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Yo, Dalí, él, Jaime Salom, entre genios anda el juego

lunes 11 de julio de 2011, 21:59h
Se estrenó en el “Teatro de la Zarzuela” de Madrid una pretendida ópera de la que taurinamente hablando se podría decir que dos Verónicas son capaces de salvar una mala corrida. O con una pregunta: Se estrenó ¿por qué?

Comienzo con el toreo grande del que erróneamente titulan en el programa “libretista”. Su nombre figura entre los más grandes y universales autores contemporáneos. Su teatro esta a niveles como los alcanzados por un Artur Miller, Jacinto Benavente, Buero Vallejo, y tantos, infelizmente no demasiados dramaturgos contemporáneos. A este Dalí en el que Salóm alcanza momentos estelares dignos del genio de Figueras solamente le sobran varias cosas.

En primer lugar una música, llamarle así es un eufemismo, insoportable, inaceptable, pretenciosa y en definitiva impura “morralla”. Me decía un ilustre compositor que si en un musical, llámese Opera, opereta Zarzuela, revista, el espectador no sale cantiñando por lo menos una de las canciones, el espectáculo a fracasado.

Las mejores operas trascienden por su clímax y coplas que repite los espectadores. El señor Benguerel, que al parecer se hizo no se que en Chile olvidó completamente la tradición musical de uno de los países mas prósperos de Hispanoamérica nos conformaríamos con citar una gran obra mal llamada menor: “La pérgola de las flores”. Su música -¿Por qué llamarle así solo son torsiones y distorsiones?-quita la razón a Napoleón de decía que “la música es el menos modesto de los ruidos”. En este caso es el más molesto de los mujidos. Dalí bailaba sardanas no rigodones. Ni Dalí ni Salom se merecían esto.

Dalí era la más grande expresión del rock. Era un rockero puro y representaba la luz y el genio mediterráneo. Cadaqués es un espléndido escenario de luz y de colores. El sódido montaje y la equivocada escenografía servirían mas a los bajos fondos y a la ambientación de “los miserables”, el llamado director de escena Xiavier Alberti no tiene ni zorra idea de lo que es una representación teatral. Dispone de coros y corifeos grandes en número de participantes. En vez de lucirse también los oscurece. Ignora lo que es dirigir un espectáculo de masas. Más bien es un transportista de mesas, a él, al músico, al escenógrafo (Quin Roy) y a María Araujo, autora del caprichosa vestuario, al iluminador y al coreógrafo los enviaría a una escuela de teatro.

Quiero destacar a un intérprete sensacional, por lo menos escénicamente, que se llama Juan Martin Royo. Representa, a partir del segundo acto a una reproducción exacta de Salvador Dalí.

Concluyo ante el texto, sublime sin interrupción, escrito por Jaime Salom. A él y a Dalí le dedico al autor unos versos de otros grandes autores, los hermanos Álvarez Quintero, que rezan:


Merecía esta serrana
que la fundiesen de nuevo
como funde las campanas
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