Veretana periodista y escritora, Anna Grau atiende a EL IMPARCIAL con motivo de la presentación de su último libro, 'De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en la guerra de Irak', una interesante aproximación a la verdadera historia de la Agencia ultrasecreta norteamericana y el papel que ha jugado en los acontecimientos más relevantes de la España reciente. Haciendo uso de la ironía, el sentido del humor y una gran labor de documentación, Grau logra abordar algunos de los asuntos más espinosos de las relaciones bilaterales entre nuestro país y Estados Unidos sin con ello perder una ápice de rigor periodístico.
El título del libro es “De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco...". Sin embargo, en el primer capítulo se desmonta esta teoría…Mi idea era poder hacer un libro para todos los públicos, un libro que llegara a todo el mundo. A veces, el peligro es que te documentes tanto, que profundices tanto en un asunto que sólo interese a los especialistas.
El título es pura ironía. Lo que pretendía con él y con el libro es desmitificar los grandes hitos del antiamericanismo sociológico, las grandes leyendas urbanas. Aunque me hubiera encantado encontrar papeles que demostraran que la CIA mató a Carrero Blanco o al ex presidente Kennedy, lo cierto es que he dado justo con todo lo contrario.
¿Es la CIA el cajón de sastre de todas las teorías conspiratorias?Es muy tentador. Muchas veces las cosas son indemostrables. Hay gente que hace cábalas sin saber lo que dice, hay gente seria que no las hace y la hay que las hace sin darse cuenta. Sigue habiendo situaciones, como es el caso de la reciente detención de Dominique Strauss-Kahn, que no nos cuadran, que no entendemos o que nos sorprenden mucho. En estos casos, y de manera instintiva, intentamos darle sentido a las cosas. Uno rechaza el absurdo y empieza a buscarle un sentido. Es un impulso lógico.
De este modo, la teoría del complot o de la mano negra hace comprensible lo que sin esas fantasías no lo parece tanto. La trama de la conspiración, sobretodo si es extranjera, va muy bien para blanquear responsabilidades propias o ciertas lagunas difíciles de reconocer.
¿Se fomenta de algún modo esa imagen desde la administración estadounidense?En el pasado, la CIA ha intentado aparentar un poder que no tenía. La Agencia alcanzó el punto álgido de su prestigio en los años 50, en los momentos más acuciantes de la Guerra Fría, y ya entonces dejaba mucho que desear. Al principio, se creó para recoger información. Pero, rápidamente y debido a la herencia que recibe de la Segunda Guerra Mundial, se desvía hacia acciones más bien clandestinas. Pasa de recabar información a intervenir de manera directa. Una cosa es enterarte de dónde esta Ben Laden y otra muy distinta es ir a buscarlo.
La CIA ha tendido más a las acciones de contrainformación, de contrapropaganda o de clandestinidad que a la recogida e interpretación concienzuda de la información. Hace bastante que su capacidad de recogida de datos está muy mitificada. En estos momentos, no hay un particular intento de Estados Unidos de darle cancha al mito de la CIA, algo que sí pasaba en la Guerra Fría. Ahora, la Agencia tiende cada vez más hacia una organización paramilitar, algo más tipo Navy SEAL de Abbotabad. Le interesa llamar la atención lo menos posible.
A pesar de todo, seguimos teniendo una idea romántica o ‘jamesbondesca’ de la inteligencia norteamericana que a veces es verdad y otras, no tanto. Lo que sí es cierto es que tiene muy poco que ver con los resultados que obtiene. La CIA cosecha muchos más fracasos que éxitos. Por tanto, su prestigio es del todo infundado.
¿Podría decirse que la CIA es el bisturí de la política exterior de Estados Unidos?Sí, de algún modo podría decirse que esa es la metáfora. Ahora bien, creo que, al mismo tiempo, ha sido una de sus grandes debilidades, precisamente. El perfil de un servicio de espionaje no es el mismo que el de un cuerpo paramilitar de élite. No son las mismas habilidades ni la misma actitud ante el mundo, aunque puedan solaparse.
Sin embargo, mientras en las películas todo esto queda muy bien y es fácil de sentirse atraído, muchas veces lo complica. La realidad no es una película de aventuras, es mucho más aburrida. Son miles y miles de informes que hay que analizar, que valorar, que comparar etc. Y muchas veces son asuntos muy áridos como la situación financiera de un estado o sus recursos naturales. Nada glamuroso. En este sentido, la CIA sí actúa más como un bisturí paramilitar. Eso ha debilitado su capacidad para analizar y entender el mundo que la rodea.
Leon Panetta, director de la CIA y próximo secretario de Defensa.¿Qué nivel de penetración tiene la CIA en España?Si por penetración entendemos que debajo de cada mesa de este país hay un micrófono, esa época ha pasado hace tiempo. Ha habido etapas en las que la CIA tenía una presencia brutal en nuestro país. No tanto porque les interesase nuestros asuntos, sino porque a través de nuestro país podían alcanzar otros objetivos.
En la actualidad, la política de la Agencia respecto en España se basa más en cambiar cromos con nuestros servicios secretos, como quien dice, más que en poner micrófonos por todas partes.
Uno de los principales atractivos de este libro es la importante labor de documentación que esconde detrás y que queda patente en la reproducción de numerosos documentos oficiales y confidenciales en sus páginas...La verdad, es la vez en mi vida en que más cerca me he sentido de ser Mata Hari. Yo investigaba legalmente, por supuesto, pero las medidas de seguridad que rodean a los Archivos Nacionales de Estados Unidos son increíbles. Eso sí, no he llegado ni de lejos a los límites que alcanzó un asesor de Bill Clinton cuando se llevó varios documentos perjudiciales para él en los calcetines.
Lo realmente bueno es que en Estados Unidos no puedes mantener un secreto de manera indefinida. Antes o después se acaba sabiendo. Es más, hay determinadas leyes que regulan los secretos de Estado y el acceso a los mismos. El problema es que estas leyes están cruzadas entre sí para que sea muy complicado poder llegar al material realmente interesante o sensible. Además, una cosa es lograr acceder a determinados documentos y otra muy distinta de qué modo puedes reproducirlos para tus intereses. Es toda una odisea.
Por último, ¿a quién le hubiera gustado entrevistar y no ha podido?A Henry Kissinger, sin duda. Aunque soy consciente de que sería muy difícil cogerle en un renuncio, él sería mi primera opción. Moriría más feliz si pudiera entrevistarle. Es un personaje apasionante y tan sumamente inteligente que no es fácil pillarle con la guardia baja. Es una persona que, aunque haya ocultado cosas, expone con una extraña franqueza la realidad de cómo suceden las cosas.
De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en la guerra de IrakLa verdadera historia secreta de España y Estados UnidosDe Anna Grau
Editorial Destino
400 páginas
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