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¿Los últimos “dos debates” del estado de la Nación?

viernes 01 de julio de 2011, 13:09h
Creo que el presidente Zapatero, y el líder de la oposición Rajoy, han ganado los dos el debate. ¿Cómo es esto posible? La verdad en este caso no parece lógica. Sin embargo, la lógica formal no da cuenta de todos los fenómenos de la realidad. No sé si se trata de la razón dialéctica de Hegel, o efecto de la manera de pensar de esta época virtual o digital, pero lo cierto es que ambos políticos han ganado el debate: consiguieron los objetivos que se habían propuesto.

Rajoy “conservó” su electorado al utilizar la irritación existente contra el Gobierno, y lo hizo -tal y cómo le recomendaron sus asesores de marketing electoral (¿Pedro Arriola?)-, sin concretar ninguna política, una vez más, en su exposición parlamentaria.

El presidente Zapatero neutralizó el ataque de Rajoy de dos maneras. Demostró que las cifras en las que se apoyaba el discurso de éste no eran reales, y en segundo lugar, aprovechó eficazmente la falta de propuestas del líder conservador para advertir que, detrás de sus críticas, no se encontraban otras ideas que las que llevaron a España al desastre inmobiliario, al estallido de la burbuja constructiva.

Es posible que Zapatero haya ganado otra vez el Debate del Estado de la Nación. En las condiciones políticas actuales es todo un éxito. Además, su discurso sobre las responsabilidades de la crisis económica le dará argumentos a su Partido, y a Alfredo Pérez Rubalcaba, el próximo candidato socialista a la Moncloa. (Yo me pregunto por qué no se denunció antes esa anomalía económica. Hace más de ocho años, los senadores socialistas interpelamos reiteradamente al ministro Rato sobre las desorbitadas cifras de viviendas construidas en España. Criticábamos una política especulativa, disfrazada de liberalización, y que desvió el ahorro de los españoles a la compra de viviendas. Con el efecto de que los ahorros de los particulares no encontraban, por ejemplo, en la industria, ni de lejos, los alicientes que ofrecían las inversiones inmobiliarias.)

Tal vez porque nunca hubo una crítica del modelo urbanístico que el Gobierno socialista recibía de su antecesor, Rajoy ha podido mantenerse en su actitud de criticarlo todo, sin necesidad de explicar cuál será su política económica alternativa. Es más, su táctica ha consistido, incluso en este último debate de la legislatura, en pedir reformas al Gobierno, para después, negarse a votar favorablemente a las que presentaba el Gobierno en las Cámaras.

Las dos actitudes políticas, la del Gobierno y la de oposición, resumen toda una época: debate puramente electoral, de alcance sólo interno o doméstico, sin apenas conexión con los condicionamientos de la Unión Europea (con el euro los préstamos eran increíbles: intereses europeos, cuando la inflación era española), que funcionó mientras el crecimiento económico seguía inflando la burbuja constructiva. En esto nos parecemos a la política que los partidos parlamentarios han hecho en Grecia.

El movimiento del 15-M proyecta el malestar de una sociedad que se queja airadamente de los discursos políticos que ha recibido en estos últimos doce años. Como ha resultado ser irreal a fuerza de simplismos, sus propuestas, por ser parecidas en su elementalidad, expresan muy bien algo que también es muy simple: la cólera de una sociedad que ha perdido confianza en sus dirigentes políticos. Ahora afecta más a Zapatero porque es Gobierno. Pero a quién le suceda, los ciudadanos cargarán igualmente sobre él su irritación.

Sin embargo, la sociedad, escarmentada, ya no aceptará las soluciones simplistas de estos años atrás. España, uno de los países más identificados con el euro y con la Unión Europea, aunque vea con comprensión a “los indignados”, no les va seguir en la mayoría de sus propuestas.
De todos modos, el 15-M sintoniza con el futuro con dos ideas fuerza que se reiteran en sus concentraciones y acampadas.

La primera, apelan a la unidad del pueblo español, algo que ha suscitado el rechazo de los partidos nacionalistas (¡Veremos si los indignados también se manifiestan ante los gobernantes de Bildu!).

La segunda, su crítica a los partidos políticos por “sus cálculos electorales” y “su marketing político”, según definieron en su “Debate del pueblo”, celebrado en la Puerta del Sol, coincidiendo en el tiempo con el del Congreso de los Diputados. Esa segunda idea se ilustraba con otra, repetida en sus demás asambleas locales: “los políticos sólo saben insultarse entre ellos”. Aunque sea exagerado, ese juicio ha producido su primer efecto: en el debate se escucharon palabras educadas y humanas cuando los intervinientes le desearon al presidente Zapatero buena suerte en su próxima vida personal y familiar.
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