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Italia: ¿elecciones administrativas o plebiscito nacional?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
sábado 28 de mayo de 2011, 17:18h
Los próximos días 29 y 30 de mayo se celebrará el segundo turno de las elecciones administrativas en Milán y Nápoles: un voto cuyo valor podría marcar también el futuro del primer Ministro Berlusconi ya que el plebiscito personal que plantea constantemente a los electores de Milán podría resultar un bumerán contra su propia persona y la estabilidad de su Gobierno.

En un célebre libro, escribía Giovanni Sartori que “las elecciones son el momento demagógico de la democracia. Son necesarias, pero no significa que sean benéficas”. En este caso concreto, puede que lo sean y, tal como ha anunciado el arzobispo de Milán, Tettamanzi, esperemos que sirvan para llevar “a Milán [y a Italia] a una nueva primavera”. Sin embargo, de momento estamos viendo plenamente su “momento demagógico”. Por eso, mientras el diputado berlusconiano Corsaro ha advertido que, en caso de victoria de Pisapia en Milán, “aumentarán las violaciones, los transexuales por la calle y el tráfico de droga”, Berlusconi utilizó su poder mediático, invadiendo, literalmente, cinco de los siete telediarios nacionales (tres de Mediaset y dos de la RAI), demostrando que la anomalía italiana en materia de medios de comunicación y el conflicto de intereses son tan reales como alarmantes. ¿Para decir qué? Pues, para definir “sin cerebro” a quién vota la izquierda, confesar su tentación de “no ayudar más” a Nápoles con su basura en caso de victoria de De Magistris y lanzar previsiones apocalípticas: “si gana el centroizquierda todo se llenará de gitanos, de rumanos, de musulmanes, una verdadera ‘zingarópolis’ islámica”. Asimismo volvió a alentar el terror comunista: “¡Milán se convertirá en la Estalingrado de Italia!” Más controvertida resulta ser la última ocurrencia del cavaliere de trasladar la sede de dos ministerios de Roma a Milán para contentar a la Lega Norte, provocando, sin embargo, la ira de los “coroneles romanos” de su partido.

Puede que el anuncio de De Magistris de “liberar a Saviano”, para que pueda caminar libre por Nápoles, sea igualmente demagógico: sin embargo, merece la pena destacar que, por primera vez, el tema de la Camorra y su abolición entra en una campaña electoral. La lucha contra la criminalidad debería representar una prioridad del nuevo alcalde, combatiendo la resignación ciudadana, la transformación de un fenómeno criminal en normalidad y, sobre todo, la errónea percepción de que la Camorra represente una forma de estado alternativo, que ofrezca trabajo y protección.

Por un lado, el voto de Milán resulta de gran importancia ya que la ciudad representa el feudo de Berlusconi, la capital económica del país, allí donde reside su peor pesadilla, la fiscalía “roja”. Por otro, el voto de Nápoles tiene un valor especial ya que desde esta ciudad Berlusconi empezó su mandato político, exhibiendo efímeramente su eficacia para solventar la sempiterna crisis de la basura. Si el voto de Milán y Nápoles resultase un revés para el Gobierno, se abrirían dentro de la actual mayoría de Gobierno unas dinámicas difíciles de controlar, podrían resurgir antiguas fracturas o crearse una nueva división interna sobre el asunto del liderazgo dentro de la coalición de derecha, una etapa post-Berlusconi. Pese a que normalmente una derrota política local no tiene consecuencias nacionales o efectos secundarios sobre la estabilidad de un Gobierno, Italia se confirma excepción, ya que en este caso se prospectarían unos escenarios delicados. Sin embargo, la hipótesis más probable en caso de derrota, es que Berlusconi siga al mando, buscando nuevas alianzas e insistiendo sobre la falta de una alternativa real a su mandato. Es probable que, fiel a su monotonía, afirme que el voto “no cambia nada, no influye en la suerte del país”. Sin embargo, la oposición guarda la esperanza de que desde Milán comience la caída de Berlusconi.

El adverso resultado del primer turno representa un golpe para Berlusconi ya que el cavaliere había recaído, una vez más, en la antigua tentación de convertir las elecciones locales en un nuevo plebiscito personalista, en un test nacional sobre la labor del Gobierno, acabando por ser “víctima” de su propia estrategia. El voto parece ser consecuencia del rechazo general frente a la parálisis gubernamental, expresión del deseo ciudadano de cambios. Por eso la cita electoral cobra tanta relevancia que muchos se preguntan: ¿fin del berlusconismo o supervivencia de la vieja política?

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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