Milán castiga a Berlusconi
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
martes 31 de mayo de 2011, 01:19h
Tras dos semanas de incertidumbre y un incendiario final de campaña electoral, el resultado de las elecciones administrativas confirma la derrota del PdL (Pueblo de la Libertad). El resultado representa una histórica derrota para Berlusconi, sobre todo si tenemos en cuenta que no perdía una contienda electoral desde 2006. El Cavaliere ha sufrido un duro revés en su feudo, en su ciudad natal y capital económica del país. Asimismo, en Nápoles su candidato perdió obteniendo casi un 30% menos de votos que su contrincante. Como frecuentemente pasa, el voto de los electores puede interpretarse como un voto de castigo, de descontento por la acción del Gobierno. Votar en contra del gobierno para poner de manifiesto el rechazo ante la parálisis gubernamental de los últimos meses, en contra de un ejecutivo más preocupado por los problemas de Berlusconi que por los reales intereses nacionales. El voto de estas elecciones municipales constituye también una señal del generalizado deseo de cambio y de una política más cercana a los ciudadanos.
Tras la victoria del centroizquierda en Turín y Bolonia en el primer turno, la segunda vuelta ha resultado aún peor para la coalición de Gobierno: en Milán, Nápoles, Cagliari, Trieste, Siena, Ravenna, Novara, se ha votado en contra de los candidatos patrocinados por el presidente del Gobierno, prefiriendo candidatos “nuevos”, que proponían una política de conciliación más cercana a los problemas de la gente y una retórica menos provocativa y ofensiva.
El sueño del primer ministro de un plebiscito favorable, se ha transformado en una pesadilla. Resulta paradójico que el propio Berlusconi se hubiera empeñado en convertir los comicios locales en un referéndum sobre su persona, manifestado su pueril pretensión de considerar cada elección como un “referéndum” personal, individualizando la campaña electoral, atacando a magistrados y oposición. Gran error. Se ha tratado de un voto en contra del actual mandatario, tanto que incluso en Arcore, aldea hecha célebre por las fiestas del Cavaliere, ha ganado el partido democrático.
Cabe esperar que Berlusconi asuma la derrota y no incurra – como ha hecho de momento afirmando que “los ciudadanos de Milán y Nápoles se arrepentirán, tendrán que rezar a Dios”-, en la retahíla de amenazas y descalificaciones. Hoy debería empezar un proceso crítico, reflexionando sobre el mensaje del voto, arrinconando su visión personalista y la clásica megalomanía. Se acaba el tiempo en que “el gobierno no se separa del patrimonio, el Estado de la persona”. En este mayo “negro” para Berlusconi, parece que se derrumba un sistema, un estilo de poder personalista caracterizado por la política-espectáculo.
Aunque parezca aventurado hablar del principio del fin de Berlusconi, tras haber dominado la escena política italiana en los últimos años, se perfila un panorama incierto. Ya se ha anunciado demasiadas veces el ocaso político de Berlusconi, por eso parece más oportuno preguntarnos no si se ha terminado el berlusconismo, sino más bien como terminará, acercándose, como en una película, el momento de los títulos de crédito. Tratándose de algo más que un voto local, la derrota tendrá probablemente repercusiones en la política nacional, más allá de las dimisiones de Sandro Bondi, coordinador del PdL. No obstante, Italia se prepara para vivir una etapa difícil, ya que es probable que comiencen las negociaciones entre el PdL y la Lega Norte, poniendo en peligro la alianza que supone la base del actual gobierno. La Lega Norte, partido en constante crecimiento hasta la fecha, ha pagado caramente el precio de su metamorfosis, el alto coste que conlleva el “vinculo de coalición”, la obligación de aceptar sumisamente la política berlusconiana, avalando sus decisiones. En el caso en que la Lega le retirase su apoyo, Berlusconi no podría seguir gobernando y se abriría una grave crisis en Italia. Asimismo, podría agudizarse la fractura interna de la coalición de derecha sobre el asunto del liderazgo, los preparativos para el post-Berlusconi. A pesar de todo, es probable que Berlusconi no dimita como le exige la oposición, permaneciendo, aunque debilitado y tocado, al mando del país.
Finalmente, puede que, con excesivo retraso, se cumpla la profecía de Indro Montanelli, que comparó a Berlusconi con una enfermedad, con una patología italiana contra la que, sólo tras años bajo su poder, los italianos generarán los anticuerpos necesarios para rechazarle y expulsarle. Se ha tratado de una votación de gran valor político y que genera una incógnita: ¿se prepara Italia para una nueva temporada política?
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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