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cosas veredes

El saldo de Zapatero

miércoles 29 de junio de 2011, 11:12h
Con la credibilidad por los suelos y la fecha de caducidad marcada a fuego en las mentes de unos y otros, Zapatero ha decidido mercadear sin escrúpulos para conseguir sacar adelante sus reformas. Mejor ser recordado por haber negociado hasta aceptar la usura que haber fracasado en el intento de buscar apoyos para sus propuestas.

Y van dos en menos de una semana… Josu Erkoreka, portavoz parlamentario del PNV, admitía el pasado miércoles su asombro tras negociar la abstención de su partido en la votación sobre la convalidación del decreto de reforma de las pensiones. “En mi trayectoria no he conocido un caso semejante”, decía sonriente ante las cámaras. Y claro que estaba contento, porque ni en sus mejores sueños imaginaba que podría sacarle al presidente del Gobierno un acuerdo tan provechoso tras lograr que el Ejecutivo se comprometiera a modificar el decreto ley para que, en caso de conflicto, prevalezca el convenio colectivo autonómico sobre el estatal.

Pero los chanchullos no acaban ahí y este lunes le ha tocado el turno a CiU. ¿Qué han conseguido los catalanes a cambio de apoyar retrasar la edad de jubilación hasta los 67? Nada más y nada menos que la propiedad de la red de hospitales del Estado en Cataluña.

Mal está que a la vista de todos y sin el menor atisbo de pudor se lleve a cabo con semejante descaro y de forma periódica la compra-venta de votos. Pero voy más allá. Puestos a no ocultarlo, qué menos que hacerlo bien, a lo grande y regateando hasta conseguir el mejor acuerdo posible como si de un mercadillo marroquí se tratara. “¡Hospitales!”, dirían los catalanes, y Zapatero: “no, hombre, no, como mucho gasas, algún supositorio y un extra de laxantes, que no se os ve muy buena cara últimamente”. Y así, el tira y afloja se habría alargado acercando posturas.

O no, porque lo cierto es que Zapatero es un cadáver político cuyo hedor empaña cualquier intento por parte del Gobierno de negociar desde una posición de poder. Pero él se empeña en seguir ahí, en no adelantar las generales y en sacar adelante al precio que sea (que, por cierto, pagaremos todos y cada uno de los ciudadanos) unas medidas que tampoco van a ninguna parte porque le ha faltado valor o inteligencia para plantear las que de verdad necesitamos.

Y mientras continúa el implacable descuartizamiento de esta España a la que cada día le cuesta más reconocerse delante del espejo, el presidente prepara ya su próximo golpe de efecto. Este martes, en el que será su último Debate sobre el Estado de la Nación, no se espera que haga ningún anuncio importante. ¿Para qué? Pensará… Pues para tranquilizar a la ciudadanía y a los mercados y a las empresas e, incluso, a los propios políticos. Aunque puestos a mercadear, quién sabe, igual un día de estos amanece con un cartelito colgado del ojal que rece: “Liquidación final de presidente del Gobierno. ¡Oferta única!”. Y debajo, y en letra un poco más pequeña (por vergüenza torera), una tímida línea de texto más en la que se lea… “Pagamos nosotros”.
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