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TRIBUNA

¿Tipo de cambio o comercio administrado?

domingo 10 de julio de 2011, 11:25h
Los países tienen dos instrumentos para encauzar su comercio exterior: el tipo de cambio de las divisas o las regulaciones administrativas de los flujos de exportación e importación. Por ejemplo, durante la recesiva década del treinta la mayoría del comercio internacional estaba sujeto a regulaciones administrativas de carácter cuantitativo y también regían distintos precios para el uso de las mismas divisas. El panorama actual es distinto, ya que prevalece la importancia del tipo de cambio único, ocupando las regulaciones un papel acotado.

El tipo de cambio es hoy la llave del nivel y la composición del comercio internacional, claro que también juegan un papel las regulaciones pero el mismo es complementario del rol del precio de las divisas. El caso es que ahora avanzan en Argentina la importancia de las normas burocráticas, por la pérdida de competitividad de muchos sectores productivos; un observador superficial se podría asombrar de este fenómeno de la pérdida de competitividad, si es que se guía simplemente por la evolución reciente de las divisas mundiales frente al dólar.

Es así como en los últimos 30 meses el real se revaluó un 35 por ciento frente al dólar, y sigue la larga lista: el yen japonés 14, el yuan chino 5, el euro 12, la libra 9, el franco suizo 30, la corona sueca 24, el peso chileno 31, el mexicano 13, el colombiano 23, mientras que por el contrario, el peso argentino se devaluó nada menos que un 20 por ciento. Estas diferencias impulsan a creer que nuestro sector productivo enfrenta hoy condiciones inmejorables en la arena internacional, ya que somos, conjuntamente con Venezuela los únicos países de la región que hemos depreciado nuestro tipo de cambio l con respecto al dólar, divisa que a su vez como vemos se ha desvalorizado en todos los mercados financieros del planeta. Pero esto no está ocurriendo y por eso se observa un crecimiento del comercio administrado en las importaciones, que tiende a ensanchar las áreas de disputas con otras naciones. Estamos en presencia del deterioro estructural del superávit comercial externo, y esto ocurre por dos razones: en primer lugar se evaporaron ya 20 años de saldos comerciales positivos en energía, que hasta hace poco llegaron a representar la mitad del superávit comercial; estamos cubriendo ahora con crecientes importaciones la caída en la producción de hidrocarburos (primera vez que en los últimos 80 años cae mes a mes la producción de gas y petróleo). El otro factor negativo para el superávit comercial es la pérdida de competitividad de nuestra producción, debido al alza de los costos internos en dólares. Los sindicatos no creen las cifras oficiales y por eso negocian salarios sobre la base de la inflación real; mes a mes la industria manufacturera argentina observa como le es más difícil exportar y crece la amenaza de importaciones, incluso de países que incluso han revaluado sus monedas pero que no tienen nuestra inflación. Como los costos de producción en dólares suben sin cesar se está así agravando la pérdida de competitividad de la industria local.

Esto explica, y para muchos sectores productivos también justifica, la implementación de medidas administrativas que traben las importaciones. Como el ministro Boudou no está en condiciones de definir una política cambiaria que refleje otra política fiscal y monetaria más sensata, se aferra con mucha ingenuidad a seguir utilizando el Instituto Nacional de Estadísticas como organismo oficial que difunde mes a mes estadísticas falsas sobre la inflación.

El ministro podrá insistir en ignorar la gravedad de la inflación, pero pronto tendrá que aceptar que “La única verdad es la realidad”, esperemos que no siga perdiendo el tiempo como hasta ahora.
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