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crisis en el mundo árabe

Gadafi anima la contrarrevolución árabe

miércoles 11 de mayo de 2011, 19:52h
Durante decenios el líder libio Muamar Gadafi fue vituperado y ridiculizado por los gobernantes árabes. Los monarcas y emires del Golfo le tildaban de excéntrico. Ni sus mas interesados amigos en el Magreb – Argelia, Túnez, Egipto o Mauritania – se tomaban en serio los sueños unionistas del atormentado beduino del desierto. Hoy, como punta de lanza de la contrarrevolución en Libia, el coronel de la jaima es considerado como el abanderado de la defensa del inmovilismo. Los estados mayores de Damasco, Sanaa, Bahrein o Argel, saludan su intransigencia.
Muamar Gadafi se ha convertido en el ídolo que hay que emular. El menosprecio hacia los valores humanos de que da cuenta cuando declara una y otra vez su deseo de “negociar” mientras no duda en bombardear sin piedad a todos cuantos se le oponen, ha servido de acicate paras que la cúpula militar del régimen sirio de Bachar el Assad aplaste las revueltas con tanques y armas pesadas. Idéntica reacción en Yemen, donde el detestado presidente Ali Abdalah Saleh declara una noche que va a dimitir y al día siguiente ordena a los comandos de francotiradores disparar a quemarropa contra los manifestantes desarmados.

Todo esto está siendo posible porque Muamar Gadafi dispone de armas y fondos financieros suficientes para mantener su particular guerra contrarrevolucionaria durante meses. Las operaciones quirúrgicas de la OTAN le afectan muy poco. Su última maniobra de supervivencia consiste en incitar el odio tribal y amenazar con rivalidades que pueden conducir a la limpieza étnica y al genocidio. Algo que sus émulos de otras capitales van a intentar poner también en práctica.

Las potencias militares occidentales y los movimientos, armados o no, de la oposición interna, se disputan la paternidad de las revoluciones que sacuden el mundo árabe. Todos piensan en recoger los frutos de la eventual caída de las dictaduras. Lo que conduce a menudo a una cacofonía y a conflictos de intereses en detrimento de las aspiraciones democráticas de los pueblos árabes.

Se explica ya que los 21 países que componen esta área geográfica disponen de las mayores reservas mundiales de recursos energéticos. Francia, Estados Unidos, China, Japón, toda Europa, tienen necesidad del petróleo y el gas árabes. Va en ello su supervivencia. Por eso no extraña la presencia de fuerzas militares y bases de intervención extranjeras en la zona. La sospecha de que la “generosidad occidental” al ayudar a las revoluciones árabes es algo mas que platónica, comienza a sembrar dudas en los movimientos de jóvenes que han pagado con decenas de vidas su levantamiento contra las dictaduras.

Desde Argel, Túnez o El Cairo, se comprende que Washington supervise toda la región del Golfo pérsico y de Asia central con sus bases en Bahrein y Afganistán, con la intención de vigilar atentamente cualquier intento de expansionismo chiita de los molahs iranios.

Como también se entiende que entre Francia y Estados Unidos se haya iniciado una carrera para ver quien defiende mas rápido y mejor a los movimientos rebeldes en los países árabes. Ambas capitales han sacado conclusiones de su parálisis – en el caso de Washington – o de su hostilidad – en el de París – ante la revolución del jazmín en Túnez. Y no quieren que se repita.

Pero hay también un beneficiario indirecto de este caos. Es Al Qaeda, que se encontraba convaleciente y en fase terminal como expectativa de alternativa aunque no como grupo terrorista, quien pretende ahora reivindicar las revueltas como inspiradas por el yihadismo del que fuera su líder carismático, Osama Ben Laden. Enardecidos, sus comandos se agitan en Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y el Sahel. En Yemen van aun mas lejos y amenazan diciendo que lo peor está por llegar.

Parece lógico pues que nada de lo que está ocurriendo en la Umma árabe-islamica deje indiferentes a Estados Unidos, Francia o Israel. Hay muchos intereses en juego. El espacio político en toda la región del Gran Oriente Medio, se está rediseñando. Entre otros factores con la entrada triunfal de los movimientos islamistas políticos en la escena. Los Hermanos Musulmanes en Egipto pueden ganar las Elecciones, y si son limpias estarán en el gobierno. Ennahda en Túnez también. Aunque quizás lo que mas preocupa en Occidente es que al calor de la revuelta en Siria se produzca un golpe de Estado pro-iranio que inevitablemente apoyaría al Hezbolah libanes en su lucha por conquistar el poder en Beyrut.
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