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Nueva emergencia basura en Nápoles: una vergüenza para Europa

sábado 14 de mayo de 2011, 00:58h
En vísperas de las elecciones municipales de este domingo para elegir alcalde, las calles de Nápoles han vuelto a llenarse de desechos y desperdicios, poniendo de manifiesto que la llamada “emergencia basura” sigue lejos de ser solucionada. La sempiterna emergencia basura no encuentra una solución definitiva y se convierte una vez más en un spot electoral. El envío del ejercito (los llamados marines de la basura) representa una medida paliativa, cuyos efectos resultan limitados a la duración de su misión. Por eso no extraña que el pasado noviembre, la misión de expertos enviada por la Unión Europea para evaluar la situación de las basuras en la ciudad y en la región constató que “la situación resulta tan grave como hace dos años”.

La periódica acumulación de desechos por las calles de la región Campania es la consecuencia de una alarmante y desesperada situación provocada por un perverso engranaje que implica a la camorra, la corrupción política, una gestión ineficaz por parte de los administradores locales y el desentendimiento estatal. La saturación de los vertederos existentes, la falta de incineradoras y sistemas de tratamiento de los desechos obligan cíclicamente a la ciudad, y a la región entera, a prepararse para vivir una nueva situación calamitosa provocada por la mala gestión de la administración local, la interferencia de la Camorra, la incapacidad de crear nuevas instalaciones para albergar la basura y la inoperatividad del Gobierno.

Desde que empezó la emergencia en cuestión (Ley 23/1973), se han sucedido 5 presidentes de la República, 9 legislaturas, 29 gobiernos y un considerable número de comisarios extraordinarios para gestionarla. Incompetencia política, corrupción, colusión y connivencia del Gobierno con el crimen organizado, determinan la dramática situación que comparten varias regiones del sur de Italia. No obstante, el Estado italiano, abúlico y desautorizado en gran parte de su territorio, no puede seguir eludiendo sus responsabilidades, delegando la gestión de la res publica en las organizaciones criminales locales. No se puede seguir ofreciendo soluciones paliativas y temporales, interviniendo con gestiones extraordinarias que se conviertan en la norma: resulta necesario plantear una gestión transparente del problema, planear soluciones eficaces que lo atajen de raíz y lo solucionen definitivamente. Una ciudad como Nápoles, de enorme riqueza histórica, artística, cultural y gastronómica, no puede seguir en condiciones tan degradantes: sería una derrota no sólo para Italia, sino para toda la Unión Europea y aún para la civilización occidental en su conjunto. Es, en suma, una vergüenza para todos y todos debemos denunciarlo.
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