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Buteflika consulta a los militares

Buteflika consulta a los militares

domingo 29 de mayo de 2011, 09:30h
Hasta ahora se trataba de un tema tabú: el papel del Ejército en las reformas democráticas. Oficiosamente las Fuerzas Armadas han vuelto a los cuarteles tras la muerte del coronel Bumedien y la disolución del Consejo de la Revolución que gobernó entre 1965 y 1980. En la realidad los militares y en particular los servicios de inteligencia (DRS) siempre han estado siempre presentes. La operación anticorrupción que ha originado el escándalo de desfalcos públicos en la empresa petrolífera estatal SONATRACH, ha sido llevada por el departamento de espionaje (DRS). Para despejar cualquier duda, el Presidente ha designado al general mayor Mohamed Tuati, apodado “el cerebro”, para respaldar al presidente del Senado Abdelkader Bensalah en dicha Comisión que estudia los cambios políticos.

Desde la sociedad civil y la clase política se plantea que el Ejercito seas considerado como “garante de la (futura) Constitución”, dando así al país la fisonomía adquirida en Turquía. De cualquier manera los jefes militares han sido ya consultados sobre el proceso de cambios. Lo que hace decir a Mohamed Chafik Mesbah, exoficial de inteligencia y actual analista político, que quizás de esta manera Buteflika “les asocia públicamente al proceso de reformas para impedir la irrupción inconsiderada del Ejército en la escena política”. De nuevo el “modelo turco” puesto de moda por la participación de los ejércitos tunecino y egipcio en el derrocamiento de las dictaduras de Ben Ali y Hosni Mubarak al calor de las revueltas árabes.

De esta manera, al igual que en Turquía, no es posible pensar en una transición democrática en Argelia sin asociar de alguna manera a las diferentes corrientes islamistas incluido el Frente Islámico de Salvación (FIS) ganador de las elecciones de 1991 y posteriormente disuelto por el poder militar.

La primera sorpresa del nuevo enfoque que el régimen argelino da al proceso de cambios la ha constituido la audición por la Comisión de la reforma del general mayor Jaled Nezzar, exministro de Defensa y miembro principal del Alto comité de Estado que bloqueó las elecciones en 1991.

Nezzar ha dejado clara su posición en lo concerniente al “carácter republicano y democrático del Estado”, así como la necesidad de que exista “alternancia en el poder”, con los consiguientes “derechos de la oposición y de la minoría parlamentaria”. Algo que hasta el momento no se ha producido nunca en Argelia. El general, que sigue gozando de gran autoridad en los medios castrenses defiende el respeto a “la libertad de expresión y a las libertades públicas”, igualmente deficitarias en la situación de permanente “estado de emergencia” que ha vivido Argelia en los dos últimos decenios. El exministro de Defensa defiende así mismo la legalización de los partidos políticos aún no autorizados por el régimen.

Tanto el general Nezzar como el exprimer ministro Sid Ahmed Ghozali, también convocado por el comité para las reformas, han cuestionado en cierto modo sus competencias, ya que para estas dos personalidades el organismo que estudie los cambios debería ser independiente de los poderes públicos, y no sometido al Ejecutivo como es el caso actualmente.

Hasta el momento las discusiones en curso para reformar la Constitución se están haciendo a nivel de las élites, y la sociedad parece reticente a comprometerse con el proceso de cambios. “La población no esta aún lista para una revolución”, declara la sindicalista Nassira Ghozlan, secretaria de la Unión Nacional de trabajadores de la Administración pública (SNAPAP), uno de los sindicatos autónomos comprometidos con las manifestaciones periódicas que se hacen desde diciembre pasado en las principales ciudades del país exigiendo cambios.

Para Nassira Ghozlan “la gente no quiere repetir el escenario de los años 90, cuando 200.000 personas murieron y 10.000 desaparecieron", ha dicho a la agencia de prensa internacional IPS. La sindicalista se refiere a la suspensión del proceso electoral, la ilegalización del FIS y el decenio de terrorismo y contraterrorismo que ensangrentó el país. Pero añade : “Queremos romper el muro del miedo porque necesitamos un cambio radical. No creemos en las reformas que el gobierno acaba de anunciar. El país es gobernado por el aparato de seguridad militar y todo el sistema debe cambiar, no sólo el presidente Bouteflika. Deben irse".

Los cambios no son solo una aspiración legítima de la modernidad, sino una necesidad de supervivencia. Argelia es un país productor de petroleo y gas, con excedentes financieros gigantescos, y donde millones de ciudadanos ganan 25 euros mensuales. “ En los hospitales, los médicos de emergencia ganan entre 40 y 90 euros; el salario de un maestro de secundaria es seis veces más bajo que el de uno tunecino, y el de un profesor universitario cuatro veces más bajo que el de uno mauritano".

Quizás todo esto explica el viaje que el presidente Abdelaziz Buteflika ha realizado a Francia para asistir a la cumbre del G-8 a la que ha sido invitado. A pesar de sus achaques, el jefe de Estado argelino ha querido buscar un apoyo a las reformas emprendidas en Argelia y una garantía del apoyo de Estados Unidos y de Europa. El G8 ha criticado con fuerza las dictaduras en Siria, Libia y Yemen, pero ni siquiera ha mencionado las convulsiones que experimenta Argelia desde hace meses.
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