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primer acto oficial

Carla Bruni, de los establos del cotilleo a las estrellas de la elegancia

viernes 28 de marzo de 2008, 21:25h
La nueva Primera Dama francesa parece haber superado más que con éxito el primer examen oficial que le presentaba su nuevo título : esa visita oficial a Gran Bretaña teniendo nada menos que como anfitriones a la reina de Inglaterra y toda su corte. Había llegado precedida del escándalo con la subasta de unas fotos como su madre la trajo al mundo de 1993, cuando era Carla Bruni, una conocidísima top-model pero
desde luego no la esposa del presidente de la República Francesa. Ahora, dos días después, la nueva señora Sarkozy se ha ganado a la opinión pública británica, que ya la adora, a decir de los expertos.

"Carla Bruni-Sarkozy, ¿es la 'nueva Diana'?", se preguntaba en su portada uno de los leidísimos diarios sensacionalistas ingleses sin ningún tipo de ironía o ganas de ridiculizar el ejemplo. Y es que, en sólo dos días, la guapa ex modelo, la culta hija de una de las mejores familias del norte de Italia y la cantante de éxito acostumbrada a los focos y también a las críticas se ha metido en el bolsillo a todos los informadores que esperaban a hincarle el diente, ávidos. En cambio, de un plumazo, con tan sólo el conjuntito gris todo elegancia y esas bailarinas planitas, planitas, para no destacar ni incluso desde el punto de vista físico, del primer día, Bruni-Sarkozy –lista como el hambre como su enamorado marido- les hizo olvidar los tonos moralizadores y desaprobadores por elogios sin final sobre su impecable estilo. Así, el juicio final, como resumió el titular de "The Independent" , ha sido un "Francia 1, Inglaterra 0 (y no sólo en el fútbol)".



Foto de la portada del "Daily mail"


Lo que es sorprendente es precisamente "la sorpresa" general por la "inteligencia" de Carla Bruni en adaptarse a su nuevo estatus. Pero, vamos a ver, ¿no ha sido durante casi 15 años una de las mujeres más fotografiadas del planeta? ¿No ha logrado enamorar, más o menos temporalmente a genios de la música, a escritores y filósofos? Y cuando se cansó o se le terminaron los añitos de pasarela, ¿no logró
vender más de un millón de discos cantando con una de esas voces tan francesas susurrante y evocadora? Ahora, en su nuevo cargo, la ex top model ha dejado ver una vez más su inteligencia que encima está acompañada por una belleza espectacular.

Así pues, Carla se ha limitado a no hacer "estridencias" y a sacar partido de sus propias dotes. Atrás han quedado esas declaraciones en las que se definía como "una primera dama no convencional". También todas esas cosas escritas sobre "los nuevos vientos que la presencia de la cantante llevaría al Elíseo" han pasado a mejor vida.


Carla Bruni se ha atenido en Gran Bretaña al más estricto papel protocolario de perfecta esposa, que encima es inatacable desde el punto de la cultura, pues es bilingüe francés- inglés. Además, decidió abandonar esa media sonrisa un tanto fría, aunque si bien perfecta para toda situación, por un franco reir, mucho más acorde con el gusto del ciudadano medio, tanto galo como británico, bien harto de
actitudes "superiores" de sus castas políticas.

A ello se ha unido esa característica única que, como buena estrella, sólo podía tener la señora Sarkozy: dominar perfectamente esa moda de la que vivió casi 15 años, de forma que, para ella, lo más fácil es combinar un sobrio traje de pantalón gris con un abrigo violeta, el color rey de la temporada, algo sabido por todas y todos los adictos a la moda. En la cena oficial, por su parte, ¿qué más que un simple vestido negro con unas gasas y un collar de quitar el hipo para una mujer espectacular? Pero, por si ello no bastase, al elegir el abriguito gris con cinturón y bonete, la primera dama francesa también se aseguró de que los "originales" periodistas del mundo entero se "acordasen" inmediatamente de otra gran dama que hacía brillar el gris y convirtió las fotos con bonetes en su símbolo. Y esa no podía ser otra que Jackie Kennedy. Y encima, para evitar toda crítica, vestida siempre por Dior, la quintaesencia de la moda francesa cuyo genio creador, curiosamente, es un súbdito de Su Majestad. Toda una lección de diplomacia a través de los trapos. Incluso algún que otro periodista francés se ha dejado llevar por el entusiasmo al afirmar que "al final se le ha hecho justicia. Se han escrito tantas cosas falsas sobre Carla Bruni.


"Ella honra a nuestro país y no sólo por su apariencia exterior. Es una mujer de convicciones, sensibilidad y humanidad". Lo mismo que su enamorado esposo señaló en la rueda de prensa conjunta con el primer ministro británico, Gordon Brown, que puso fin a su visita de Estado. "Carla estaba muy preocupada. Se preparó mucho durante las últimas semanas. No es como las otras esposas de políticos. No ha participado a la conquista del poder, por lo que no es fácil para ella salir de un coche y tener las cámaras del mundo entero que te observan.", confió un orgulloso Nicolas Sarkozy a los periodistas, "olvidando" quizás un tanto que, aunque su esposa no daba mítines, desfiló durante años delante de los ojos de todo el planeta. Y encima en la pasarela menos piedadosa del mundo: la de la moda.


En todo caso, el orgullo del marido enamorado se inscribe también en la nueva estrategia de comunicación de Sarkozy, hipócritamente aceptada también por toda la prensa francesa. Así, el triunfo de Carla llega tras varias semanas en que, mientras el presidente es descrito como siempre, o sea, un hombre un tanto déspota, que no escucha consejos y que es excesivamente impetuoso, su nueva mujer acapara las principales portadas de las revistas francesas en el papel de la "nueva esposa que redimirá al indómito" Nicolas. Una orientación muy bien aceptada también por los editores de las publicaciones que no saben donde meterse ni como hacer olvidar al todopoderoso Elíseo las despiadadas rememoraciones del pasado amoroso de la ex top-model cuando apareció al lado del presidente. Olvidando, ellos esa vez, las reglas sagradas de la más elemental de las diplomacias: que un hombre político no hace nada por qué sí.

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