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Traspaso de poderes

Javier Zamora Bonilla
martes 07 de junio de 2011, 13:08h
Los políticos no acaban de entender el mensaje que lanzan las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas cuando les dicen que son el tercer problema del país en el orden de la preocupación ciudadana. El espectáculo que se está dando en el traspaso de poderes de Castilla La Mancha es realmente tremendo y contribuye aún más al descrédito de nuestros representantes. Los dirigentes regionales del PP no pueden lanzar las acusaciones que han puesto sobre la mesa de los medios de comunicación sin ir inmediatamente a los juzgados y los dirigentes del PSOE no pueden tomarse la justicia por su mano y decir que suspenden las reuniones previstas para el traspaso de poderes.

Ambos actúan como quien se considera propietario de un cortijo que le ha tocado en suerte y parecen no darse cuenta de que la gestión política de las administraciones públicas es algo que se realiza en representación de la soberanía, que ha expresado su voluntad en las urnas. Los políticos son unos jornaleros eventuales que los ciudadanos ponen al frente de la cosa pública por un periodo limitado de tiempo y tienen la obligación de rendir cuentas de su gestión. Estas cuentas son de muy diverso tipo, pero centrémonos en dos: las políticas, las rinden con el sometimiento al sufragio cuando toca y mediante la responsabilidad parlamentaria y ante el órgano superior; las económicas, las rinden por medio de auditorías públicas realizadas por los órganos establecidos. Además, en cualquiera de sus actuaciones los políticos, como cualquier persona, asumen responsabilidades civiles y penales, que también son exigibles por medio de los cauces jurídicos previstos.

Muchos dirigentes políticos se empecinan en ejercer sus cargos no como lo que son, un servicio público, sino como unos privilegios ganados en la subasta electoral y la posterior subasta partidista. Mientras se sigan comportando así, el desprestigio de la “clase” política irá en aumento y la distancia entre los políticos y los ciudadanos irá creciendo, lo cual es muy preocupante porque la política es un pilar fundamental en toda sociedad y es conveniente que en ella predomine la excelencia, como bien señaló Aristóteles.

A los ciudadanos les interesa un traspaso de poderes eficaz y trasparente, que permita a los que han ganado las elecciones empezar a tomar decisiones políticas y a gestionar los asuntos públicos en el menor plazo de tiempo posible y con la máxima eficiencia. Lo demás (que si destruyen papeles, que si nos vemos o no nos vemos) son broncas partidistas que entorpecen la buena marcha de los servicios públicos, desprestigian la consideración social de los políticos y hace que los ciudadanos se desinteresen por la política. Mal camino.

En este país, tan dado a solucionar todo con normas se nos podría ocurrir una ley de transparencia en el traspaso de poderes, pero lo importante no es la ley sino la ética de los agentes públicos.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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