Sorprendiendo a propios y a extraños, el presidente Obama ha reabierto el problema territorial entre palestinos e israelíes instando a ambas partes a retomar las fronteras de 1967 para intentar reactivar el proceso de paz en la región. El plan, enmarcado dentro de la política de Estados Unidos para Oriente Medio, ya ha levantado ampollas en ambos bandos. De hecho, Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, lo rechazó de pleno delante del Congreso de EEUU apelando a que las líneas propuestas por Obama son "indefendibles". ¿Es viable la reestructuración propuesta por la Casa Blanca? ¿Qué complicaciones podrían encontrarse? ¿Qué intereses se esconden detrás del anuncio del presidente estadounidense?
Para muchos, la rueda de prensa que ofreció Obama hace escasos días era una de las más importantes y trascendentales de su primer mandato. En ella, el presidente norteamericano expuso las líneas maestras de su administración de cara a Oriente Medio y al mundo árabe para los próximos años. Tras hacer un repaso pormenorizado de los efectos y las consecuencias que han provocado las revueltas de los últimos meses en la región, Obama abordó el espinoso asunto de la
paz entre israelíes y palestinos.
Si bien Obama volvió a poner sobre la mesa uno de los aspectos más controvertidos del conflicto, el presidente estadounidense obvió mencionar otros como la partición de la ciudad santa de Jerusalén, el reconocimiento institucional mutuo o las grandes diferencias en materia de seguridad que mantienen ambos bandos. No obstante, el conflicto árabe-israelí, que ya dura
casi setenta años (la rivalidad entre ambos pueblos se remonta a mucho antes pero muchos autores fechan el inicio del conflicto tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la creación del moderno estado de Israel),
se ha cobrado la vida de más de 60.000 personas.
En un tono mucho menos conciliador que en otras ocasiones, el presidente estadounidense lanzó una osada propuesta para intentar revitalizar el diálogo entre ambas partes. Obama llamó a israelíes y a palestinos a la reconciliación, cimentando las negociaciones en retomar las fronteras existentes en 1967, antes de que la
Guerra de los Seis Días redibujara por enésima vez el mapa de la zona.
El anuncio de Obama se produjo escasas horas antes de que recibiera en la Casa Blanca a
Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, en un gesto que los expertos achacan a la nueva línea diplomática puesta en práctica por la actual administración, por la que Estados Unidos se muestra más equidistante entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina. Una estrategia innovadora después de los ocho años de mandato de George W. Bush, marcadamente proisraelíes.

Durante la cumbre entre ambos dignatarios, Netanyahu le trasladó a Obama el
pleno rechazo de su país a la propuesta norteamericana al considerar que las fronteras anteriores a la Guerra de los Seis Días de 1967 son "indefendibles" para el estado hebreo y que, en caso de implementarse, Israel pasaría a tener una anchura de apenas 15 kilómetros. Ahora bien, el primer ministro israelí admitió que su país sí está dispuesto a realizar
"concesiones dolorosas" a Palestina en aras de una solución duradera del conflicto.
Lior Haiat, portavoz de la embajada de Israel en España, considera, en declaraciones a EL IMPARCIAL, que el problema fronterizo no es el principal escollo al que se enfrenta el proceso de paz en Oriente Medio. "¿Qué negociaciones podemos esperar si hay una parte muy importante de la población palestina que aboga por el
asesinato de judíos en todo el mundo, que niega el derecho de Israel a existir?", se lamenta el diplomático.
Uno de los puntos que ha levantado mayor revuelo del discurso de Obama es el momento exacto en que se pronunció, a escasas horas de reunirse con Netanyahu. Varios analistas han señalado que la Casa Blanca ha querido presionar y mandar un mensaje claro a Israel para que ceda en sus pretensiones, algo con lo que Haiat no está de acuerdo. "Creo que las palabras del presidente Obama fueron muy exigentes también para los palestinos, pero lo que tiene que entender EEUU, y también debe hacerlo Europa, es que
el proceso de diálogo debe ser bilateral, entre nosotros y los palestinos, sin presiones externas, porque no es cuestión de mandar la pelota al tejado de nadie", afirma el portavoz hebreo.
Otra opinión es la que sostiene
Daniel Ureña, consultor y experto en política estadounidense. En declaraciones a EL IMPARCIAL, Ureña cree que Obama se ha arriesgado mucho a la hora de abordar el proceso de paz a año y medio de su reelección. "Se trata de un asunto tan complejo y enconado que la mayoría de los presidentes (Clinton, Bush etc.) lo abordaron en su segunda legislatura, cuando ya no arriesgaban su elección", señala Ureña.
Además, las
"tirantes relaciones", según las califica el consultor, que mantienen Netanyahu y el presidente norteamericano desde hace un par de años "han llevado a Obama a mantener unas posiciones arriesgadas frente a Israel y hacia todos los que apoyan lo en Estados Unidos", añade el consultor, "a lo que hay que añadir que la Casa Blanca ha tratado en los últimos tres años de hacer guiños al mundo árabe, sobretodo durante el discurso que pronunció el presidente el
El Cairo en 2009".
Para conocer el tercer punto de vista, este periódico ha intentado en reiteradas ocasiones ponerse en contacto con representantes oficiales de la misión diplomática palestina en Madrid sin haber logrado respuesta alguna.
4.500 personas en un campo de fútbolMás allá de la problemática territorial, un asunto siempre polémico, más si es al archienemigo estado palestino al que irían a parar esos terrenos, la propuesta de Obama ha destapado otro problema:
el demográfico.
En el terreno que comprenden las líneas actuales y las de antes del conflicto de 1967 viven, de manera regularizada o en colonias ilegales, más de
un cuarto de millón de israelíes, una población similar a la de La Coruña pero en una extensión comparable a la provincia de Pontevedra. En caso de que palestinos y hebreos alcanzaran un acuerdo para retomar las fronteras de hace 44 años, el gobierno de Netanyahu tendría el problema de tener que evacuar (muchas veces por la fuerza), relocalizar y asentar a esas 250.000 personas (el 3,5 por ciento de su población total), un escenario que Tel Aviv ya ha admitido que no contempla por su
imposibilidad material.
Por su parte, tanto Hamás como Al Fatah, principales representantes palestinos junto con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), ya han rechazado de pleno el bautizado como 'plan Obama', ya que éste pasa por
reconocer la existencia de Israel, algo que ninguno de los dos está dispuesto a hacer. "No cometeremos el mismo error histórico que tuvo la OLP y que aún arrastra nuestro pueblo", afirmaba esta misma semana el número dos de Hamás, Musa Abu Murzak. Por su parte, Azzam al-Ahmed, miembro del comité central de Al Fatah, valoraba como "insuficiente" la propuesta de Obama al no abordar la problemática que supone la división o no de
Jerusalén, otro punto en el que Israel no está dispuesto a ceder.
Lo cierto es que las negociaciones entre israelíes y palestinos están llenas de desencuentros y tensos tiras y aflojas entre ambas partes durante los últimos años. Numerosas cumbres bajo tutela internacional se han sucedido sin que se haya avanzado sustancialmente en solventar las diferencias. A pesar de que los
Acuerdos de Oslo firmados por Isaac Rabin y Yasir Arafat en 1993 supusieron un soplo de optimismo, y tras una sangrienta intifada (2000), la cumbre de Camp David entre Ehud Barak y el desaparecido rais palestino y un conflicto armado abierto (2008-2009), poco queda de aquel histórico apretón de manos más allá de la foto.
Rabin, Clinton y Arafat, tras firmar los Acuerdos de Oslo.El principal problema reside en que
ninguna de las dos partes reconoce a la otra como interlocutor válido. Tel Aviv, que esgrime razones históricas religosas y de seguridad para su expansiíon en la zona, considera que Hamás y Al Fatah son grupos terroristas sin ninguna legitimidad política. Por su parte, Hamás y Al Fatah no reconocen al estado de Israel ni a la OLP, a la que califican de organización traidora. Mientras, la OLP ha perdido peso en los últimos tiempos en favor de sus dos enemigos y que ha favorecido la falta de una única voz palestina para dialogar con Israel.
Además de la violencia que caracteriza a la región, el problema de espacio se ha hecho cada vez más persistente a medida que la población de ambas partes se incrementaba. Con una de las densidades demográficas más altas del planeta, las regiones ocupadas por Israel, Gaza y Cisjordania empiezan a quedarse pequeñas para la cantidad de personas que viven en ellas.
A día de hoy, Israel cuenta con una población de
7,7 millones de habitantes y, con las fronteras actuales, su densidad demográfica se sitúa en
365 hebreos por kilómetro cuadrado (España no llega ni a los 100). Por su parte, en Gaza, un territorio la mitad de extenso que Boadilla del Monte y con
1,65 millones de palestinos, la densidad es de
4.583 personas por kilómetro cuadrado, una de las más altas del planeta. En Cisjordania, que cuenta con una extensión similar a la de La Rioja, viven
453 personas por kilómetro cuadrado, aunque en su caso la población vive diseminada en las decenas de asentamientos, ciudades y campos de acogida.
Netanyahu y Obama no lograron ponerse de acuerdo.¿Es viable?En caso de que pudiera llevarse a cabo la propuesta de Obama, habría que sortear no pocos contratiempos. En primer lugar, esquivar las reticencias del gobierno israelí, que si bien está dispuesto a ceder en sus pretensiones, no está dispuesto a
quedar en evidencia delante de su población. Hay que recordar que el sector ultraortodoxo, el más radical en sus posturas antipalestinas, representa al 8 por ciento de la población hebrea y tiene una importante presencia en el Knesset, el parlamento nacional.
Además, la idea de relocalizar a un cuarto de millón de personas, muchas de ellas viviendo en ciudades plenamente acondicionadas, supone un proyecto mastodóntico en términos materiales, una especie de "éxodo" moderno. Israel, que esta misma semana aprobó la construcción de
1.500 casas en colonias judías localizadas en territorio palestino ocupado, no ha cesado en su política de expansión y revertirla supondría invertir miles de millones de euros en infraestructuras nuevas, por no decir que los asentamientos ya edificados pasarían a manos palestinas.
Sin embargo, el portavoz de la embajada israelí en Madrid cree que la propuesta de Obama no es tan descabellada en tanto su gobierno ya hizo una propuesta similar a las autoridades palestinas en el pasado. "Israel está dispuesto a hacer concesiones territoriales a Palestina, eso nunca se ha negado, pero ellos tienen que dar también un paso al frente y comprometerse de verdad con la paz", declara Haiat.
Por otro lado, uno de los principales escollos que se presentarían sería el punto que hace referencia a Jerusalén. Mientras Obama no hizo ninguna referencia a este aspecto, los palestinos no quieren sentarse a negociar si no incluye en el diálogo la cesión de la zona este de la ciudad santa, en la que viven
180.000 colonos, mientras que Israel rechaza de pleno discutir este aspecto en los términos exigidos. Ahora bien, Netayahu afirmó esta semana que "si bien Jerusalén será siempre, y de manera indivisible, israelí, estoy seguro de que podremos sortear esta complicación (con los palestinos) si aportamos
paciencia e imaginación al diálogo".
Lo que es seguro es que el conflicto entre palestinos e israelíes, una rémora para la comunidad internacional que ya supera los 80 años de duración, no tiene visos de solucionarse a corto o medio plazo. A cada paso que se intenta dar para paz surgen nuevos contratiempos, nuevas trampas, nuevos problemas.