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El traductor, el banquero y los Beatles

jueves 16 de junio de 2011, 11:34h
Hay un proverbio chino que dice que el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo. Es una idea que los taoístas aplican incluso a los pensamientos. En el taoísmo, un pensamiento nuestro puede ser sentido por otros a pesar de la distancia. Jung habló de la sincronía de las mentes, de las ideas que nacían en más de un lugar a la vez, misteriosamente, por causas y efectos desconocidos o imperceptibles. Esta es la historia de un traductor, un banquero y un libro. El traductor se llamaba Joan o Juan Mascaró; el banquero, Juan March; el libro, la Bhagavad Gita. A los Beatles no hace falta presentarlos.

La vida de Mascaró parece un mosaico de lejanos aleteos de mariposa: nace en 1897 en una “finqueta” en Santa Margalida, en Mallorca, rodeado de higueras y almendros. Siempre tuvo conciencia de haber nacido rodeado de belleza, y del papel que esa belleza desempeñó en su vida. Desde pequeño, muestra un especial talento para las lenguas. Entra, sin embargo, en la Escuela Superior de Comercio de Palma. Aprende inglés y alemán, y en esa época conoce la Bhagavad Gita, “El Canto del Señor”, en la versión del teósofo Roviralta. El libro, conocido simplemente como la Gita (pronunciado “guita”), “el Canto”, es parte del Majábharata, el poema más extenso del mundo. El efecto que produjo esa lectura en Mascaró fue grande, y le llevó a interesarse por los textos sagrados orientales.

En 1915, en medio de la primera guerra mundial, entra en escena el banquero. Juan March es en esos momentos un proyecto de magnate que necesita un intérprete de alemán para cerrar un trato con un mercante de aquel pabellón. Es el primer contacto entre los dos: un joven prometedor de dieciocho años al que le interesan las lenguas aunque estudia comercio, y un hombre joven de treinta y uno que practica el comercio pero al que le interesan las lenguas y lo que va detrás de ellas: el negocio, la comunicación, la cultura. Además, les une el pueblo natal, Santa Margalida, y el origen rural y quizá su belleza. Quizá por todo ello y por detectar su valía, en 1920, Juan March padre contrata a Mascaró para dar clase de inglés a su hijo Juan. La idea era preparar a su hijo para un viaje por los principales centros culturales europeos de Bélgica, Holanda, Inglaterra, Francia y Alemania. El viaje se llevó a cabo en 1924 y sirvió para que Mascaró le propusiera al banquero que les mandara a los dos, a él y a su hijo Juan March, a estudiar a Cambridge. En 1926 el traductor y el hijo del banquero se convirtieron oficialmente en estudiantes de Cambridge. Mascaró se especializó en literatura inglesa y en sánscrito y pali, lenguas clásicas orientales, en el Downing College. Allí trató a Dámaso Alonso, Jorge Guillén y Salvador de Madariaga, entre otros.

Juan March hijo volvió a España, pero Mascaró inició una carrera docente: enseñó en Oxford y en Sri Lanka, para después volver a la Universitat Autónoma de Barcelona. Antes de que terminara la guerra civil, se exilió voluntariamente en Cambridge, donde se dedicó ya de lleno a traducir textos sánscritos sagrados. En 1938 traduce los “Upanishads”, texto que encomian Jorge Guillén y Rabindranath Tagore. En 1942, inicia la traducción de la “Gita” al inglés. Tarda veinte años en terminarla. No era la primera traducción al inglés; Charles Wilkins lo había hecho en 1785. August Schlegel la tradujo al latín en el siglo XIX. Sin embargo, Mascaró la traduce con mimo, buceando en todas las versiones anteriores, buscando sentido y forma, fábrica y modo, aliento y sonido. El libro lo publica Penguin Books en 1962. El éxito es progresivo, y el libro se convierte en un best-seller. Mascaró da conferencias por Europa y su espiritualismo oriental atrae a varios melenudos con el pelo cortado a tazón que salían de las cavas de Liverpool. En 1967 entran en escena los Beatles. El traductor los conoce en una entrevista de televisión en la que coinciden, y la influencia de Mascaró les lleva a la Gita, y de la Gita pasan a la India y a la búsqueda de su espiritualidad. Esa influencia se mantuvo en los Beatles hasta su disolución. Pero antes de eso, se la pasaron a otros muchos grupos anglosajones y jóvenes en todo el mundo.

De alguna manera, el círculo se había cerrado. En algún lado, la mariposa había batido sus alas, y esas alas habían movido mentes y conciencias. Como dice la Gita, la biblia de Gandhi:

“El hombre que en su actuación encuentra el silencio, y que ve que el silencio es actuación, ese hombre en verdad ve la luz, y en todas sus obras encuentra la paz.”

Ahora la Gita ha salido en una humilde pero magnífica edición de la editorial “debolsillo”. La traducción del inglés del texto de Mascaró está hecha por José Manuel Abeleira. Aunque un traductor siempre desaconsejaría una traducción que no venga directamente del original, en este caso hay bula. La traducción de Mascaró del sánscrito al inglés es tan sólidamente bella y tan armónica que sus mimbres no pierden presencia gracias al buen trabajo de Abeleira. Así debe ser. Que la Gita siga moviendo sus sutiles alas de mariposa.
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