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crítica

Vida de Marañón

sábado 14 de mayo de 2011, 01:08h
Antonio López Vega: Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal. Prólogo de Juan Pablo Fusi. Taurus. Madrid, 2011. 552 páginas + un álbum de fotos. 21 €
Esta gran biografía del Dr. Marañón es una buena puerta de entrada a la obra y a la figura de uno de los intelectuales españoles más representativos de la primera mitad del siglo XX. Escrita de una manera ágil, el autor ha conseguido no solo un relato riguroso, sino la mejor apología de su personaje a base de mostrarlo de una manera objetiva y no ocultar las dificultades a las que tuvo que enfrentarse. El Marañón de López Vega es el Marañón que he llegado a conocer en mi infancia y un importante punto de referencia en mi ámbito familiar: es decir, el Marañón de una vida lograda, el proverbial trapero de su tiempo capaz de llevar simultáneamente varias vidas con enorme éxito. Dejó tras de sí una labor asistencial muy destacada y una trayectoria de investigador notable; fue importantísimo tanto como historiador independiente como por autor de psico-biografías donde aplicaba sus conocimientos médicos a personalidades históricas; y por la orientación que supo dar a la historiografía vigente después de la Guerra Civil. “Representó” el médico y la causa de la medicina ante la sociedad y los distintos gobiernos de España de su momento. En su faceta del hombre público fue un punto de referencia para la opinión progresista que llegó a facilitar la transición a la Segunda República. Pero sobre todo, un espíritu de generosidad y de desinterés extremo presidía una actividad benemérita y proteica a la que se entregó a lo largo de su carrera.

Destacaría del trabajo de Antonio López Vega tres puntos. En primer lugar, en el caso de una figura como Marañón, ante la dificultad de elegir lo que sea más relevante y expresivo de la persona, este es un trabajo logrado que ha seguido un excelente criterio tanto en lo que había que destacar como en aquello que merece quedar en segundo plano. Desde ese punto de vista, hay que destacar el uso de la correspondencia inédita de Marañón con la que fue su mujer, Dolores Moya. Una vez más, la correspondencia particular se convierte en una fuente de primer orden para conocer la realidad de la vida pasada. No solo se asiste al desarrollo de una relación central en la trayectoria de D. Gregorio, sino que a través de estas cartas revive la vida cotidiana del Madrid de comienzos del siglo XX. Dicha correspondencia también permite reconstruir mejor la estancia de Marañón en Frankfurt como becario adscrito al Instituto de Investigaciones Biológicas y al Laboratorio de Química Fisiológica. No solo encontramos nuevas fuentes o el uso oportuno de la obra publicada y del trabajo de otros investigadores, sino una valoración de diversos aspectos de la obra de Marañón que tiene en cuenta las preocupaciones de nuestro mismo momento. El epígrafe “Mujer, sexualidad y feminismo”, por ejemplo, nos da una imagen matizada de su posición respecto a cuestiones de género. De todas formas, el mismo acierto se encuentra a lo largo del conjunto de la obra, tanto en la elección de textos del propio Dr. Marañón como en la de sus contemporáneos.

En segundo lugar, el relato nos ayuda a hacernos cargo de las dificultades que le ocasionó la situación política de España en los años 20 y 30 del siglo pasado. Fue muy destacada su oposición a la dictadura de Primo de Rivera y su completa sintonía con la postura de Unamuno. En el caso del médico, este fue encarcelado y multado por ello. El problema mayor sería planteado por el advenimiento de la Segunda Republica. Es acertado titular el espacio dedicado “Desconcierto” por más que Marañón tuviera un papel importante en la transferencia de poder. La clase intelectual y la clase política del momento estuvieron rebasadas por la dinámica de los acontecimientos. En una situación que terminaría en un enfrentamiento bélico entre dos partes del país, la humanidad de D. Gregorio poco podía conseguir. La distinción entre ideas y conducta era esencial en el comportamiento de Marañón. Podía disentir de la ideas de alguien y sin embargo su ideal era mantener una línea de trato que le respetara en lo personal. Al ser una personalidad de primer rango en el ejercicio de la medicina, el espectro de sus conocidos, con los que en muchos casos mantenía relación de amistad personal, se extendía prácticamente al arco completo de las distintas posiciones políticas del momento: incluía miembros de la Familia real, el conde de Romanones o el duque de Alba y llegaba hasta Indalecio Prieto y García Lorca. De todos ellos era amigo y, frecuentemente, confidente mucho antes que un interlocutor con el que se podía disentir en lo que respecta a las ideas. Ciertamente, esta mentalidad abierta resultaba prácticamente un academicismo en el contexto maniqueo del enfrentamiento de las dos Españas, aun cuando mantuvo la buena voluntad y el optimismo liberal prácticamente hasta la llegada del enfrentamiento bélico y su exilio.

La vuelta de Marañón a España es tratada en la última parte de la obra bajo el título “Posibilismo”. Creo que es extraordinariamente acertada la presentación que hace López Vega. En primer lugar resalta el valor de Marañón como historiador que se distancia de la visión oficial de la historia de España de los años 40 para reivindicar una valoración del siglo XVIII. También, la experiencia del exilio que él había sufrido en París desde el comienzo de la Guerra Civil condiciona su perspectiva de historiador. Ya en 1938 vislumbró una Historia de las emigraciones políticas españolas entre los siglos XV y XX. No llegó a publicar esta obra planeada, pero muchos de sus capítulos aparecieron como artículos o trabajos sueltos: la expulsión de los judíos, la expulsión de los jesuitas, Antonio Pérez, Servet, Luis Vives, Garcilaso de La Vega… También, la posterior Españoles fuera de España refleja esta orientación de la obra del Marañón historiador. La cuestión no era tanto enfrentarse frontalmente con la visión heroica de España y la recreación en la gloria del siglo XVI, sino poner de manifiesto la existencia de otra historia alternativa donde los protagonistas, además de víctimas hicieron una aportación real a la cultura española del momento.

Por otra parte, López Vega, utilizando la misma correspondencia de Marañón, pone de manifiesto cómo se prestaría a ayudar a todo aquel que se le acercara pidiendo auxilio. Sobre todo, resultó claro su disentimiento con la España de Franco, disentimiento que le llevó a mantener claramente su propia personalidad. En estos dos sentidos, nunca traicionó su talante liberal aunque, al mismo tiempo, conviviera en un contexto institucional que desaprobaba abiertamente. Su disensión no era con la sociedad española con la que, en principio, se identificaba, sino con una orientación política que contravenía claramente el liberalismo que caracterizaba su trayectoria.

Por Jaime de Salas
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