El Ejército en tela de juicio
Crece el temor a una involución en Túnez
lunes 09 de mayo de 2011, 13:58h
Las declaraciones del ex-ministro del Interior Farhat Rajhi sobre la ineluctabilidad de un golpe de Estado militar en caso de victoria de los islamistas en las urnas, han destapado las maniobras ocultas que los acólitos del dictador Zine Ben Ali llevan adelante para desencadenar una involución que sepulte la Revolución del Jazmín.
La represión policial contra una manifestación de jóvenes en el centro de la capital que protestaban contra el gobierno de Beji Caid Essebsi este fin de semana ha corroborado los temores suscitados en la población sobre la presencia de fuerzas benalistas en el seno de la Administración. Independientemente de la posible manipulación de ciertos grupos de manifestantes que se dedicaron a destrozar el mobiliario urbano, el uso de la fuerza por las brigadas antidisturbios fue absolutamente desproporcionado. El ministerio del Interior y el gobierno pidieron excusas y prometieron abrir una investigación.
El llamamiento conjunto hecho por los ministerios de Interior y de la Defensa a la población para que respete el toque de queda decretado en la región de la capital Túnez entre las 21H00 y las 5H00, ha suscitado sorpresas. En primer lugar por el hecho de que ambos ministerios intervengan coordinados sobre un problema que afecta al orden público, pero no a la seguridad nacional. Si bien en algunos medios se ha interpretado como el respaldo de los militares a la actuación de las fuerzas de seguridad que no gozan de prestigio y simpatía. El ministerio del Interior, según palabras del propio primer Ministro, “está sufriendo un choque psicológico y una crisis de confianza”, lo que explicaría los excesos de algunos responsables.
El momento de mayor tensión política vivido esta semana lo ha suscitado la declaración del ex-ministro Rajhi. Además de insinuar que personajes poderosos de la época de Ben Ali, como Kamel Letaief amigo personal del dictador, siguen dirigiendo el país entre bambalinas, Farhat Rajhi azuzó el tribalismo, oponiendo unas regiones a otras, y magnificó el peligro del islamismo fanático dando a entender que el movimiento Ennahda recién legalizado podría ganar las próximas Elecciones. Algo para lo que el ex-ministro del Interior recomendó como antídoto la toma del poder por los militares.
Las declaraciones de Rajhi no son gratuitas ni inconscientes. Siendo Fiscal general antes del derrocamiento del general Ben Ali, Farhat Rajhi no dudó en sus discursos de apertura de los años judiciales 2007 y 2008 en hacer la apología del dictador entonces Presidente. Razón suficiente para desconfiar de la imparcialidad del ex-responsable gubernamental cuando en el video de sus declaraciones difundido en Faceebok evoca las razones de la promoción del general Rachid Ammar al rango de Jefe del Estado Mayor interarmas como un paso necesario “para prepararle a tomar el poder en caso de victoria de los islamistas en las próximas Elecciones”.
El gobierno de Caid Essebsi se ha visto obligado a hacer una declaración pública calificando las declaraciones de Rajhi de “peligrosas y desprovistas de todo fundamento”. El primer ministro en funciones ha tenido que declarar que “el único gobierno que dirige actualmente el país es el Gobierno provisional”, y no un supuesto Ejecutivo en la sombra como dio a entender Farhat Rajhi.
Desde la sociedad civil se exige que Farhat Rajhi sea llevado a los tribunales. El ministerio de la Defensa ha pedido la intervención de la Justicia en el asunto. El periódico l'Audace, durante años la pesadilla de la dictadura Zine Ben Ali y Leila Trabelsi, que consiguieron clausurarle a pesar de ser editado en Francia, y que hoy se le arrebatan de las manos los tunecinos en todos los kioscos del país, exige que Farhat Rajhi sea arrestado.
El grupo de opinión Appel Republicain (Llamamiento republicano) se interroga esta semana en un comunicado sobre quién esta realmente detrás de las declaraciones del ex-ministro del Interior, quién las difunde y sobre todo quién tiene interés en que las Fuerzas Armadas queden al margen del proceso político post-revolucionario. Precisamente en un momento en que el Ejército se encuentra centrado en la defensa de la integridad del país puesta en peligro por las incursiones del Ejército de Muamar Gadafi en la frontera con Túnez supuestamente en persecución de los rebeldes libios que se habrían refugiado en el país vecino.
Una situación preocupante que coincide con un aumento de la inestabilidad en el país. En un solo fin de semana, señala l'Audace, 400 comisarías han sido incendiadas y saqueadas, a 32 taxistas se les han robado sus vehículos en la capital y una decena mas en Sousse. “Nadie puede afirmar que estemos en una fase post-revolución o en el inicio de otra de gran bandidismo. Algo que hace decir al periodista Slim Bagga opositor empedernido de la dictadura, que Túnez se acerca a la somalización. “¿Acaso los tunecinos que han expulsado a los piratas son ahora víctimas de los truhanes?”. “Ya no se trata de amar o detestar al actual primer Ministro Essebsi, señala el periódico, sino de saber si queremos que esta revolución conduzca por fin a la democracia y la igualdad social, o si vamos a seguir indefinidamente en estado de emergencia...”.
Un grupo de manifestantes se congregaron hace unos días ante el Palacio de Justicia de Túnez donde desplegaron una pancarta en la que se denuncia con nombres y apellidos 51 verdugos que han trabajado en el ministerio del Interior de la época del dictador Ben Ali, encabezados por el exministro del ramo Mohamed Ali Ganzoui. Este último ya ha sido detenido y deberá comparecer ante el juez.