Chile imparable, Argentina debe apresurarse
sábado 21 de mayo de 2011, 00:25h
El Banco Central de Chile anunció esta semana que durante el primer trimestre del año la economía del país creció en un 9,8 por ciento, lo que supone un récord histórico para la pujante estado suramericano que muestra claras pretensiones de querer cruzar la barrera de las naciones desarrolladas. No en vano, el presidente Sebastián Piñera anunció la aplicación de cincuenta nuevas medidas económicas para potenciar el “boom chileno”.
Chile, junto a Brasil, lideran la buena racha que atraviesan algunas de las economías latinoamericanas como México, Colombia e incluso Perú. Es incuestionable que los Gobiernos de Santiago de Chile y de Brasilia son, hoy por hoy, las potencias emergentes por excelencia que se dan al otro lado del Atlántico, lo que las convierten en un eje estratégico para la geopolítica que comienza a tejerse en torno a las “nuevas economías”, las cuales cada vez aspiran a un mayor protagonismo dentro del mapa mundial.
Piñera no ha dudado querido ocultar sus ambiciones de llevar a la nación andina al siguiente nivel, y no cabe duda de que comienza a destronar a Argentina del reino de las proclamadas potencias suramericanas, pese a presumir de silla en el G-20, aún cuando apenas ha hecho los deberes ni ha reunido los mínimos puntos necesarios para pertenecer a tan honorable club. Algo que Chile ha logrado y superado con creces, con la peculiaridad de que no forma parte oficial de la "Orden".
El gobierno argentino ha de tomar nota y seguir el ejemplo de sus vecinos del Pacífico para alcanzar el nivel de desarrollo y “emergencia” que el grupo espera del país. América Latina se abre a una nueva etapa de su historia en la cual podría ser algo más que una promesa o el “Backyard” de Estados Unidos. La región, en su mayoría, se muestra ambiciosa ante su aproximación al “Tío Sam”, Europa y Asia, ya que sabe que, en el momento actual, hay más que ganar, que de perder.
Argentina se está quedando atrás y eso no es un buen pronóstico para un país que logró colarse en el hermético grupo de los "desarrollados y emergentes". La nación austral no tiene otra alternativa que esforzarse por estar a la altura de las circunstancias e intentar equipararse al siempre discreto Chile y al influyente Brasil si quiere justificar su presencia en el G-20.