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España y Grecia

sábado 18 de junio de 2011, 11:18h
Cada vez que se publican datos macroeconómicos, los mercados se resienten. No es para menos. La vacuidad de brotes verdes y demás cortinas de humo vendidas desde Moncloa contrasta abiertamente con unas cifras que siguen siendo muy inquietantes. Que en un año la deuda de las comunidades autónomas haya subido un 26 por ciento es algo tan inadmisible como pernicioso para la salud del sistema financiero español. Si tomamos en consideración lo que deben todas las administraciones públicas, veremos que esa cantidad supone el 67 por ciento del PIB.


La terquedad de los datos eclipsa brotes verdes, indicios de mejora y demás sofismas manejados desde Moncloa. Lo peor es que, en esta tesitura, el efecto contagio de Grecia es cada vez más palmario. Un país, Grecia, que si le mira con detenimiento, puede verse una trayectoria más que preocupante a efectos de comparación con España. Allí se empezó negando la crisis, luego se minimizó, a posteriori se maquillaron las cifras para no abordar recortes de gasto público insoslayables y, tras todo esto, rescate y quiebra técnica. ¿Paralelismos? Más de los deseables.


La pujanza económica de España es mayor, e inversamente proporcional a la aptitud de su actual Ejecutivo: un ejecutivo responsable, en gran medida, del aumento de la prima de riesgo, con el enorme coste que eso supone para la economía española. Hay que decir, además, que el aumento de dicha prima de riesgo pone en evidencia la debilidad de la deuda soberana y, con ello, hace peligrar la viabilidad del tejido productivo y, por ende, del estado en su conjunto. En palabras llanas -y como le ocurriría a cualquier familia o empresa- España S.A. no puede financiarse a estos tipos de interés inabordables. O el señor Zapatero afronta de una vez las reformas que el país necesita, o la senda hacia el desastre no tendrá vuelta atrás.
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