Mágica invocación a la recuperación
lunes 20 de junio de 2011, 07:41h
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo un guiño a la prensa, diciendo que su intención era adelantar… la recuperación, jugando con la curiosidad de la prensa por saber si lo que quiere adelantar son las elecciones generales. Más allá del amago a los periodistas, lo que llama la atención es que Zapatero, después de muchas tardes de lecciones de economía impartidas por los primeros responsables y por el propio funcionamiento de los mercados, sigue haciendo una apelación mágica en materia económica. Primero, se negó a mencionar la crisis como si de un exorcismo se tratara. Luego, ha invocado la recuperación y lleva haciéndolo desde 2008, como un chamán haciendo la danza de la lluvia. Zapatero no tiene en cuenta que la economía está sometida a una compleja cadena de causas y efectos, y no lo tiene en consideración porque los desconoce dolosa y minuciosamente.
La recuperación, en España, depende de que acelere una reforma financiera que avanza con menor velocidad de la debida. Depende de que imponga una reforma laboral que liberalice de verdad el mercado de trabajo; una, y no dos o tres para quedarse a medias. Depende de que reconozca de una vez la realidad como es, se lo explique sin ambages a los españoles y les prepare para una sana política de reformas y sacrificios, que sí adelantarían la recuperación.
El problema es que el señor Zapatero parece incapaz de explicarse a sí mismo lo que ocurre. Y parece haber cedido los trastos al vicepresidente Rubalcaba, Ministro de Interior. El problema es que además ya es el candidato oficial de los socialistas para las próximas elecciones. Por eso se permiten actitudes que no sólo son más violentas de lo que parecen sino que contribuyen a la inseguridad jurídica y, con ella, también a la económica. El ministerio del Interior empezó ignorando una resolución de la Junta Electoral Central, refrendada por el Supremo. Renunciar a imponer el cumplimiento de la ley, dará un respiro al candidato Rubalcaba pero es letal para la responsabilidad de un ministro de Interior. Y no da igual. Es devastador para el sistema porque la impunidad es imitativa y corrosiva. A la ocupación de plazas y calles, siguen la tolerancia de aquellos que impiden se efectúen los desahucios, detenidos por la presencia de varios activistas. El efecto inmediato es liberador para quien vive la angustia de verse privado de la casa que no ha podido pagar. Pero si se generaliza, a largo plazo llevará a los bancos a pensarse todavía más si conceden un crédito a alguien que lo necesita. O a los propietarios a alquilar casas y locales. Pero todo ello no cabe en la economía chamánica del señor Zapatero.