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Turquía ante las próximas elecciones generales (I)

miércoles 08 de junio de 2011, 11:40h
No es la vez primera que desempolvamos, en esta columna de EL IMPARCIAL, aquello de que “la política de un país reside en su geografía”.

Turquía es nación que encarna arquetípicamente la máxima de Bonaparte. Veamos. Sus 775.000 km2 y su cerca de 80 millones de habitantes (al menos de hecho) se encuentran instalados a horcajadas entre dos continentes. Y, señaladamente, entre el Oriente Medio, los Balcanes y el Cáucaso. En consecuencia, nunca le han sido ajenos los avatares de los nacionalismos eslavófilos, arabófilos, sionista y panturanio, naturalmente.

Ha sido Turquía una nación surgida de la descomposición del imperio de los otomanos al finalizar la primera guerra mundial. A continuación devino una república laica, a partir de la resolución kemalista que entre 1923-1945 imprimió un sello distintivo a un país religiosamente musulmán, aunque perdido en el océano del Islam.

La travesía histórica de Turquía durante la segunda mitad del siglo pasado, vino marcada por sus contradicciones internas, señaladamente tipologizables como contradicciones propias de una identidad post-imperial ambigua. Ello fue conduciendo a la República kemalista -y al pueblo turco- por caminos accidentados donde hubo de todo -crecimiento económico, pero víctima de una inflación galopante en los años 90; renacimiento del Islam político bajo la hechura del Partido de la Prosperidad que orquestó Necmettin Erbakan; descomposición gradual del sistema político clientelar; proverbial aspiración europeísta, reconocida en 2002, pero que dista todavía de su consagración real, efectiva; plataforma territorial de la OTAN durante el período de guerra fría, luego usada -aunque con reservas de parte del gobierno turco- por los Estados Unidos para su actuación en el Gran Oriente Medio a partir de 2003; finalmente, contradicción subyacente entre la “llamada” de los orígenes túrcicos y la vocación hacia un protagonismo en el ámbito de sus vecinos inveterados. Por si faltara algún ingrediente, subrayamos la contradicción de naturaleza periférica (minoría kurda) que viene lacerando el país; en particular, desde la constitución del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PPK) en 1984, refractario tenaz al centralismo de Ankara-.

A golpe de brochazo grueso, hemos procurado recuperar la grandeza y las servidumbres de una nación de raigambre múltiple: mediterránea y continental; cosmopolita en su faja costera, por no hablar de Estambul y de un acendrado conservadurismo en la meseta de Anatolia. Una nación recorrida por su legado greco-helenista, bizantino-cristiano, y a partir de 1453, otomano e islamo-sunní.

Ocurrió, sin embargo, que, el 3 de noviembre de 2002, la población turca con derecho universal al voto apostó por una formación de genealogía religiosa musulmana, reconocida con el anagrama de AKP, o Partido de los Islamistas moderados. El patrón de esta nave era el ex-alcalde del gran Estambul, Recep Taiëb Erdogan. Los comicios de entonces le permitieron atracar en puerto seguro.

Recuérdese que al llegar AKP al poder, Turquía estaba involucrada en el vórtice conflictivo de la guerra del Golfo, de la consolidación de la república clerical (chií) en Irán, del despertar de las provincias asiáticas del ex-imperio de la URSS, y frente a un estado de Israel “armado hasta los dientes”.

Tanto este enmarañado panorama del entorno geopolítico de Turquía, como las servidumbres de origen interno que habían lastrado la sociedad y la economía turcas durante más de veinte años, fueron abordados por el estado mayor del AKP (Erbakan, Abdullah Gül, Ahmet Davutoglu, Mehmet Simsek y la eminencia gris de este núcleo duro, Fethullah Gülen) -para intentar resolverlos, claro está-. Todos ellos se aplicaron a sacar el país de un atolladero. Fue así como se inició, hace aproximadamente un decenio, la experiencia política y social que ha venido marcando a Turquía un rumbo acorde con el dictado de la geografía que tanto le condiciona.

En la segunda entrega de esta colaboración, comentaremos en detalle el panorama que se extiende a la vista ante las elecciones generales que se celebrarán el 12 de junio próximo.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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