www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Políticamente incorrecto

La economía y las elecciones

lunes 13 de junio de 2011, 08:29h
En medio de la resurrección de la crisis de deuda soberana en Europa, lo peor que le puede suceder a país, léase España, es la puesta en cuestión de las cuentas públicas de una parte sustancial de su territorio, las autonomías y los ayuntamientos. Esta situación unida a una economía estancada, a la incertidumbre sobre el estado real de las cajas de ahorro y a la débil posición electoral y parlamentaria del gobierno constituye una verdadera bomba de relojería que es necesario desactivar cuanto antes. En las actuales circunstancias, el principal problema económico de España es de naturaleza política. La coyuntura es de tal gravedad que afrontarla con éxito exige un gobierno con una mayoría sólida, con un programa riguroso y creíble. Guste o no, el actual gabinete ofrece esas garantías y, en consecuencia, no ofrece confianza.

Desde esta perspectiva, el agotamiento de la legislatura es peligroso para los intereses generales de España. La bicefalia existente en el seno del partido gobernante crea una sensación de vacío de poder que no es la mejor para transitar por las aguas turbulentas del entorno económico y financiero español y europeo. Si el gabinete no ha sido capaz de poner en marcha un plan de austeridad presupuestaria, un programa de reformas estructurales y un proceso de saneamiento del sistema financiero que resultase creíble y suficiente para los mercados cuando tenía una mayor fortaleza, resulta poco probable que lo haga ahora. El descalabro electoral del 22M, la debilidad parlamentaria del gabinete y la ausencia de un liderazgo incontestado en el socialismo español constituyen obstáculos difícilmente superables.

Por otra parte, la coincidencia del ciclo político con el electoral complica de manera extraordinaria la aplicación de la estrategia económica que España necesita: ajuste presupuestario y reformas estructurales. En el corto plazo, estas medidas no tienen un efecto inmediato, son dolorosas y golpean de manera directa e inmediata al granero de votos del PSOE. Desde esta perspectiva es complicado que las bases y los dirigentes socialistas acepten aplicar un programa que a priori y en el corto plazo tiene para ellos un coste superior a los beneficios que reporta. En el mejor de los casos, el gobierno introducirá medidas parciales que no sirven para restaurar la confianza. Aunque nadie niega del patriotismo del socialismo gobernante, la tendencia a hacerse el hara-kiri parece escasa. Algo parecido sucedió al gobierno portugués del socialista Sócrates.

La pregunta es cómo reaccionarán los mercados y la UE ante una política económica que resulta insuficiente para reconducir las cuentas públicas a la senda de la estabilidad y para relanzar el crecimiento. Por otra parte, la crítica posición financiera de la mayoría de las autonomías y de los ayuntamientos complica de manera extraordinaria el modesto proceso de consolidación presupuestaria diseñado por el gabinete. El cierre del acceso a la financiación interna y externa de las haciendas territoriales pone de relieve que éstas no tienen sólo un problema de liquidez, sino que está en cuestión su solvencia. Con una economía estancada, una estructura de gasto adaptada a un entorno de alto crecimiento y una pérdida permanente de ingresos, alrededor del 25 por 100 como consecuencia del desplome del sector construcción e inmobiliario, las haciendas territoriales tienen una situación insostenible. En este contexto o bien el Estado las socorre, esto es, absorbe su endeudamiento y les suministra liquidez o bien hacen bancarrota. Por último, si como todo indica, la salida a bolsa del grueso de las cajas de ahorro será impracticable se introduce una presión adicional sobre las finanzas públicas que deberán acudir en su socorro para evitar la quiebra de esas entidades. Este panorama es muy grave.

Ese contexto conduce a una situación muy grave si el inevitable rescate de una parte sustancial de las administraciones periféricas y de las cajas de ahorro no se ve acompañado por un programa de ajuste que abarque al conjunto de las administraciones públicas, que establezca una hoja de ruta clara y practicable y que aborde las reformas estructurales necesarias para sentar las bases del crecimiento. Es evidente que esta tarea titánica exige un marco de estabilidad política lo que implica un gobierno no sólo con ideas claras sino con una amplia mayoría parlamentaria para llevarlas a buen puerto. En ausencia de un escenario de estas características, la prima de riesgo española tiene serias posibilidades de incrementarse en los próximos meses o de estabilizarse en un diferencial abultado. Esto hace muy vulnerable a la economía española.

La aparente obstinación del gabinete socialista en agotar la legislatura sólo tiene dos lecturas posibles: primera, el PSOE está dispuesto a hacer los deberes en la línea exigida por la realidad económica, por los mercados y por la Unión Europea. Ojalá esta hipótesis se materialice pero es improbable por las razones apuntadas; segunda, los socialistas consideran que la coyuntura económica nacional mejorará a lo largo de los próximos trimestres lo que les concede unas expectativas electorales menos desfavorables, extremo poco factible. En cualquier caso, la economía y el interés general aconsejarían anticipar los comicios generales. Los fines de régimen no son los adecuados para afrontar una situación económica, financiera y social con rasgos tan preocupantes como la española.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios