www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

A la caza del gazapo (histórico) (2)

José Manuel Cuenca Toribio
lunes 23 de mayo de 2011, 13:45h
Obviamente, el medio aquí utilizado –las páginas de un acreditado diario digital-no es el más adecuado para acometer la tarea de la que se hablaba en el artículo precedente. La acezante curiosidad que despierta en nuestros días todo lo relacionado con los “famosos” de todo oficio y condición, disimulará, sin embargo, un tanto lo enfadoso de cualquier trabajo de erudición como el emprendido ahora, siempre, no obstante, a título meramente ilustrativo y de extensión muy limitada.

Conocido de casi todos los lectores será que Torcuato Luca de Tena, perteneciente a una linajuda saga periodística de corte conservador, fue todo lo que se podía ser en la cultura de la España del llamado “segundo franquismo”. Dotado de ágil y versátil pluma y autor de una extensa y variada obra, este académico de la Lengua mostró aficiones históricas muy arraigadas, con trabajos de cierto interés sobre distintos capítulos de la historia de la América española. Adentrado en la senectud escribió unos recuerdos –Papeles para la pequeña y la gran historia. Memorias de mi padre y mías (Barcelona, 1991)- que constituyen en muchos de sus pasajes un testimonio relevante sobre el acontecer de su tiempo (Madrid, 1923-Madrid-1999). El párrafo siguiente pertenece a la p.173 del mencionado libro: “Mi padre siempre consideró que el asesinato de Salazar Alonso por las turbas en julio de 1936 no fue debido a su abandono voluntario de las logias masónicas sino al apoyo que o prestó a ABC en la huelga de marzo de 1934, a la que declaró fuera de la ley”. Este célebre y arrojado político radical –de extracción muy humilde- murió fusilado en Madrid, tras el correspondiente juicio por un tribunal popular, el 23 de setiembre 1936.

Otra personalidad de acendrado monarquismo como el anterior, el santanderino Eugenio Vegas Latapié (1907-Madrid, 1985), dio a la estampa en las postrimerías de la centuria precedente, unas voluminosas e interesantes memorias en tres volúmenes publicadas cada uno de ellos por distinta editorial. En el II (Madrid, 1987) –el más denso y preciado desde el punto de vista historiográfico-, se afirmará en la p. 328: “Después de la muerte del primer ministros Baldwin, el 28 de mayo (1937), ocupó su cargo Neville Chamberlain”. El que fuera en tres ocasiones Premier falleció, convertido en lord desde un decenio atrás, el 14 de diciembre de 1947. Por lo demás, habrá que recordar que Vegas Latapié, letrado del Consejo de Estado a edad muy precoz para los standars de esa reputada profesión, poseyó una vasta cultura histórica, singularmente en su parcela hispano-francesa al tiempo que siempre mostró un hondo respeto por la disciplina de Clío y, en general, por el oficio intelectual, colocando la cultura en la base de todo régimen y sistema de convivencia.

La restauración de la democracia en nuestro país tiene contraída una elevada deuda con la eximia figura de D. José Ortega Spottorno (Madrid, 1916-2002). Ingeniero agrónomo y tercer y último hijo del autor de La Rebelión de las masas luchó incansablemente en los días del franquismo por mantener encendidos los rescoldos de las libertades eclipsadas con la gran tragedia de 1936. Humanista y bibliófilo, gustó también del tormento de la escritura. Su libro memoriográfico Los Ortega (Madrid, 2002) es una obra otoñal por la materia como asimismo por la edad en la que la redactara, carente de un repaso con “piedra pómez, que no es nada y es todo”, según afirmara su progenitor con su habitual y admirable perspicacia. Ello explica, sin duda, los gazapos deslizados en su sereno y asaz sugestivo texto, que, sin invalidar su altor valor historiográfico, desluce u opaca ciertos de sus enjundiosos parágrafos. Así tanto las inexactitudes de la p. 25 –“…hasta llegar a la Constitución de 1858”- como de la 97 – “Ortega y Munilla ingresó como miembro de la Real Academia Española el 30 de marzo de 1920, ocupando el sillón que había dejado vacante Campoamor “ (muerto éste en 1901, un año antes de que, en realidad, se produjera la entrada del gran periodista en la dicha corporación)- hubieran sido de fácil corrección ya que a primera vista se observa que se trata de un mero trastabilleo cronológico. Mayor entidad y calibre tiene quizá el error factual de adelantar en tres años la famosa y polémica Ley de Prensa promulgada a instancia de Fraga Iribarne en 1966: “Cuarenta años después de la fundación de la Revista de Occidente, pudimos, en abril de 1963, iniciar su segunda época aprovechando que la censura franquista se había abierto un poco con la ley de Prensa del ministro Fraga” (p. 314).
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios