Los conservadores portugueses del PSD tendrán que liberalizar la economía, para que tenga la oportunidad, de una vez, de ser competitiva.
En Portugal ha ganado el centro derecha en las elecciones legislativas de este domingo. Los socialistas, a pesar del valor de los últimos esfuerzos, ni han gestionado bien la crisis ni siquiera la previeron. Los conservadores del PSD criticaban que los tres planes de recorte no atacaban un asunto principal, que es la recuperación del crecimiento. Para ello tendrán que liberalizar la economía, para que tenga la oportunidad, de una vez, de ser competitiva.
Es más necesario cuanto que uno de los problemas de Portugal, del que apenas se habla, tiene un déficit por cuenta corriente muy importante. Lo cual lleva a que tiene que endeudarse fuera. Necesita ser productiva para pagar sus deudas y para aminorar ese déficit por cuenta corriente.
Según el analista
Filipe Garcia, de Informacao de Mercados Financeiros, cree que “este resultado” electoral, “estará bien visto por parte de los mercados y de los inversores”. El motivo es que “permite un gobierno estable y que puede durar hasta el final de la legislatura”. Y añade: “Esta gran victoria permitirá evitar el impasse político, que es lo que ha llevado a fracasar al gobierno de Socrates: era incapaz de tomar importantes medidas”.
La pregunta que nos debemos hacer en España es clara: ¿Ocurrirá lo mismo en España? Esa es materia para la crónica política, pero sí incumbe a las crónicas económicas si debemos entrar o no en el club de los rescatados. El diario
El País recoge que el Bank of International Settlements, al que llama “coordinador de los bancos centrales”, dice
en su revista trimestral que “la atención de los inversores se centra otra vez en la sostenibilidad de las cuentas públicas en la zona euro, particularmente en Grecia, Irlanda y Portugal". Pero “cada vez tienen una visión más diferenciada sobre los países de la zona euro. A finales de mayo esa desvinculación era muy evidente en los casos de España e Italia”.
Un
BELL" target="_blank" style="color:#125BA3;">blog del WSJ compara el euro con el patrón oro. Lo hace con el ejemplo de la Gran Bretaña de 1925. Tras la I Guerra Mundial, después del gasto disparado y de la inflación, GB se vio obligada a una fuerte deflación, con caídas de precios en los bienes y en los salarios, para mantenerse en el patrón oro. No lo logró del todo. Pero el autor recurre a ese caso histórico para decir que “cuando uno no puede emplear una devaluación exterior, es decir, una depreciación monetaria, el país tendrá que recurrir a una devaluación interior, es decir, deflación”.
Y salta a un ejemplo actual, señalado por Edward Hugh: Después de los BRICS y de los PIIGS, él habla de los
BELL. Se trata de Bulgaria, Estonia, Letonia y Lituania. Estos países han tenido que pasar por la misma experiencia que la Gran Bretaña de los 20’ para poder engancharse al euro. Han logrado superar la prueba, lo que resta credibilidad a la idea de que sólo una devaluación monetaria puede salvar a un país como Grecia. Aunque, como señala el artículo, el punto de partida del país mediterráneo es mucho peor. Otro análisis, éste de
NewEurope, señala que “el problema es que, si un Deus ex-machina apareciese para condonar la deuda de Grecia de 370 millones de euros, volveríamos a la misma situación en menos de 10 años”.
Business Insider recoge un
análisis que es muy clarificador. Cuestión de matemáticas: “Incluso aunque Grecia acabase con el déficit primario, en 2012 tendría que pagar unos 52.000 millones de euros, mientras que espera recibir 12.000 millones de la troika”, es decir, el BCE, la UE y el FMI. “No se espera que Grecia reciba dinero de la troika, pero todavía tendría que pagar 44.000 millones de euros. Es decir, que en el período 2012-2013, aunque recibiesen con la nueva ayuda de 60.000 a 65.000 millones de euros, todavía tendrían una falta de 20.000 a 25.000 millones.