El Congreso no es lugar de despedidas
jueves 30 de junio de 2011, 02:26h
El Debate sobre el estado de la Nación concluía ayer de un modo tan atípico como inapropiado. José Luis Rodríguez Zapatero utilizaba la tribuna de oradores para despedirse del grupo parlamentario socialista y, de paso, hacer un nuevo panegírico de sus últimos siete años al frente del Gobierno. Esto último podría ser admisible, por cuanto el Congreso es el lugar apropiado para hablar de la labor del Ejecutivo. No lo es, en cambio, para despedirse de compañeros de partido, y aún menos con los problemas tan acuciantes que tiene actualmente España. Hay locales ad hoc para que se reúnan los grupos; está la sede de Ferraz y otros muchos sitios más aptos. Puestos a despedirse –tiene razón la representante de la minoría Canaria- uno se va. Y la forma que tiene un ejecutivo de irse en el Congreso –que es la representación de toda la ciudadanía- consiste en disolverlo convocando elecciones.
Lo sucedido ayer es fiel reflejo del deterioro que, de un tiempo a esta parte, vive la actividad parlamentaria. Da, también, un punto de razón a aquellos “indignados” que dicen no sentirse representados por una clase política que parece ignorar sus problemas reales. Ni reformas, ni fórmulas para salir de la crisis ni soluciones al desempleo; nada de esto se vio ayer en el Parlamento. Lo peor no es sólo eso, sino la sensación de desgobierno que se transmite hacia el exterior. Luego habrá quien se pregunte porqué los mercados no se fían de España y el diferencial de la deuda se comporta de forma cada vez más errática.