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Afición a prohibir…y a fastidiar

jueves 30 de junio de 2011, 14:51h
He de aclarar que dejé de fumar hace seis meses por propia decisión y no porque ninguna ley me lo impusiera. No soy fundamentalista ni delator de infractores sino tolerante y respetuoso con los fumadores como con cualesquiera de las personas. Abomino de los cruzados que persiguen a los que no se someten a las reglas de la corrección política. Me asquean los serviles que inclinan la cerviz sumisamente ante el poder que determina a su arbitrio lo que nos conviene o no.

Los hacedores de la prohibición de fumar en cualquier espacio cerrado (y incluso en lugares adyacentes) completaron su ley con la imposición a las campañas tabaqueras de la obligación de imprimir en cajas y cajetillas de labores de tabaco leyendas conminatorias de los males inherentes al vicio y, sobre todo, fotografías horrendas de los efectos devastadores sobre diferentes órganos del cuerpo humano.

Se puede imponer la moda, aunque el legislador no trata a todos por igual ya que sólo considera como delincuentes a los fumadores. Pero puede hacer crecer la lista. Por ello nos cabe hacer algunas sugerencias que podrían traducirse en enmiendas a cuales quiere de las decenas de proyectos con los que nos pretenden purificar y salvar.

Así, se propone que en la puerta de todas las hamburgueserías made in USA se coloquen grandes paneles luminosos con fotografías de obesos desnudos, en distintas posturas mostrando sus tripones deformes y sus rollizas extremidades, zampándose a pares whopers de varios pisos, con churretes deslizándose por las comisuras de los labios.

En las entradas de los servicios de urgencia de la red hospitalaria se podrían situar grandes carteles compuestos de fotografías de ataúdes, tanatorios, crisantemos, dalias, mortajas y cementerios, advirtiendo del riesgo de salir por una puerta diferente aquélla por la que se entró.

En las gasolineras se impondría a los automovilistas la siguiente prescripción:. para que se pueda retirar la manguera del surtidor, el usuario deberá previamente, y con los ojos bien abiertos, ver un cortometraje de noventa y seis segundos en el que se incluirían no menos de tres accidentes mortales por exceso de velocidad, adelantamiento indebido y conducción bajo el efecto de bebidas alcohólicas.

Las botellas que contengan este tipo de bebidas perversas y abominables serán recubiertas de una cartulina en negro furioso incluyendo el aviso de que los consumidores se convertirán en parias sociales y habrán de andar por la calle con una cruz anaranjada pintada en la frente (que se hará intermitentemente y emitirá sonidos chirriantes al entrar esos sujetos en lo que hasta hace poco llamaban bares).

En los viajes en avión las enseñanzas de manejo del chaleco salvavidas serán sustituidas por fotogramas de escenas de pánico e histeria de los pasajeros con sonido ambiente de gritos decibélicos.

Las grandes avenidas en las que se sitúan las tiendas de lujo y los contutouriers serán presididas por inmensos carteles de harapientos y pobres de solemnidad con las manos en los bolsillos abiertos a derecha e izquierda y tan vacíos como sus estómagos.

En las pantallas táctiles de los cajeros de los bancos se situarán imágenes de ladrones, atracadores y carteristas en acción.

Las pastelerías serán con toda probabilidad prohibidas.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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