La OTAN habla de largos plazos
Gadafi, acorralado y dispuesto a hibernar
jueves 26 de mayo de 2011, 15:51h
Después de perder el apoyo de Rusia y de que la OTAN se haya reafirmado en su intención de continuar las operaciones en Libia, Muamar Gadafi se encuentra cada vez más acorralado.
El dirigente libio Muamar Gadafi siente estrecharse el cerco en torno a su régimen. La OTAN respalda con sus bombardeos al Consejo Nacional de Transición (CNT) que le pide que se marche y ceda el poder. Tras la pérdida del apoyo de Rusia, el líder beduino baraja la opción de hibernar hasta que pase la tormenta.
Las concesiones que pueda hacer Gadafi son absolutamente formales. Si se retira del escenario, se quedará escondido entre bambalinas en espera de dar un nuevo zarpazo al régimen que surja de la toma del poder en Trípoli por el CNT. Con el armamento, el dinero y las fuerzas leales a su persona de las que dispone, un Gadafi que se mantenga en el país, es un peligro potencial de guerra tribal y de “somalización” de Libia.
Con el fin de ganar tiempo, el coronel libio pidió el pasado 26 de abril a la Unión Africana que se reúna en cumbre extraordinaria para abordar “la agresión que sufre su país”. Un comité ad-hoc de la UA, presidido por el jefe de Estado mauritano Mohamed Uld Abdel Aziz, comenzó ayer miércoles sus trabajos. Otro grupo de jefes de Estado africanos se reunió con el secretario general de la ONU Ban Ki Moon. Además, el sudafricano Jacob Zuma viajará el 30 de mayo a Trípoli para entrevistarse con Gadafi.
La Unión Africana no podrá ir mas allá de los buenos oficios, de proponer conversaciones y negociaciones, o de limar asperezas entre el CNT y el régimen de Trípoli. La UA se encuentra prisionera de los favores del propio Gadafi. Muchos de sus países miembros son deudores con el coronel, que ha invertido miles de millones de euros en proyectos a veces faraónicos y otras irreemplazables para el desarrollo del continente. Aunque muchos jefes de Estado africanos estén de acuerdo en privado con la rebelión libia, nunca darán la espalda al dictador de Trípoli. Por esa razón, la “hoja de ruta” de la que habla el presidente de la organización panafricana, el gabonés Jean Ping, será inviable, porque Muamar Gadafi hará todo lo que esté en sus manos para impedir elecciones democráticas en Libia. Por otra parte, el CNT exige que Gadafi y sus hijos abandonen el poder para poder iniciar conversaciones y abrir un periodo de transición.
Por tercer día consecutivo, la OTAN ha bombardeado la capital Trípoli con el fin de destruir los puestos de mando militar de las fuerzas gadafistas. Barack Obama y David Cameron no han dado plazos para culminar el éxito de las operaciones militares de la OTAN y prometen que seguirán sin aflojar la presión sobre el régimen de Trípoli. El ministro francés de Exteriores Alain Juppé habla de algunos meses, lo que ha provocado que el presidente de la Unión Africana Jean Ping declare que “la resolución 1973 de la ONU (que dio luz verde para la intervención militar extranjera en Libia), ya no se aplica ni en el espíritu ni en la letra”. La resolución del Consejo de Seguridad preveía una intervención con el fin de ayudar a la población civil.
Si los bombardeos de la OTAN están haciendo mella en el conjunto de fuerzas leales a Gadafi, el mayor golpe político que ha sufrido el coronel libio ha sido el distanciamiento de Rusia de sus posiciones tradicionales de aliado del régimen de Trípoli. El reconocimiento hecho por Moscú de que el CNT que representa a los rebeldes libios “es un socio legítimo” en las negociaciones sobre el porvenir del país, tal como ha declarado el ministro de exteriores Serguei Lavrov, es un mazazo a la diplomacia gadafista. Rusia recibió este lunes al ex ministro de Exteriores libio y embajador en la ONU Abdel Rahman Shalgam, que viajó a Moscú en nombre de la insurgencia libia. Hasta ahora Rusia había tomado una posición de distancia sobre las acciones militares de la OTAN en Libia, y se empeñaba en proteger a Muamar Gadafi considerado como “uno de sus mejores clientes” por la compra de armamento ruso que se cifra en miles de millones de euros. Si bien es verdad que se abstuvo el 17 de marzo de hacer uso de su derecho de veto en contra de la Resolución 1973, que no apoyó. Posteriormente no dejó de criticar los bombardeos sobre Libia, que “exceden” los términos de la Resolución de la ONU.
El apoyo ruso a la “legitimidad” del Consejo Nacional de Transición, no ha despejado, sin embargo, las dudas sobre su composición y sus objetivos. El Consejo lo componen 31 delegados, pero la mayoría siguen en la sombra, supuestamente para proteger su integridad física y la de sus familias, lo que hace sospechar la posibilidad de que los yihadistas libios, que combatieron en Afganistán primero y en Irak después, que algunos estudios norteamericanos cifraban en un 20% del conjunto de combatientes árabes, puedan tener algún tipo de representación en el CNT. De hecho las ciudades libias que se han identificado como canteras del islamismo radical eran precisamente Darna, Tobruk y Benghazi, donde reside el centro de la rebelión anti-gadafi.
Sin embargo, no es posible impedir que los “afganos” libios participen en la rebelión contra el régimen de Trípoli. Aunque sí que es cierto que son minoritarios en la representación política frente a los monárquicos seguidores de la cofradía Senussi, los nacionalistas árabes naseristas, los comunistas y otras corrientes liberales, además de los que han desertado de las filas de la nomenclatura del régimen de Gadafi. “El reino del caos es la cuna del nuevo orden”, recuerda el intelectual Felipe Gómez Pallete, analista de la dinámica de sistemas. Quizás, el éxito de la transición en Libia resida en no dejar que las fuerzas hostiles a la democracia prevalezcan en la representación popular de cara a unas futuras negociaciones.