¿Ocaso del berlusconismo?
miércoles 01 de junio de 2011, 01:16h
El resultado de las elecciones administrativas de Italia representa una histórica derrota para el presidente del Gobierno, Silvio Berlusconi, que no perdía una contienda electoral desde 2006. El sueño de primer ministro de convertir unas elecciones locales en un plebiscito favorable se ha transformado en una pesadilla, ya que el voto puede interpretarse como un castigo, una manifestación del descontento general con un ejecutivo más preocupado por los problemas de Berlusconi que por los reales intereses nacionales. Se ha tratado, pues, de algo más que un voto local y, por lo tanto, tendrá probablemente repercusiones en la política nacional: un voto negativo sobre todo en consideración de la paradójica y pueril pretensión del cavaliere de convertir cada elección en un “referéndum” personal.
Tras este varapalo, se perfila para Italia, el inicio de una difícil etapa y de un panorama incierto, ya que la negatividad del voto pone en peligro la alianza entre el Pueblo de la Libertad y la Lega Norte. El efecto secundario -e indeseado- del resultado electoral ha sido agudizar la fractura dentro de la coalición de centro-derecha, a falta de una visión univoca para la etapa post-Berlusconi. Mientras una parte pone de manifiesto la necesidad de postular una renovación del partido y un nuevo líder, Berlusconi no parece dispuesto a que se cuestione su autoridad y huye de las responsabilidades de una derrota, extremadamente dolorosa en Milán, feudo por antonomasia del berlusconismo.
Sin el apoyo de la Lega, el presidente se vería obligado a dimitir, dejando, probablemente, el paso a un gobierno técnico. A pesar de todo, parece improbable que Berlusconi dimita como le exige la oposición, permaneciendo, aunque debilitado y tocado, al mando del país: en este caso, sería deseable que, más allá del proverbial optimismo o de la inútil retahíla de amenazas y descalificaciones, empiece un proceso crítico, reflexionando sobre el mensaje del voto, arrinconando su visión personalista y la clásica megalomanía. Berlusconi debería entender que se ha acabado el tiempo en que “el gobierno no se separa del patrimonio, el Estado de la persona”.
Este mayo “negro” para Berlusconi conlleva el derrumbamiento de un sistema, de un estilo de poder personalista, marcado por la política-espectáculo. Aunque puede parecer precipitado hablar del principio del fin de Berlusconi, el ocaso político del cavaliere parece cada vez más cerca y, más que preguntarse si se ha terminado el berlusconismo, preocupa más bien como terminará y cuanto tiempo más durará. Mientras muchos apuntan a que Berlusconi es el gran perdedor de estas elecciones y que fue “juzgado en las urnas”, quedan aún dos años de legislatura, si bien, entre tantas incertidumbres, un voto tan contundente aclara una sola cosa: los italianos desean cambios.