidad de regímenes en esta área geográfica, republicanos, monárquicos o tribales; todos los movimientos y partidos políticos, socialistas, comunistas, nacionalistas o liberales; todas las corrientes de pensamiento ideológico, religiosas o laicas, han estado obligados a tomar posición ante el conflicto palestino-israelí. En todas las reuniones panárabes, sindicales, políticas, culturales, religiosas o simplemente de la sociedad civil, durante más de medio siglo se ha discutido este conflicto y tomado posición sobre el mismo.
Cuando surgió Al Qaeda en Afganistán como “base” de los voluntarios árabes que fueron a combatir la ocupación por el Ejército Rojo del país centroasiático, financiados por Arabia Saudita y apoyados en armamento por Estados Unidos, ni Ben Laden ni el ideólogo de Al Qaeda Al Zawahiri se dignaron tomar partido en el conflicto árabe-israelí. Solo años más tarde hacia finales de los 90, Ben Laden dio nacimiento a un “Frente Islámico Internacional para la Yihad contra los Judíos y los Cruzados”, para llevar adelante una lucha genérica contra “el imperialismo y sus aliados sionistas”.

Escultura de arena que representa el rostro de Osama Bin Laden en un libro junto a las palabras "El Fin" creada por el artista indio Sudarshan Pattnaik en la playa de Puri, India. Efe
La razón principal del distanciamiento de Al Qaeda con el núcleo principal del combate del nacionalismo árabe e islámico que suponía el conflicto en Oriente Medio, estribaba en la concepción misma de la organización que se basaba en la estrategia diseñada por Ayman Al Zawahiri. Y que consistía en la idea de que los regímenes “impíos o renegados del Islam”, solo podían ser destruidos por medio de atentados terroristas en sus bases esenciales: la estructura económica (empresas, inversiones extranjeras, turismo), la estructura política (parlamento, instituciones, magistratura), y la estructura de la seguridad (fuerzas policiales, militares y paramilitares). Los movimientos sociales, sindicales, culturales, las luchas políticas, la movilización popular, suponían para Al Qaeda “hacerle el juego al enemigo”; incluidos los movimientos de la resistencia palestina, Al Fatah o los diferentes grupos minoritarios que formaban parte de la organización para la Liberación de la Palestina (OLP).
Por esta razón cuando en la guerra del Líbano primero, y en el conflicto árabe-israelí después, surgieron los movimientos armados bajo influencia y apoyo de Irán y de Siria, como el Hezbollah, la Yihad Islámica palestina, Amal o Hamas, Al Qaeda perdió paulatinamente influencia y pasó a segundo plano.
La puntilla a la organización terrorista de Ben Laden se la ha dado la revuelta árabe de finales de 2010 y principios de este año, que ha demostrado que con la movilización popular es posible derribar gobiernos dictatoriales y emprender el proceso de reformas democráticas y de libertades. Las revueltas en Túnez, en Egipto, en Yemen, en Libia y ahora en Siria, han demostrado la falsedad de las tesis de Al Zawahiri.
Los residuos de grupúsculos terroristas más o menos manipulados por fuerzas ajenas a las luchas y reivindicaciones populares, como en el Sahel, en Argelia o en Yemen, aunque se reclamen de la franquicia de Al Qaeda, han perdido credibilidad y eficacia. Son temidos por Europa y Estados Unidos por su movilidad, por su capacidad letal al utilizar artefactos explosivos a distancia o sofisticados, pero ya no tienen ninguna influencia en las luchas de emancipación en el mundo árabe-islámico. Al Qaeda es un instrumento de terror para Occidente, pero no es un instrumento de emancipación para el mundo musulmán.