La entente Bildu-PNV
lunes 06 de junio de 2011, 08:19h
Nadie debe sorprenderse por la negativa del PNV a pactar con los socialistas en Guipúzcoa. Bien es verdad que de aquí a que se plasmen acuerdos definitivos aún pueden pasar muchas cosas, pero es un hecho que el sector más radical peneuvista, el gupuzcoano, siempre ha tenido una especial afinidad con el entorno abertzale. Sobre todo Josefa Eguíbar, verdadero defensor del brazo político de ETA siempre que ha sido menester. Y ahora, la colaboración entre ambos se vislumbra sólida y fluida, a no se que desde Vizcaya se opte por contemporizar de cara a obtener mayores réditos en Madrid.
Con todo, los resultados de las pasadas elecciones municipales en Euskadi han plasmado cuál es el verdadero sentir de los mal llamados nacionalistas moderados, y de qué lado han estado siempre. A Eguíbar y los suyos lo que realmente les pide el cuerpo es acercarse a la izquierda abertzale, con quien hay más lugares comunes que de desencuentro. No han acabado de digerir que el PSE, con la ayuda del PP, les sacase de Ajuria Enea, y han decidido mostrar su vertiente más secesionista para recuperar algo que consideran suyo.
Tampoco parece importarles que, en este viaje de retorno al gobierno vasco -pues ese es su fin último-, los compañeros de viaje que posibiliten dicho retorno sean los que le hacen el caldo gordo a ETA. Una ETA en tregua, sí, pero que no mata no porque no quiera, sino porque no puede. La entrada de Bildu en la vida política, por más que desde la administración central se vigile, implicará nuevas declaraciones ambiguas, nuevas provocaciones y más jactancia de un pasado teñido de sangre y dolor, en lugar de una catarsis de expiación y remordimiento para una sociedad moralmente enferma. Tocará, pues, ver si como algunos sostienen, hay dos sensibilidades en el PNV, o simplemente hay algún que otro verso suelto entre una mayoría radical disfrazada de falsa moderación.