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reclamación de los tuareg

La guerra secreta de Francia por controlar el uranio del Níger

martes 01 de abril de 2008, 22:54h
Los tuaregs de Niger han atacado las minas de uranio explotadas por el consorcio francés Areva y los convoyes de mineral. El jefe histórico de esta revuelta, Guisa Ag Bula, ha afirmado que es la única manera de hacerse escuchar por Francia y Europa.

¿Qué pretenden los tuaregs? Que el Gobierno de Níger invierta el 50% de los beneficios que obtiene por la venta del mineral de uranio en programas de desarrollo para este pueblo que habita la zona norte, la más mísera de un país ya de por sí calificado por la ONU como uno de los más pobres del planeta, con una esperanza de vida de 44 años y donde sólo un 14% de los adultos saben leer y escribir.

Francia no quiere intrusos
Mientras él régimen del presidente Mamadu Tandja acusa a los servicios secretos franceses de financiar y armar a los tuaregs rebeldes con la intención de debilitarle, uno de estos grupos, el Movimiento de Nigerinos por la Justicia (MNJ) dirigido por Ag Ali Alambo, ha lanzado ataques esporádicos desde febrero de 2007 contra los yacimientos mineros de Areva. "No se puede explotar el uranio sin contar con nosotros", afirman los líderes del movimiento que trata de detener la producción y paralizar los convoyes que transportan el mineral por carretera hasta el puerto beninés de Cotonu, en el Golfo de Guinea, para ser cargados en barcos".




En medio de la pugna, Areva obtuvo a mediados de enero un nuevo acuerdo con el Gobierno nigerino para explotar los ricos yacimientos de Imourharen, en los que Francia prevé invertir mil millones de euros y de los que extraerá cerca de 5.000 toneladas de uranio anuales.

Areva explota las minas de Cominak y de la Somaïr desde 1969, con una producción anual de 3.500 toneladas del mineral de uranio. París considera que estas "reservas estratégicas" son imprescindibles para su industria nuclear civil y militar.

Según las autoridades de Niamey las intrigas francesas se remontan a 2006, cuando anunció su intención de diversificar los socios extranjeros para poner fin al monopolio de Areva sobre el uranio en la región. China, Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, se muestran muy interesados en obtener concesiones de explotación minera en Níger.

Éste país es el cuarto productor mundial de uranio, con un 8% del total (unas dos mil toneladas), bastante por detrás de Canadá (25%), de Australia (19%) y de Kazakstán (13%), y por delante de Rusia y de Namibia. La cantera de la Somaïr, a cielo abierto, y la de Cominak, la mayor mina subterránea del mundo de este tipo excavada a 250 metros de profundidad, son sus dos principales explotaciones, ambas
en manos francesas.

El Dorado en el desierto
El mineral de uranio se encuentra en el norte de Níger, en toda la región fronteriza con Argelia. La ciudad minera Arlit, a 200 kilómetros de la frontera argelina, es el centro neurálgico de las explotaciones, un verdadero espejismo levantado en pleno desierto. Allí donde hace años solo pastaban los camellos, ahora se encuentra una urbe de 80.000 habitantes. Todos viven, directa o indirectamente de las minas de uranio.

En corazón de esta ciudad artificial, apartados de los miles de trabajadores, comerciantes, cargadores, artesanos, peones y prostitutas, llegados de todo Níger y de los países limítrofes en busca de El Dorado, viven 250 técnicos e ingenieros franceses. Su barrio, "el pequeño París", está protegido con fuertes medidas de seguridad. En sus tiendas se encuentra todo tipo de artículos llegados en avión desde Francia. Dispone del mejor hospital de Niger, de restaurantes, y de piscinas cubiertas climatizadas.

Los habitantes de este árido territorio son tribus tuaregs. Las explotaciones mineras han desestabilizado su ancestral modo de vida trashumante, de la que ha recibido pocos o ningún beneficio. Esta fue la causa de la primera rebelión de los años 90. Los acuerdos de paz que se sucedieron preveían que 350 tuaregs fuesen reclutados para el trabajo en las minas. Promesa que no se cumplió debido a la caída de precios del uranio.

El gobierno de Níger endureció su actitud hacia Areva, y en cada negociación para renovar los contratos, aumentaba sus exigencias. En la última, el 3 de agosto de 2007, el régimen de Mamadu Tandja consiguió aumentar el precio del uranio extraído de sus minas, de 41,6 euros el kilo, a 61 euros, es decir un 50%, lo que le permitió añadir 40 millones de euros anuales a sus menguadas arcas.

Francia necesita el uranio de Níger, esencial para sus centrales nucleares y armamento atómico. En territorio galo existen 170 antiguas minas de uranio, que han dado a lo largo de su historia 72.800 toneladas de mineral. Mientras que de los yacimientos de Arlit, Areva ha sacado 80.000 toneladas. Las minas francesas fueron cerradas definitivamente en 2001.
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