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Políticos mundiales y sexo violento

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 18 de mayo de 2011, 10:28h
Ben Laden tenía una colección de vídeos porno y el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, acusado de agresión sexual.

Esto dicen los periódicos de todo el mundo. Y hay que preguntarse, entonces, que está pasando para que precisamente quienes van de líderes mundiales ingresen en esta abyecta lista de depravados.
Porque Ben Laden, además de ser el terror mismo hecho persona, pretendía dirigir todo el mundo islámico y por proyección terrorista, al resto. Y hacerlo, además, desde la extraña superioridad moral que da el tener la razón espiritual. Y su formación (o deformación) como gran líder moral, con base religiosa, suponía que hacía de él un dechado de virtudes.

Por su parte Strauss-Kahn, es un Jefe de Estado (según el rango oficial concedido a su título), que por si fuera poco, en esta época de crisis mundial es, precisamente, centro de gravedad permanente de todas las referencias económicas en todo el planeta. Y su formación occidental, miembro del Partido Socialista, hacía suponer que tenía claro lo que el respeto a la persona, desde luego a una empleada de hogar o a una señora de la limpieza, suponía.

Aparentemente no se entiende esta chocante combinación de virtudes públicas y vicios privados. No cabe en la cabeza que quienes tienen la mayor responsabilidad en todo el orbe, se dediquen a realizar actos tan oprobiosos como estos. Algo está fallando, en todos los líderes, incluso en aquellos que son los más violentos, como los terroristas.

Lo que no se sabe bien es si esta dicotomía, esta bipolaridad, tiene solo una explicación personal, - un par de depravados más- o si responde a la convicción de la impunidad de quienes detentan el poder y son sabedores de que la inmensa mayor parte de las veces pueden hacer lo que les plazca y no ocurre nada de nada.

Me temo que la explicación va en esta línea. Hoy no existen grandes exigencias morales en realidad ni responsabilidades por el abuso del cargo o del poder. La moral, y el Derecho, se están moviendo continuamente en la esfera de “consensos”, con roturas consentidas de las virtudes tradicionales, que además se producen como si fuera algo corriente y que tuviera que suceder con entera normalidad.

No estamos sabiendo exigir responsabilidades. Ni la sociedad en general ni los jueces en particular. Existe una amplia lenidad en la mirada sobre el poder, una alborozada sonrisa y aplauso para quien simplemente manda. Y bien que ellos luego la utilizan.

Hasta ahora, fundamentalmente era la corrupción económica, la que más preocupaba. Cierto que los políticos, todos, practican el nepotismo que llega a veces a la más absoluta e indigna arbitrariedad, y el propio Strauss – Kahn ya fue advertido de ello, pero no reprobado, cuando colocó a una amiga en un puesto de funcionario. Ahí estuvo el fallo. Si se le hubieran pedido explicaciones de verdad hasta el final, de forma que “quien la hace la paga”, entonces desde luego no se habría producido esta estúpida situación de asalto sexual por la que hoy tiene que pagar.

Lo que mueve a estupor es que también en el más recóndito mundo islámico y dentro de él, del terror nada menos, suceda exactamente lo mismo. Esta es una verdad que conviene retener. No pretenden cambiar nada, solo mandar ellos mismos con las armas de la más completa violencia. Pero para seguir abusando de los demás. Nada de redención tras el Terror. Nada de un Robespierre que puro y limpio exige la más dura aplicación de la pena capital pero por razón de la más pura exigencia moral. Nada de eso.

O la sociedad en todo el mundo comienza a darse cuenta de que la exigencia de responsabilidad es absolutamente necesaria, o cualquiera que logre el poder podrá hacer siempre de la capa de los demás su sayo personal. Y detrás de la responsabilidad está la exigencia de culpabilidad y de transparencia. Y así, en cascada continua, siguen y siguen todas las virtudes clásicas que ya desde los Griegos sabemos bien cuales son y a qué vicios atacan.

Parece necesario comenzar a reflexionar sobre la calidad de todas las Instituciones, desde una perspectiva de la responsabilidad. Habrá que atacar, desde luego, la falta de vergüenza de un Director del FMI (si se prueba su culpabilidad, desde luego). Y habrá que saber utilizar esa misma razón occidental para exigir a la barbarie terrorista lo que desde cualquier otro ángulo nadie puede exigir. Por ejemplo, ahora, mostrando que “el Noble Ben Laden” era un sucio pervertido que se dedicaba a divertirse con lo más bajo de la condición humana: el abuso sobre el débil.

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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