La negociación colectiva del nacionalismo
jueves 23 de junio de 2011, 01:53h
Finalmente, el Gobierno se salía ayer con la suya y lograba en el último instante convalidar la reforma de la negociación colectiva. En principio, debería ser una buena noticia pero, en realidad, aunque parece moverse en la buena dirección, ha sido un parche más que no va a resolver los problemas de un mercado laboral rígido e inoperante, y que carece de la “valentía” pedida por el FMI a la hora de abordar su modificación. Pero tampoco resuelve otro problema no menos grave, cual es el permanente chantaje en el que se han instalado las formaciones nacionalistas. En el caso concreto del PNV se da la circunstancia, además, de que son oposición tanto a nivel autonómico como estatal, cuando la realidad parece dar una visión bien diferente.
Hasta el propio Josu Erkoreka habla ya de “logros históricos del nacionalismo vasco”, con toda la razón. El pacto PSE-PP en Euskadi ha supuesto durante estos dos últimos años que en aquella comunidad autónoma se viviese un clima de normalidad democrática impensable hasta entonces. Los réditos fueron importantes, pero no lo bastante para un José Luis Rodríguez Zapatero que hacía ya tiempo se había decantado por ir de la mano de nacionalistas más o menos radicales en detrimento del PP, su socio constituyente natural en asuntos de estado. La catástrofe de esta política para la gran mayoría pero, sobre todo, para su propio partido, ha quedado certificada en las últimas elecciones.
La reforma de la negociación colectiva de ayer es otra muesca más en el haber del PNV, que ya paladea su vuelta a Ajuria Enea en las próximas elecciones autonómicas. Si eso sucede -y todo parece indicar que así será-, el principal responsable será el señor Zapatero y su obsesión en no llegar a acuerdo alguno con el PP, y sí con los nacionalistas. Unos nacionalistas que, como bien dice Erkoreka, han obtenido del Gobierno cuanto han pedido, puenteando de forma vergonzante a Pachi López. En suma, un parche a precio de usura.