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COLOMBIA: UN RODEO MÁS

sábado 29 de marzo de 2008, 22:02h
El estado de Ingrid Betancourt ha llegado a tal extremo que el presidente colombiano, Álvaro Uribe, ha accedido a autorizar la excarcelación sin condiciones un número ilimitado de presos de las FARC a cambio de la liberación inmediata de la ex candidata presidencial. Aunque nadie sabe a ciencia cierta cuáles son las enfermedades que afectan a Betancourt, que lleva siete años secuestrada, parece que su vida corre serio peligro. El Gobierno de Uribe asegura que el decreto hecho público el viernes está movido por la urgencia humanitaria. Lamentablemente, todo apunta a que no sea más que un bandazo más dentro de este trágico asunto.

Para empezar, las condiciones que Uribe ha puesto sobre la mesa para liberar a los guerrilleros resultan cuanto menos, extrañas. No parece lógico que se acceda a excarcelar a cualquier preso, sea cual sea su crimen -incluyendo los de lesa humanidad- a cambio de la aparentemente ingenua condición de que no vuelvan a delinquir. Por una parte resultaría casi imposible controlar esta cuestión y, además, la experiencia demuestra que la mayor parte de los desmovilizados vuelven a la lucha.

Además, resulta contradictorio que al mismo tiempo que se hace público el decreto, siga en pie la oferta de 100 millones de dólares de recompensar para aquellos guerrilleros que ayuden a liberar secuestrados. Pero, por encima de todo, el hecho fundamental que indica la poca solidez del ofrecimiento de Uribe estriba en que en el texto hecho público no hay mención alguna de una de las condiciones inamovibles de ambas partes: la zona de despeje.

Todas estas cuestiones hacen pensar que el anuncio de Uribe es más un golpe de efecto que una realidad. Su cambio de opinión podría responder a la enorme repercusión que el agravamiento de Betancourt ha tenido en la opinión pública colombiana, sumado a la fuerte presión internacional ejercida por Francia y Brasil. Todo apunta, a que en el fondo, Uribe sigue albergando la esperanza de rescatar a la política secuestrada por sus propios medios y que con su oferta se cubre las espaldas de cara a quienes critican su inflexibilidad en el asunto de los rehenes.

¿EXISTE UN ISLAM MODERADO?


Tras la enorme polvareda levantada por las caricaturas de Mahoma en un semanario danés, se avecina otra polémica con idéntico trasfondo. Esta vez es un cortometraje, "Fitna", realizado por el diputado holandés Geert Wilders, el que amenaza con desatar la ira de la comunidad islámica holandesa, y por ende, la de todo el mundo. Dicho cortometraje intercala imágenes de los atentados de Nueva York, Madrid y Londres con versículos del Corán en los que se incita a la lucha contra los infieles. Además, se inicia con la caricatura de Mahoma con un turbante-bomba, del dibujante danés Kurt Estergaard.

Las reacciones en contra no se han hecho esperar. Países como Pakistán, Indonesia o Irán ya han mostrado su rechazo. No deja de resultar significativo el que sean las primeras en alzar su voz naciones donde la libertad de expresión no alcanza precisamente sus más altas cotas. Pero ya se contaba con ello. El mundo musulmán tiene una manifiesta hipersensibilidad con todo aquello que atisbe alguna crítica, y formularla suele implicar, a su juicio, graves ofensas contra el Islam. Sea cual sea. El budismo, el judaísmo y la Iglesia católica son objeto de mofa y escarnio permanente, sin que a nadie parezca importarle demasiado. Pero cada vez que a alguien se le ocurre hablar, escribir o dibujar sobre el Islam, las reacciones son furibundas. Quizá sea éste el motivo por el que hasta el Secretario de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha condenado el cortometraje.

¿No estamos yendo demasiado lejos? La realización técnica, el guión o la fotografía del corto en cuestión pueden ser objeto de crítica, así como su argumento. Nada más. No hay contenidos blasfemos ni se dice mentira alguna en el mismo. ¿Entonces? Entonces, el corto está en lo cierto. Hay demasiado odio en torno al Islam como para que su adaptación al mundo actual sea factible. Gente que no sabe leer y quema libros porque un mullah así lo dictamina, musulmanes de medio mundo clamando contra una simple caricatura que no han visto. Y más. O el Islam evoluciona hacia postulados algo más tolerantes, o seguirá habiendo problemas. Quizá deberían empezar por hacer una relectura de la Sharia; sería un buen comienzo. Porque hoy en día, lapidar a una mujer por adúltera o golpearla cuando así lo estima oportuno el marido no se antojan comportamientos muy civilizados. Ni tampoco conceptos como la Yihad, o guerra santa; no hay ninguna guerra santa, son todas diabólicas.

LA MAREA MAGENTA


Despacio pero sin pausa el joven partido que lidera la ex socialista Rosa Díez, Unión Progreso y Democracia (UPyD), se va afianzando en el cerrado panorama político nacional. Después de dar la campanada en las elecciones, haciéndose tan sólo seis meses después de su nacimiento con un escaño en el Congreso y más de 300.000 votos en todo el país -convirtiéndose en la quinta fuerza más votada, por delante de partidos como el PNV- el partido anuncia que en octubre celebrará su primer congreso.

En un escenario tan polarizado como el actual, resulta refrescante e incluso higiénico, desde el punto de vista democrático, que un partido de las características de UPy D se refuerce para que en un futuro pueda servir de bisagra entre PP y PSOE. Un bipartidismo equilibrado es señal de la buena salud de una democracia, pero resulta aún mejor si la receta viene aderezada con formaciones que lo completen y, aunque sea mínimamente, maticen. En un sistema electoral basado en el consenso, como el nuestro, se echa de menos que tanto PP o PSOE puedan cerrar acuerdos de gobierno con partidos que, más allá de las lógicas diferencias ideológicas, tenga claros cuáles son los principios inamovibles en los que han de sustentarse las cuestiones de Estado. Hasta ahora, este papel siempre ha estado en manos de los partidos nacionalistas, resultando paradójico que quienes se postulan abiertamente en contra de la Constitución, acaben teniendo -amparados en los derechos que les otorga la misma- la última palabra en decisiones de enorme calado.

Hemos visto en demasiadas ocasiones como reivindicaciones excesivas de los partidos nacionalistas han sido aceptadas en función de los pactos de gobierno. Es por ello una buena noticia que formaciones que entienden sin dobles sentidos en qué consiste exactamente el sistema y que lo defienden sin ambages, se afiancen. Aún será necesario más tiempo para ver si la ‘marea magenta’ es algo más que un ‘bluf’, pero, por lo pronto, Díez y compañía no van por mal camino.

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