crónica política
Los indignados se montan en el caballo de Pavía
jueves 09 de junio de 2011, 23:13h
El movimiento de los “indignados del 15-M” ha pasado a la acción. Tras varias semanas de acampada en la Puerta de Sol y en varios puntos de España, los manifestantes han adoptado una postura violenta, el acoso a las sedes parlamentarias, máximos órganos de la soberanía popular. Primero ha sido el Congreso de los Diputados en la Carrera San Jerónimo y este jueves ha sido las Cortes Valencianas don se han producido cargas policiales y varios detenidos.
El movimiento de los “indignados del 15-M” parece estar yéndose de las manos a quienes lo convocaron en su momento con un fin entendible por buena parte de la sociedad, la denuncia de un sistema que ha provocado cinco millones de parados y de una clase política que vela más por sus intereses partidistas que por el bien de la ciudadanía. Pero casi un mes después, ese movimiento ha pasado a la acción. De concentraciones pacíficas en la Puerta del Sol, la Plaza de Cataluña u otros lugares de España han adoptado una postura violenta, el acoso a las sedes parlamentarias, máximos órganos de la soberanía popular, sea el Congreso de los Diputados o una asamblea autonómica, en este caso la valenciana. ¿Y qué hace la Policía a las órdenes de Rubalcaba? En unos casos, como el de Madrid, mirar. En Valencia, intervenir, después de que uno de sus agentes fuera agredido, según el atestado policial.
¿Da alas la pasividad de las Fuerzas de Seguridad del Estado a los “indignados” para empezar a campar por sus anchas? Esta pregunta es ya recurrente, según las fuentes consultadas por “El Imparcial”, entre dirigentes políticos, mandos de las Fuerzas de Seguridad e incluso por quienes iniciaron este movimiento de protesta ciudadana. Y no sólo por ellos. Los comerciantes de la Puerta del Sol están más que hartos de la acampada que les ha originado unas pérdidas cercanas a los treinta millones de euros, por lo que van a pedir al Ministerio del Interior que abone esa cifra o si no recurrirán a los tribunales.
Pero el problema de fondo, según esas mismas fuentes, es el desprecio a la sedes de la soberanía popular de la que hacen gala los “indignados” que se han concentrado ante el Congreso de los Diputados o las Cortes valencianas. El general Pavía, con su caballo al frente el 3 de enero de 1874, el teniente coronel Tejero, pistola en mano el 23 de febrero de 1981, y ahora gruspúculos de “Indignados” tomaron e intentan tomar el Palacio de la Carrera de San Jerónimo como símbolo de sus reivindicaciones políticas. A Pavía le salió bien. A Tejero no. A los “indignados”, de momento, no se sabe.
¿Hasta cuándo está dispuesto el ministro del Interior a aguantar esta situación? Las fuentes consultadas por este diario señalan que Rubalcaba no va a dar órdenes a la Policía de intervenir en ningún caso, salvo que algún agente sea agredido, como ha ocurrido este jueves en Valencia. La imagen de la pasada noche, con los agentes de la Unidad de Intervención Policial ante el edificio del Congreso, presenciando la sentada del millar de personas sin intervenir, pese a que la ley prohíbe expresamente concentraciones, más sin autorización como la de ayer, ante las sedes parlamentarias, demuestra, según esos medios, que el ministro del Interior ha decidido mirar hacia otra parte, “en este caso, sus bolos electorales en las agrupaciones socialistas para su ratificación como sucesor de Zapatero”.
Los ciudadanos también han expresado por otras vías su visión de la situación de España. La última encuesta elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), efectuada antes del 15-M, y hecha pública este jueves, revela que la preocupación por el paro y la clase política entre los españoles alcanza el mayor nivel de la última década. El desempleo es la mayor problema para el 84,1 por ciento de los encuestados y la desconfianza en la clase política se sitúa en el tercer lugar para el 22,1 por ciento.
Ideas como la lanzada este miércoles por el presidente del Congreso de los Diputados para reducir de tres a dos las sesiones plenarias de la Cámara a la semana, según las fuentes consultadas, “no ayudan a mejorar la confianza de los ciudadanos en sus representantes parlamentarios”. De hecho su propuesta ha tenido el rechazo de el propio Grupo Socialista.