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reseña

Adolfo Bioy Casares: Borges

sábado 28 de mayo de 2011, 18:16h
Adolfo Bioy Casares: Borges. Edición de Daniel Martino. Backlist. Barcelona, 2011. 736 páginas. 24 €
El vínculo que unió a estos dos grandes escritores argentinos fue mucho más que una mera relación intelectual; fue una amistad profunda que provino de una primera conversación acaecida en 1931, en el trayecto entre San Isidro y Buenos Aires. Por aquel entonces, Jorge Luis Borges “era uno de nuestros jóvenes escritores de mayor renombre” y Adolfo Bioy Casares, “un muchacho con un libro publicado en secreto”. Lo cierto es que, a partir de entonces, entre ellos se construyó un afecto mutuo tan estrecho y sólido que llevó a Bioy a poner en consideración del juicio crítico de Borges hasta las opiniones en apariencia más irrelevantes de su vida cotidiana. “Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez”, se decía a sí mismo aun cuando su amigo ni siquiera estuviera presente.

A tal fin registró en un diario desde las opiniones banales a las reflexiones eruditas, de las críticas a los juegos literarios que el autor de El Aleph y su círculo de amistades practicaban en reuniones íntimas. De aquella recopilación que, de manera minuciosa, el autor de La invención de Morel se ocupó de escribir durante más de cuarenta años (1947-1989) procede la reedición del libro Borges que nos ocupa, bajo el cuidado de Daniel Martino que recupera esa labor minuciosa y la sitúa en un marco pertinente gracias a la inclusión de una exhaustiva cronología y de un profuso índice analítico. A ello se agregan las oportunas decisiones de no abrumar al lector con excesivas notas al pie y la ubicación del glosario al final de la obra, para evitar que se produzcan interferencias por la presencia de un aparato crítico demasiado árido, quizá, para aquellos lectores no iniciados. En otras palabras, gracias a una cuidada edición como la que nos ocupa, es posible adquirir una comprensión más cercana del escritor, de su esfera privada, sus contradicciones y, en menor medida, de su tiempo.

Si tras la lectura solo pudiéramos confirmar la inteligencia de Jorge Luis Borges, este libro no aportaría nada nuevo. Por el contrario, la obra sorprende con agrado pues permite acercarnos a la persona detrás de la figura pública, reírnos con las geniales ocurrencias de los dos amigos que rozan pero no resbalan nunca hacia la delgada línea del mal gusto, o nos deja perplejos ante la despiadada crítica borgeana capaz de hacer trizas el canon occidental. Pero tal vez, el “clímax” se halle en el instante en que el lector se convierte en testigo involuntario de la inmensa soledad de aquel hombre ciego –no ya del intelectual– frente a la inexorable cercanía de la muerte.

En resumen, el Borges de Bioy Casares cumple con holgura el objetivo propuesto, que es contribuir a iluminar –aunque no sea más que de manera modesta– la imagen vital y cotidiana de una de las figuras más lúcidas de las letras en habla hispana.

Por Verónica Meo Laos
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