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Multitudes, chapuzas y Hessel

domingo 10 de julio de 2011, 23:06h
Las multitudes quieren más poder y la autoridad recula, deja espacio. La web ha creado una dinámica relacional que ha resucitado las masas del asalto al Palacio de Invierno. Los psicopedagogos afirman que el refuerzo negativo se extingue enseguida, dicen que no vale la pena. Los castigos se han prohibido y la desregulación campa a sus anchas.

Lugares antaño exquisitos como el Club de Campo o Puerta de Hierro en Madrid están siendo roídos por la chapuza y el hedonismo más descarado. Las nuevas generaciones de “webactores” han transformado los periódicos, ya no son destinos sino breves lugares de paso del internauta.

En este verano del 2011 el consumo de televisión sigue aumentando, dimite Oliart y Tele 5 encabeza el ranking con Supervivientes. La crisis económica y el calor evidencian con dolor la chapuza cotidiana. La mala educación de las multitudes se hace muy dura.

Así estamos, malhumorados, sin dinero, pendientes de Rubalcaba y con el ojo puesto en las tribus del 15-M y ese aroma a los anarquistas de la CNT que desprenden algunas de sus taifas. Y, como digo, en esas estamos cuando tras el gran éxito de ¡Indignaos!, Hessel (Destino, 2011) sube un escalón en su búsqueda de cambios sociales y da a la imprenta un texto, ¡Comprometeos! (Destino,2011), producido a partir de una entrevista mantenida con Gilles Vanderpooten, escritor y activista social nacido en Toulouse en 1985.

La edición española viene precedida de una carta de los autores a los “queridos amigos de los pueblos de España”. En las cuatro páginas de texto se mezclan los halagos a la exitosa Transición española con la admiración a la diversidad de sus culturas. Dada la brevedad de la introducción, el lector se queda sin saber si ambos autores conocen que un grupo de vascos terroristas (ETA) ha asesinado a cerca de mil personas en la España democrática. Secuestros, extorsiones y palizas aparte.

Lo que sí se pide a los españoles es que se pongan las pilas y actúen en tres grandes frentes: ecología, democracia y justicia social. Al hilo de estas peticiones los autores relacionan, como en el pasado mayo hizo la revista Time, a España con el sur del Mediterráneo. Los anglos tan cariñosos como siempre.

Tras este primer exhorto dedicado al público español, los editores han colocado una biografía de Hessel. De manera abreviada viene a decir lo mismo que en ¡Indignaos!. El tono panegírico es también el mismo.

Solventadas estas primeras páginas, los autores desgranan en nueve pequeños apartados su catecismo de salvación mundial. Para cerrar y justificar el precio se añade como apéndice la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dicho texto, como es bien sabido, se puede encontrar con toda facilidad en la web.

Al entrar en el diálogo que conforma ¡Comprometeos!, el lector advierte el desequilibrio entre un berlinés de 1917 cargado de vida y un chico francés de provincias cuyo gran mérito es ser cofundador de Indibio, Instituto por la Diversidad Biológica. Como leemos en la solapa del libro: “Ha publicado Le Tour de France du développement durable, y participa activamente en redes y proyectos que agrupan a los jóvenes en torno a la ecología y el desarrollo sostenible”. Así las cosas, la comunicación es desde arriba hacia abajo y, claro, eso descompensa constantemente el texto. Lo suyo habría sido que la conversación que conforma este volumen se hubiera entablado con un igual, como por ejemplo con su admirado Edgar Morin.

La principal preocupación de Hessel en este volumen son las pautas de desarrollo de los países industrializados y en vías de desarrollo. En su opinión es urgente e indispensable romper la lógica “productivista” basada en el “cada vez más”. La ecología vista y pensada por los Daniel Cohn-Bendit, Eva Joly o Nicolas Hulot (Europa Ecología) es la versión más próxima a Hessel.

Hessel ve amenazado el mundo por un desarrollo desbocado a causa de las desregulaciones, en todos los órdenes, derivadas del gran auge del neoliberalismo financiero. Sin embargo, confía en la capacidad de los organismos internacionales para poner orden y salvar el mundo. En su opinión es urgente la creación de un Consejo de Seguridad Económica y Social, que agruparía a los veinte o treinta estados más potentes por su multiculturalismo y por su autoridad moral para actuar y regular las “instancias económicas, comerciales, de trabajo, de la salud… De ese modo el sistema de las Naciones Unidas tendría una cabeza”.

Con poco más llegamos al final de un libro destinado a mover a los jóvenes de los países desarrollados a dejar su apatía y a encaminarse en dirección a un mundo mejor y más justo. Un mundo cuajado de las resonancias de ese socialismo ecológico que tanto gusta a Hessel.

En el éxito de todo libro cuenta la figura del autor, y en este caso todavía más porque Hessel ha tenido la fortuna, como reconoce en ¡Comprometeos!, de tener una vida apasionante, reflejada, en parte, en su autobiografía, Danse avec le siècle, editada por Seuil en 1997. Nacido en Berlín en 1917 en el seno de una familia de origen judío polaco integrada en la gran burguesía alemana, Hessel emigra en 1925 a París con su familia y en 1937 toma la nacionalidad francesa.

Ensayista, diplomático y poeta, Hessel ha tenido el gran acierto de cristalizar en sus dos últimos libros la exasperación de muchos franceses –y de tantos otros- ante una situación política degradada y un sistema financiero injusto y egoísta.

Hessel advierte al lector del excesivo papel del dinero en la sociedad actual. Combatido en su día el poder del dinero por la Resistencia, recuerda, hoy se ha vuelto insolente, excesivo y egoísta. “Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general”.

En Indignaos el lector se tropieza con un prólogo de José Luis Sampedro metido con calzador para alargar un volumen que, aunque pensado inicialmente para el lector francés, incita a no dejarse llevar por la indiferencia ante una realidad política y económica que en todo el mundo se vuelve cada vez más agresiva e injusta.

Dos ‘libritos’ sin citas ni apoyo bibliográfico, escrito al tirón, dos panfletos, dos textos oportunistas, dos gritos que reclaman justicia desde la concesión a lo breve teñidos, por qué no decirlo, de apaño chapucero. En todo caso, dos libros cuya lectura nos ayuda a entender mejor la realidad social de un siglo XXI que deriva ahora mismo en multitud y chapuza. Ni el diplomático Hessel nos salva la fe.
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